Jorge Arturo Castillo

Crecer también es un derecho

Más que sumar un medicamento al sistema de salud, la incorporación de la vosoritida abre la puerta a un tratamiento que puede cambiar el futuro de personas con acondroplasia.

Hay decisiones de política pública cuyo impacto no puede medirse solo en cifras presupuestales o acuerdos publicados en el Diario Oficial de la Federación. Algunas se reflejan en centímetros; otras, en la posibilidad de que una niña alcance por sí sola el lavabo de su escuela, que un adolescente suba unas escaleras sin dolor o que una familia deje de vivir con la incertidumbre de buscar, fuera del país y de su alcance económico, un tratamiento que cambie el rumbo de una enfermedad. La reciente incorporación de la vosoritida al Compendio Nacional de Insumos para la Salud pertenece a esa categoría de decisiones que tienen el potencial de transformar vidas sin hacer ruido.

Durante décadas, la acondroplasia fue abordada casi en exclusiva desde sus complicaciones. Las familias aprendieron a convivir con múltiples cirugías, consultas médicas permanentes y la preocupación constante por problemas ortopédicos, respiratorios y neurológicos que acompañan a esta condición genética. La medicina podía atender muchas de sus consecuencias, pero no intervenir sobre el mecanismo biológico que las originaba.

Ese paradigma comenzó a cambiar

La vosoritida es la primera terapia dirigida que actúa sobre la causa molecular de la acondroplasia. Sin embargo, reducir este avance a la aprobación de un medicamento sería quedarse en la superficie. Lo trascendente es lo que puede representar para quienes viven con esta condición desde los primeros años de vida. Iniciar el tratamiento en el momento adecuado favorece un mejor crecimiento lineal y una mayor proporcionalidad corporal, factores que pueden traducirse en menos complicaciones, menor necesidad de intervenciones quirúrgicas y una mejor calidad de vida.

En medicina, el tiempo también tiene fecha de caducidad. Como explicó la doctora Juana Inés Navarrete Martínez coordinadora del Departamento de Genética de la Facultad de Medicina de la UNAM, el diagnóstico oportuno y el inicio temprano del tratamiento son determinantes para obtener los mejores resultados clínicos. “Entre más pronto, mejor”, resumió durante la presentación de este avance en el Senado de la República.

Ese detalle cambia por completo la dimensión del anuncio

No hablamos solo de incorporar una innovación al sistema de salud; hablamos de evitar que la burocracia consuma un recurso que ninguna institución puede recuperar: el tiempo biológico de una niña o un niño.

La publicación del acuerdo en el Compendio Nacional constituye un requisito indispensable para que instituciones como el IMSS, el ISSSTE y el IMSS-Bienestar puedan iniciar los procesos de adquisición e incorporación del tratamiento. El reto comienza ahora mismo. Cada procedimiento administrativo, cada compra consolidada y cada estrategia de distribución tendrán un impacto directo en la oportunidad para que los pacientes accedan a esta terapia.

Detrás de este logro tampoco existe una historia individual

Existe una comunidad que decidió no resignarse. Madres y padres de familia, especialistas, genetistas, pediatras, organizaciones de pacientes y legisladores construyeron una agenda común alrededor de un objetivo que hace apenas unos años parecía inalcanzable. La presidenta de la Fundación De la Cabeza al Cielo, Marisela Herrera Aguirre, lo resumió durante el encuentro realizado en el Senado: “lo que antes parecía un sueño imposible hoy comienza a convertirse en una realidad para muchas familias”.

Quizá la mayor enseñanza de este episodio sea que la innovación médica encuentra su verdadero sentido cuando deja de medirse por la sofisticación de una molécula y comienza a evaluarse por su capacidad para transformar la vida cotidiana de las personas. La tecnología adquiere valor cuando permite mayor autonomía, reduce el dolor, disminuye las hospitalizaciones y ofrece mejores oportunidades para desarrollarse a plenitud.

Las personas, al centro

En un país donde las enfermedades raras suelen permanecer al margen de la conversación pública, la incorporación de la vosoritida envía un mensaje alentador: la ciencia, las instituciones y la sociedad pueden coincidir cuando el objetivo es colocar a las personas en el centro de las decisiones. El desafío será mantener ese mismo compromiso durante la siguiente etapa, la más importante de todas: garantizar que el tratamiento llegue con oportunidad a cada niña, cada niño y cada adolescente que lo necesite, sin importar el estado donde viva o la condición económica de su familia.

Porque, al final, crecer unos centímetros nunca ha sido solo una cuestión de estatura. Para cientos de familias mexicanas significa reducir barreras, ampliar horizontes y demostrar que la innovación médica puede convertirse, cuando existe voluntad para hacerla accesible, en una herramienta para construir una vida más plena, más independiente y más digna.

El Botiquín

  • En otro tema, ahora la autoridad quiere marcar límites en las redes sociales y pantallas, solo hay que recordar que si los niños habitan el mundo digital es porque la ciudad, ante la inseguridad y la falta de infraestructura recreativa, ha dejado de ser un entorno donde la infancia puede jugar, explorar y crecer sin el asedio de la realidad que nos ha superado. Mientras no recuperemos la calle y devolvamos a la niñez la seguridad necesaria para habitar su propia comunidad, el dispositivo seguirá siendo —más que una amenaza a la salud mental— la única alternativa de protección que las familias han encontrado ante un entorno que les ha cerrado todas las demás puertas.

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