Existe una tentación recurrente cuando se habla del sistema de salud: creer que los problemas más complejos pueden resolverse con respuestas sencillas. Si faltan médicos, pareciera lógico formar más. Pero la medicina no funciona bajo esa lógica. En una profesión donde cada decisión puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, la calidad nunca puede sacrificarse en nombre de la urgencia.
En el periodismo suele repetirse un viejo dicho: “Los periodistas publicamos nuestros errores; los médicos los entierran”. La frase podrá parecer exagerada, pero ilustra la enorme responsabilidad que acompaña al ejercicio de la medicina. Precisamente por eso llamó mi atención, durante una charla reciente con el doctor Enrique Graue, exrector de la UNAM y una de las voces más autorizadas de la medicina mexicana, una afirmación que merece ocupar un lugar central en el debate nacional: México, afirma, no enfrenta un déficit de médicos, sino un problema de distribución. La diferencia parece menor, pero cambia por completo la manera de entender el desafío.
Hoy, mientras las grandes ciudades concentran especialistas y hospitales de alta complejidad, numerosas comunidades siguen con una cobertura insuficiente. No se trata solo de cuántos médicos egresan cada año, sino de crear condiciones para que ejerzan donde realmente hacen falta. Infraestructura, seguridad, desarrollo profesional e incentivos forman parte de una ecuación que pocas veces ocupa el centro de la discusión.
Graue lanzó entonces una advertencia que debería convertirse en un principio innegociable para cualquier estrategia de salud pública: el mayor riesgo sería formar generaciones de médicos “hechos al vapor”. La expresión resume una preocupación legítima: ningún sistema sanitario se fortalece disminuyendo sus estándares académicos. La urgencia nunca debe confundirse con improvisación y menos en la medicina.
Sin duda, la excelencia médica no es un privilegio; es la mejor garantía para los pacientes. Formar un médico requiere años de estudio, entrenamiento clínico y contacto permanente con la realidad hospitalaria. Acortar ese proceso tendría un costo demasiado alto para una sociedad que exige atención de calidad.
La inteligencia artificial fue otro de los temas centrales de nuestra conversación. Lejos de verla como una amenaza, Graue considera que representa una herramienta extraordinaria para consultar evidencia científica, fortalecer diagnósticos y acelerar la actualización del conocimiento. El verdadero desafío consiste en impedir que la tecnología sustituya el criterio clínico o debilite la relación entre el médico y el paciente.
También reivindica una formación que vaya más allá del conocimiento técnico. Para Graue, las universidades deben preparar profesionales con pensamiento crítico, sensibilidad social y una sólida base humanista. En medicina, esa diferencia resulta determinante, porque ningún especialista puede ofrecer una atención integral si pierde la capacidad de comprender el contexto de sus pacientes.
La investigación científica completa esta visión. México cuenta con grupos de primer nivel que desarrollan avances en áreas como genética ocular, terapias innovadoras y córneas artificiales. El reto es acelerar el tránsito del laboratorio a la práctica clínica mediante una mayor colaboración entre universidades, centros de investigación, hospitales e industria farmacéutica.
Quizá esa sea la mayor enseñanza que deja Enrique Graue. El futuro de la medicina dependerá de la inteligencia artificial, de nuevas terapias y de tecnologías cada vez más sofisticadas. Pero ninguna innovación compensará la pérdida de aquello que ha sostenido históricamente a la medicina: profesionales rigurosamente preparados, éticamente comprometidos y profundamente humanos. La salud puede modernizarse, pero la excelencia nunca debería negociarse.
Sala de Urgencias
- La presidenta Claudia Sheinbaum anunció una inversión cercana a 20 mil millones de pesos para impulsar el llamado “salto tecnológico” del sistema público de salud. IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar incorporarán resonadores magnéticos, tomógrafos, equipos de alta especialidad, nuevos quirófanos y servicios de telemedicina. La modernización tecnológica es una buena noticia, pero conviene no perder de vista que ningún equipo sustituirá al recurso más valioso del sistema de salud: médicos, enfermeras y profesionales altamente capacitados. La verdadera transformación llegará cuando la innovación avance al mismo ritmo que el talento humano.