Este Mundial ha sido el torneo más grande de fútbol en la historia, y los números son impresionantes: 48 selecciones, 104 partidos, 3 países anfitriones, 6,810,966 aficionados en los estadios, más de 65,000 espectadores por juego y más de 20 mil millones de vistas de video.
Para ponerlo en contexto, en 1930 participaron 13 equipos y, de 1998 a 2022, compitieron 32 selecciones. Más países y más partidos significan una mayor audiencia y, con ello, una mayor oportunidad de generar ingresos. Mientras que la atención del mundo se concentra en una cancha durante 90 minutos, miles de millones de dólares se generan alrededor de este juego y no es sorprendente descubrir que no todos ganan de la misma manera.
Gabriela Cuevas, responsable de la coordinación del Mundial 2026 en México, informó que la derrama económica dejó al menos 50 mil millones de pesos en las tres ciudades sedes del torneo, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, ligeramente por debajo de lo que se había estimado.
Los mayores ingresos provinieron del turismo, el hospedaje, los restaurantes, el comercio, el transporte y el entretenimiento; sin embargo, la llegada de turistas fue menor a la prevista, la ocupación hotelera resultó inferior a la proyectada y una gran parte del gasto provino de los consumidores mexicanos.
En cambio, la FIFA generó ganancias récord estimadas en $7.6 mil millones de dólares, lo equivalente a más de 130 mil millones de pesos. Un estudio realizado por Deutsche Bank estima que las ganancias de la FIFA podrían llegar a los $13 mil millones de dólares en los próximos años con planes potenciales de expandir el torneo a 64 equipos, lo que podría incluir a países como China e India. Esto no debería sorprendernos, ya que la mayoría de los ingresos de la FIFA provienen de los derechos de retransmisión, las licencias, los servicios de hospitalidad, los acuerdos de patrocinio y la venta de boletos. En esa ocasión la FIFA incursionó en el mercado secundario con su plataforma de reventa, cobrando una comisión del 15% tanto al comprador como al vendedor.
Los boletos para el mundial han sido los más caros de la historia, aun cuando los estadios no estaban llenos. Los portales de ventas funcionaron con una tarifa dinámica en la que, por supuesto, los que perdieron fueron los aficionados. Oficialmente el precio de los boletos en México fue subiendo a cantidades inimaginables. Algunos aficionados aseguran que habían vendido su casa o gastado sus ahorros para poder asistir a los partidos de la selección, llegando a desembolsar sumas millonarias. Todo esto en un país donde el salario mínimo ronda los $9,500 MXN y el ingreso mensual es de aproximadamente $13,500 MXN.
El incremento de precios no solo se dio en México. En New Jersey, el costo del boleto del tren hacia el estadio subió de $12.90 a $150 dólares por un viaje redondo. El descontento de los aficionados logró una pequeña reducción en el precio, pero las tarifas se mantuvieron por encima de lo normal.
La introducción de las pausas de hidratación fue otra idea que generó un producto ideal para maximizar los ingresos. Según el mismo estudio de Deutsche Bank, “las pausas de hidratación son puro inventario publicitario”. Un espacio publicitario promedio de 30 segundos durante el Mundial en un canal como Fox, cuesta entre $200,000 y $300,000 dólares. Esta cifra llegó a alcanzar los $750,000 dólares durante los partidos de Estados Unidos y las fases finales, por lo que las pausas de hidratación llegaron para quedarse.
Al final del torneo, la copa solo puede levantarla una selección, pero los grandes triunfadores suelen encontrarse fuera de la cancha. Mientras millones de aficionados invierten tiempo, emoción y dinero para vivir la experiencia mundialista, la verdadera victoria se mide en ingresos, patrocinios, derechos de transmisión y nuevos modelos de negocio. Porque, en el Mundial moderno, el espectáculo deportivo y el negocio ya son inseparables.