Análisis sin Fronteras

Arranca la debacle electoral 2021

Arrancaron las campañas del proceso electoral más grande de la historia del país. Además de ser las más grandes, probablemente serán las más desastrosas para México.

Arrancan formalmente las campañas del proceso electoral más grande de la historia del país: se elegirán 21 mil puestos de elección popular. Además de ser las más grandes, probablemente serán las más desastrosas para México.

Como se los había adelantado en la última entrega, estas elecciones podrían ser las más violentas, en parte por la polarización política, en parte por la lucha intestina entre grupos del crimen organizado. Amenazar o matar a un candidato a estas alturas podrá ser para eliminar a un opositor político o para asegurar que el o la candidata que gane sea su cómplice voluntario o involuntario en el business. Usar violencia para asegurar que gane un candidato o candidata no tiene costos jurídicos ni políticos, ni para los perpetradores ni para los candidatos que se beneficien de esta violencia.

Violencia durante un proceso electoral no es un problema de estas elecciones. Pero la gran diferencia es la posición pública del gobierno de ‘abrazos y no balazos’ del gobierno federal. Es claro y contundente que no habrá investigaciones y detenciones -apenas que el perseguir a un violento le sirva al presidente para las elecciones de 2024.

También les señalé que podría ser una de las elecciones más ‘mortíferas’, ya que las aglomeraciones de las campañas y las ‘operaciones’ políticas estarán sucediendo en medio de la tercera ola del desgraciado y maldito Covid-19. El acto de cumplir con su responsabilidad, participar en las campañas y votar el 6 de junio podría poner en riesgo la vida no solo de los electores, sino de los voluntarios de casillas.

Esta semana se confirmó que pase lo que pase, los resultados de las elecciones serán cuestionados, sin importar quién gane. Los ganadores tendrán poca credibilidad, aun en el caso de que ganen por diez puntos. El presidente ha hecho un extraordinario esfuerzo en atacar al Instituto Nacional Electoral y esto se traduce en un desgaste que afecta a los candidatos ganadores sin importar el partido o tendencia política. Es una desgracia pensar que, en estas, las elecciones más ‘grandes’ de México, uno de los momentos más neurálgicos para el país, las autoridades electorales sufren un embate político y jurídico.

Estas elecciones intermedias, las más grandes de México, también tienen otras características excepcionales.

Por ejemplo, a los partidos verdaderamente les vale ‘madre’ la probidad y la capacidad de sus candidatos. Y aunque este problema se ha presentado en todas las elecciones de antaño, y no surge de un partido en particular, lo que sí es cierto es que el descaro es verdaderamente nauseabundo. Botón de ejemplo fue la forma en que se presentó Onésimo Cepeda como candidato para que, 24 horas después, regañado por Papa Francisco, el obispo emérito tuvo que desistir de su intento. Otra joya de estas elecciones es la de Alfredo Adame, quién quiso “chingarse 25” de los 40 millones que supuestamente recibió para hacer campaña para ser electo diputado -según un audio que se filtró en un video esta semana-. Adame aseguró que estaba hablando sobre la compra de cubrebocas. ¡Ajá!, compra de cubrebocas. Ni hablemos de las acusaciones en contra de Félix Salgado Macedonio, las amenazas que hace al INE y lo que podría ser un sabotaje sin precedente dentro del mismo partido oficial, Morena. Este ultimo ejemplo merece que compremos palomitas, nos sentemos confortablemente en un sillón y disfrutemos la función.

El caso Adame nos ayuda a entender otra característica de estas elecciones: la transparencia de quienes son los candidatos. No solo se ventilan audios y videos que fueron probablemente obtenidos ilegalmente, las redes sociales son una mina de oro para encontrar información sobre los candidatos, sus familiares y amistades.

Y vamos a encontrar información asombrosa y que en cualquier otro país sería información suficiente para bajar a los candidatos de la campaña, o los costos serían suficientes para asegurar que no fuera electo, con costos políticos para los partidos que postulan estas candidaturas.

Estos candidatos reflejan la triste realidad política de este proceso electoral. El 6 de junio no estaremos votando por una candidatura, por un partido o por una visión política para México. Se votará a favor o en contra de Andrés Manuel López Obrador y su visión de cómo transformar a México. Nada más, ni nada menos.

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