In-tech-national

Siempre nos quedará París… pero no después de la celebración de PSG

800 arrestos, 219 heridos y costos millonarios: la victoria del PSG en la Champions League convirtió París en escena de Mad Max por segundo año consecutivo.

Lo que inició como un eco de celebración alrededor de las mayores ciudades en Francia cuando el París Saint-Germain anotó el cuarto penal, en pocas horas se convirtió en alboroto y disturbios masivos simulando una escena de Mad Max en la capital francesa.

Y no es la primera vez que esto sucede. La policía estaba preparada y reforzó drásticamente sus medidas de seguridad después de los disturbios de 2025. Con un contingente de 22 mil policías desplegados en todo el país, incluidos 8 mil en París, la gran mayoría trabajó horas extras.

Tras la victoria del PSG en el 2025, la policía reportó 559 arrestos, de los cuales 491 ocurrieron en París; este año se registraron más de 800 arrestos a nivel nacional, con más de 450 en la capital. En 2025 se reportaron 192 ciudadanos heridos y 9 policías lesionados; este año, se han contabilizado 219 heridos, incluyendo 57 policías. La policía francesa no publica proporciones de género durante los disturbios, pero se estima que más del 90% de los detenidos por violencia directa, destrucción de propiedad y enfrentamientos con la policía son hombres, entre 18 y 25 años.

Si bien las derrotas en los partidos de fútbol provocan aumentos en los incidentes de violencia, las mujeres también se ven afectadas como víctimas de violencia doméstica, tanto cuando los equipos pierden como cuando ganan. No existen reportes específicos del fin de semana; sin embargo, diversos estudios muestran que, en promedio, la violencia doméstica aumenta un 26% cuando los equipos obtienen la victoria. Esto se atribuye al aumento excesivo del alcohol, a una mayor volatilidad emocional y al incremento de adrenalina después del partido.

Además de los jóvenes que salen a celebrar, el Ministerio del Interior francés ha detectado un factor ‘oportunista’. Muchos de los arrestados no son aficionados al fútbol, sino integrantes de pandillas juveniles y grupos del crimen organizado que aprovechan la ocasión para atacar a la policía y a los establecimientos comerciales en medio del caos.

Aunque la ciudad debe asumir los costos por reparación de postes, luminarias, señalización, seguridad, personal y limpieza, los daños a los comercios y a la propiedad privada deben ser cubiertos por los propios particulares y las empresas. No existen datos públicos oficiales sobre los daños ocasionados en 2025, pero se estima que el costo total asciende a cientos de millones de euros, y una gran parte es por los incrementos de los seguros corporativos y de las primas relacionadas con ataques y accidentes.

La paradoja resulta inevitable: mientras el fútbol continúa siendo una de las mayores expresiones de identidad colectiva y orgullo nacional, también revela las tensiones sociales que permanecen latentes bajo la superficie. Lo que debería ser una noche de celebración deportiva termina convirtiéndose, año tras año, en un costoso operativo de seguridad, una prueba para las autoridades y una factura millonaria para los ciudadanos y las empresas. En la ciudad que inspiró algunas de las imágenes más románticas del mundo, la euforia futbolística demuestra que la línea entre la fiesta y el caos puede ser sorprendentemente delgada.

COLUMNAS ANTERIORES

‘Office Politics’: las reglas no escritas que definen tu carrera
Innovación más allá de la tecnología

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.