Análisis sin Fronteras

Negociando con el ‘frenemy’ (primera parte)

Una regla universal para el gobierno de México es saber negociar con el ‘frenemy’ que es el vecino del norte.

Probablemente, la mejor definición de la palabra frenemy es una persona con la que uno es amistoso a pesar de una aversión o rival fundamental. Una regla universal para el gobierno de México es saber negociar con el frenemy que es el vecino del norte.

La mayoría de los gobiernos del mundo probablemente enfrentan este reto similar, negociar con el gobierno de Estados Unidos requiere capacidad, experiencia y sobre todo, un claro entendimiento de cuáles son los objetivos y necesidades políticas del presidente en turno. También es importante que los gobiernos entiendan con claridad qué significa levantarse de la mesa y no llegar a un acuerdo con el frenemey. Dependiendo del tema, de los tiempos y de la fortaleza política del presidente de los EU, no llegar a un acuerdo puede tener un enorme impacto, o posiblemente se puede esperar al reemplazo del inquilino en la Casa Blanca.

Pero con frecuencia, son los procesos electorales los que definen los objetivos y la urgencia de la negociación. Y en este momento, las elecciones intermedias en noviembre estarían definiendo los objetivos y hasta el tono de los negociadores de los vecinos. También es importante la capacidad y la experiencia de los negociadores en ambos lados de la frontera, especialmente en este momento en la relación bilateral, donde la pandemia, recuperación económica, violencia e inseguridad en la frontera, migración irregular, y el tráfico de estupefacientes continúan incrementando la crisis entre ambos países.

Adicionalmente, hay que señalar que, en ambos lados de la frontera, lo que se consideraba reglas “no escritas” para negociar simple y llanamente desparecieron. En parte por la llegada del Donald Trump a la Casa Blanca, y en México, la llegada a Palacio Nacional de Andrés Manuel López Obrador a Palacio Nacional.

Más allá del debate si Trump y López Obrador son gobernantes populistas, lo que sí es cierto es que ambos, como presidentes, claramente no respetaron la experiencia burocrática. En ambos países hubo retiros masivos y diáspora de funcionarios que tenían el conocimiento institucional e histórica de la relación bilateral.

Con frecuencia son los burócratas en las instituciones los que detienen las futuras guerras.

Para ambos mandatarios, AMLO y Trump, fue fácil desestimar la importancia y la dificultad de negociar entre frenemies. Y aunque el nuevo inquilino en la Casa Blanca, Joe Biden, parecería buscar regresar a las reglas tradicionales de negociar con México, el problema no solo es López Obrador, sino también influye en forma importante el expresidente Donald Trump.

Eso fue exactamente lo que se vivió esta semana con los comentarios del posible candidato, el expresidente Trump, que asegura que “doblegó” a Mexico. Estos comentarios obviamente tenían las intenciones de sabotear las negociaciones entre ambos países y regresar a la arena política el tema que más aflige a ambos países: La posibilidad de que en los siguientes meses millones de personas traten de ingresar ilegalmente a los Estados Unidos por la frontera con México.

En mis talleres de negociación en materia de seguridad nacional, subrayo a los participantes cómo necesita diferir las negociaciones en materia de seguridad nacional y cómo se complican estas negociaciones con el vecino del norte, en parte por la frontera de 3,200 kilómetros, y la otra parte tiene que ver con consideraciones de la política interna en cada país. Pero, con anterioridad, les comento a mis estudiantes que las reglas universales de negociar con Estados Unidos fueron muy efectivas por décadas. Entre estas reglas están:

Confidencialidad. Una de mis reglas universales es la importancia de mantener cierto nivel de confidencialidad en las fases iniciales de la negociación. No solo está la sensibilidad política en México y en Estados Unidos ante la preocupación de que el presidente se esté sometiendo a los designios de Estados Unidos. Mientras más públicas las negociaciones, más difíciles es llegar a un acuerdo. Ahora, los presidentes de ambos países tienen que preocuparse de que las conversaciones en privado se hagan públicas. Esto fue lo que sucedió con la conversación entre Donald Trump y Enrique Peña Nieto cuando se divulgó la conversación telefónica entre ambos mandatarios.

Confianza. Por décadas, los negociadores en ambos países asumían que podrían confiar en sus contrapartes lo suficiente para que no se usase las conversaciones y los acuerdos como herramienta para sabotear políticamente, como lo que hizo hace unos días Trump que puso en la picota publica no solo a López Obrador sino también a Biden.

Más sobre cómo negociar con el frenemy en la siguiente entrega.

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