“Como buena mexicana sufriré el dolor tranquila”, cantaba Lucha Reyes, aquella extraordinaria intérprete que pasó del canto operístico a la música vernácula y cuya voz quedó grabada en la memoria popular. Más allá de la canción, la frase parece resumir una costumbre que ha sobrevivido demasiado tiempo: esperar que las mujeres soporten sus malestares sin protestar. Si llegan los bochornos de la menopausia, paciencia. Si el insomnio interrumpe las noches, resignación. Y si el cansancio afecta el trabajo o la vida familiar, habrá que seguir adelante. Como si sufrir en silencio fuera una virtud nacional.
Han pasado muchas décadas desde que aquella voz estremecía los escenarios mexicanos. Por fortuna, la medicina ha cambiado bastante. Lo preocupante es que algunas de nuestras costumbres parecen seguir cantando la misma canción.
Durante el seminario Mujeres 360, organizado esta semana por Bayer en Jiutepec, Morelos, conocimos una noticia relevante. En septiembre pasado, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) aprobó el elinzanetant, un nuevo tratamiento no hormonal para atender los síntomas vasomotores asociados con la menopausia. Su lanzamiento comercial en México está previsto para marzo de 2027.
Al presentar esta innovación, la doctora Ixel Lorena Ruiz Cabrera, Medical Advisor Manager de Innovative Women’s HealthCare de Bayer México, explicó que la molécula actúa sobre mecanismos neuronales del hipotálamo relacionados con la regulación de la temperatura corporal. Dicho de manera sencilla, busca controlar los bochornos y la sudoración nocturna sin recurrir a hormonas.
No es poca cosa. Durante años, las terapias hormonales han representado una alternativa importante, aunque no todas las pacientes pueden o desean utilizarlas. Contar con nuevas opciones amplía las posibilidades de tratamiento y reconoce algo elemental: cada mujer vive la menopausia de manera distinta.
Según cifras presentadas en el encuentro, alrededor de 16 millones de mexicanas se encuentran en el rango de edad en que puede presentarse esta transición. Cerca de 13 millones podrían experimentar bochornos y sudores nocturnos, mientras casi 11 millones pueden enfrentar alteraciones del sueño. Son estimaciones que ayudan a dimensionar un asunto frecuentemente relegado.
Más inquietante resulta otro dato. De acuerdo con la información expuesta por Ruiz Cabrera, 92% de los profesionales de la salud consultados reconoció no sentirse suficientemente preparado para atender a mujeres en esta etapa. Además, 42% de ellas nunca había hablado sobre el tema con un profesional sanitario.
Vaya contradicción. La ciencia desarrolla medicamentos capaces de actuar sobre mecanismos específicos del cerebro, mientras una parte importante del personal médico reconoce que necesita mayor preparación para atender a las pacientes.
Conviene recordar algo que hemos visto repetidamente en nuestro sistema sanitario: aprobar un medicamento no significa garantizar su acceso. México será el primer mercado latinoamericano para esta innovación de Bayer, pero todavía falta conocer su precio, disponibilidad y posibilidades de incorporación a las instituciones públicas.
Sería absurdo desconocer el valor de este avance. Sin embargo, el verdadero cambio no estará solamente en la llegada de una nueva molécula, sino en conseguir que las mujeres reciban información, diagnósticos y tratamientos oportunos.
El costo de seguir mirando hacia otro lado
Existe otra dimensión que merece atención. Según un estudio citado durante el seminario, 51% de las mujeres de 40 años o más, en perimenopausia o posmenopausia y con actividad remunerada, reportó afectaciones en algún ámbito laboral. No hablamos únicamente de molestias físicas, sino de productividad, ausentismo y bienestar.
Durante décadas hemos discutido cómo mejorar la participación femenina en el mercado laboral. Sin embargo, pocas veces incorporamos a esa conversación las condiciones de salud que pueden afectar su desempeño. Resulta más sencillo hablar de igualdad que reconocer las necesidades concretas de quienes sostienen buena parte de la actividad económica y familiar.
Tampoco podemos olvidar que muchas mujeres atraviesan esta etapa mientras cuidan a sus padres, acompañan a sus hijos adolescentes o enfrentan responsabilidades profesionales cada vez mayores. En ocasiones, son ellas quienes están pendientes de la salud de todos, salvo de la propia.
Bayer ha dado un paso importante con esta innovación. Corresponde ahora a las autoridades sanitarias, profesionales de la medicina y a la propia industria contribuir para que el conocimiento científico se traduzca en mejores condiciones de atención.
Porque la menopausia no es una enfermedad, ciertamente. Pero eso no significa que sus síntomas deban ignorarse.
Sala de Urgencias
- Eduardo Clark, subsecretario de Integración y Desarrollo del Sector Salud, reconoció este viernes, en entrevista con Gabriela Warkentin para W Radio, que el IMSS dejó de surtir 3 millones 801 mil piezas de medicamentos durante el último mes. De casi 79 millones prescritas, se entregaron poco más de 75 millones. El funcionario destaca un cumplimiento de 95%, pero admite que el 5% restante sigue siendo demasiado alto. Y tiene razón. Para quien sale de una farmacia sin su tratamiento, el porcentaje de cumplimiento importa bastante menos que la receta que lleva en la mano.
- El funcionario también anunció que los proveedores incumplidos quedarán fuera de las compras consolidadas de 2027-2028. La medida parece razonable, aunque habrá que conocer cómo se aplicará y si existen suficientes alternativas para garantizar el suministro. Después de tantos cambios en los mecanismos de adquisición, la verdadera prueba no estará en castigar proveedores, sino en conseguir que los medicamentos lleguen completos y a tiempo. Porque un abasto de 95% puede parecer un éxito estadístico, pero difícilmente consuela a quien pertenece al 5% que sigue esperando su medicamento. Al tiempo.