Como humanidad, hemos aceptado algunos códigos universales que nos permiten comunicarnos de manera estándar. Uno de ellos es el que otorga un código identificador a cada país con dos o tres letras, por ejemplo, MX o MEX para México.
Esta tarea se inició en 1985 por Jon Postel, considerado uno de los arquitectos del Internet moderno, desde la Autoridad de Asignación de Números de Internet (IANA). Postel inició esta convención para poder enrutar el tráfico web y los correos electrónicos. Así se asignaron las primeras extensiones en dos letras a países como Estados Unidos .us o Reino Unido .uk.
En 1995 se designaron claves para los dominios de todos los países o territorios y, para 1998, el estándar ISO, por sus siglas en inglés (International Organization for Standardization), fue adoptado globalmente con el propósito de estandarizar los envíos internacionales, los procesos de aduanas y los datos cartográficos.
Desde que Anguila recibió su dominio .ai en 1995 hasta el 2009, cuando el dominio se puso a disposición del público, el registro recibió muy pocos ingresos, pero desde el 2020 y más adelante, en 2022, con el auge de la inteligencia artificial, los registros empezaron a crecer, pasando de 2.9 millones de dólares a 32 millones de dólares solamente en el 2023.
Del 2024 al 2026 los ingresos de la isla se han disparado; los registros de páginas .ai han superado el millón y las ganancias por los registros son ya casi el 50% de los ingresos totales del gobierno de la isla.
Este no es el único país que está generando ganancias con el uso de su dominio, Tuvalu, una pequeña isla en Pacifico recibe regalías por su dominio .tv que llegan a cerca del 10% de su PIB. Esta abreviatura ha tenido altibajos, pero las plataformas de streaming la han vuelto a poner en tendencia.
Otro ejemplo es Libia (Libya en inglés), país en el norte de África a quien le fue otorgada la extensión .ly. Las empresas tecnológicas usan la terminación .ly para acortar URLs, por lo que esto le ha generado enormes ingresos al país.
Algunos otros ejemplos son Montenegro, al que se le otorgó la terminación .me, utilizada comúnmente para crear sitios de marca personal, blogs y portafolios en línea; y Colombia, por su terminación .co, que es la preferida de muchos cuando .com no está disponible.
Los gobiernos de los países no pagaron porque se les asignara su código; esto se hizo de forma acordada y cada uno está encargado de gestionar sus extensiones. La mayoría delega la gestión y muy pocos generan ganancias. En este caso podemos decir que Anguila, la isla con nombre de pez, tuvo la suerte de recibir las dos letras más codiciadas en la evolución tecnológica.
Y es que, en la nueva economía digital, el tamaño de un territorio ya no necesariamente determina el tamaño de su oportunidad. Una pequeña isla del Caribe, que durante años obtuvo pocos ingresos de su dominio nacional, encontró en dos letras —.ai— una coincidencia extraordinaria con la tecnología que está transformando al mundo. Anguila no creó la inteligencia artificial, pero supo convertir su identidad digital en un activo económico y demostrar que, en Internet, a veces dos letras pueden valer millones.