Al pensar en artistas mexicanos, es imposible no pensar en Frida Kahlo, pero no siempre fue así. Aunque Frida Kahlo siempre fue mencionada como artista, durante su vida, su esposo, Diego Rivera, fue mucho más reconocido que ella. A Diego se le conocía como uno de los máximos exponentes del muralismo mexicano y a ella muchos la veían simplemente como la esposa de Diego.
Frida no fue la única mujer que vivió a la sombra de su esposo. Muchas artistas de su época vivieron esa realidad y, aunque años después su trabajo ha sido revalorado, ellas no conocieron el reconocimiento que obtuvieron décadas más tarde. En el caso de Frida Kahlo, este reconocimiento de su obra y de su imagen ha sido masivo y global, y justo esto se expone en la Tate Gallery en Londres.
Frida: The Making of an Icon o Frida: La creación de un ícono es una exhibición que lleva al espectador por un viaje que inicia en la vida de Frida Kahlo, su arte, su estética y su personalidad, y continúa con lo que pasó años después de su muerte alrededor del mundo. Los movimientos que tomaron la estética de la artista como referencia, otros artistas que interpretaron sus obras y las hicieron propias, y movimientos enteros que la convirtieron en una de las figuras más influyentes del arte. La exposición cuenta con 33 obras de la artista y cientos más de otros artistas que la fotografiaron, la reinterpretan, se inspiraron en ella o ayudan a contar parte de la historia de lo que Frida creía y sentía.
Lo que es realmente valioso de la curaduría de esta exhibición es que tiene el poder de exponer el viaje de la artista mexicana Frida Kahlo a Frida, una figura artística reconocida en todo el mundo, ya sea por su arte, su peinado, sus cejas o todo en conjunto. El nombre Frida está cargado de significado e historia. Frida murió a los 47 años en 1954 y décadas después, personas de todo el mundo siguen cautivadas por el personaje de Frida.
Frida fue una mujer que cuestionaba las ideas nacionalistas, las estructuras patriarcales y las normas de género, entre otros temas. Creó diálogos visuales en torno a la identidad, la violencia y el cuerpo como naturaleza, con imágenes fuertes y crudas desafiando las normas culturales. Hoy, Frida es una marca global. La sala que exhibe la ‘Fridamania’ en el Tate, muestra la producción masiva de productos con su cara y su imagen. Frida murió antes de que existieran las Barbies y hoy hay una en su honor. Ver su cara en todo tipo de productos tal vez le hubiera causado furia, pero al mismo tiempo, la exposición exhibe cómo logró que el mundo pudiera sentir más a través de ella, de lo que ella representa y de lo que sigue transmitiendo a través de los años y de los distintos ojos que la admiran, en un lleno total.
La historia de Frida Kahlo parece haber empezado nuevamente después de su muerte. La mujer que durante gran parte de su vida fue conocida como la esposa de Diego Rivera terminó convirtiéndose en un nombre que ya no necesita acompañarse de otro para ser reconocido. Su rostro, su obra, su estética y su historia cruzaron las fronteras del arte para instalarse en la cultura popular y en la imaginación colectiva. La gran pregunta que deja esta exposición es si Frida se convirtió en un ícono porque el mundo descubrió finalmente a la artista o porque encontró en ella una imagen capaz de representar, a través del tiempo, el dolor, la identidad, la rebeldía y la libertad de ser quien cada quien quiere ser.