Análisis sin Fronteras

Se busca estadista

Tal vez López Obrador sufre trastorno de personalidad, tal vez narcisismo, que no le permite reconocer sus errores y el impacto catastrófico de sus decisiones.

Tal vez no le informan a Andrés Manuel López Obrador de la gravedad y el impacto de las tendencias de inseguridad en el futuro del país. O, el problema es que, ante la imposibilidad de cambiar el rumbo que tomará el país en el siguiente año y medio, el presidente decidió ignorar la degradación diaria que se vive en el país. Posiblemente deberíamos considerar que López Obrador sufre algún trastorno de su personalidad, tal vez narcisismo, que no le permite reconocer sus errores y el impacto catastrófico de sus decisiones.

Estas especulaciones podrían ayudarnos a entender las reacciones del presidente en las conferencias mañaneras, cuando se le pregunta sobre actos extremos de violencia o ingobernabilidad que se viven en México, recurre al humor, chistes, otros datos, o acusa a los corruptos neoliberales de una campaña sucia.

Esta semana, al ser cuestionado si era apropiado el uso de humor cuando se le cuestionó sobre la desaparición, posible tortura y masacre de varios jóvenes en Jalisco, el presidente ofendido recurre a su victimización y presenta una encuesta señalando su popularidad a nivel mundial.

Enojado, AMLO aseguró que no dijo lo que le acusan que dijo, y que se malinterpretó su chiste machista y de mal gusto.

No es la primera vez que un mandatario se rehúsa a entender la importancia de manejar adecuadamente una crisis de seguridad. Que le pregunte López Obrador a su predecesor Peña Nieto, quien ignoró por varias semanas lo que sería su Waterloo, que fue la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Básicamente su defensa fue que tuvo una sordera temporal ante los cuestionamientos de reporteros no afines a la cuarta transformación. Sordera que milagrosamente desapareció unos segundos después, cuando comunicadores favorables a la cuarta le lanzaron una petición para felicitar a su medio de comunicación.

Sí, además de la defensa de “ser víctima de los corruptos conservadores”, ahora podemos agregar la defensa “no escuché”.

No fue la primera vez que el presidente “no escucha” a las víctimas de la violencia en el país. Varias “buscadoras”, madres de personas desaparecidas, incluyendo la sonorense Ceci Flores, no pudieron obtener una reunión con el presidente, a pesar de que reconoció a una de las líderes de los desaparecidos en Argentina. Tampoco escuchó a la periodista Lourdes Maldonado, quien pedía ayuda en la mañanera y días después fue asesinada.

Y sí, también hay varios ejemplos del presidente riéndose o lanzando chistoretes cuando hacía referencia de masacres (titulares en el “corrupto” del periódico Reforma). Otro patético y vergonzoso reciente ejemplo de la reacción inapropiada del presidente en la mañanera fue el caso de los 16 funcionarios secuestrados en Chiapas: “Pero lo mejor es que los liberen; si no, los voy a acusar con sus papás y con sus abuelos”. Esta frase no solo envía un mensaje de sometimiento del Estado ante los criminales, el comandante en jefe y responsable de la integridad física de los mexicanos, usó el humor, la denigración y culpar al pasado para ‘cubrir’ su incapacidad ante la inseguridad del país. Recordarán que en ese caso, el presidente usó un Amlito, un peluche con su parecido que dice frases como “lo que diga mi dedito” y “me canso ganso”, como excusa para no seguir contestando sobre los 16 funcionarios secuestrados en Chiapas.

Podemos agregarle a la estrategia de mal manejo de las crisis en el país, el uso de un peluche de AMLO para contestar las preguntas, además de asegurar la presencia del ‘periodista’ Lord Molécula en las mañaneras para llenar los espacios de la conferencia de prensa, ante los “agresivos cuestionamientos” de la prensa que no está con la cuarta transformación.

La reacción correcta de un estadista le permitía negar a sus críticos, que lo acusan de frivolidad ante las preguntas incómodas sobre la seguridad en el país, y reconocer el dolor de las víctimas y expresar compasión. Y sí, pedir disculpas, si es que sus comentarios equivocadamente agregaron dolor a los familiares de las víctimas.

A estas alturas, y ante la crisis en seguridad que vive México, le convendría a López Obrador escuchar a las víctimas de la cuarta transformación y ser un poquito más solidario. Vaya pues, ser un estadista. Aunque sea por un día.

¿Es mucho pedir?

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