En la tragedia de Acapulco y municipios aledaños se debe analizar la deficiencia gubernamental de los tres niveles de gobierno en tres momentos; antes, durante y después de que el huracán Otis de categoría 5 azotara con furia inaudita a la joya de la corona turística de Guerrero.
Los hechos reales son contundentes para observar la ineptitud del gobierno federal en torno a alertar a la población por el inminente arribo del huracán, toda vez que desde el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos se empezaron a emitir las alertas correspondientes al gobierno mexicano desde las 2 pm del martes 24 y luego advertía que el huracán anticipaba un escenario de pesadilla, con una previsión extremadamente destructiva para Acapulco.
Dice el presidente López Obrador que él mandó un tuit a las 8:25 de la noche alertando a la población, como si la gente del puerto de Acapulco o de la zona montañosa, deberían estar pendientes de esta red social del presidente.
Por lo menos, desde la tarde del día 24 y luego el 25, se debieron utilizar todos los medios de comunicación públicos para emitir constantes alertas, así como también las granjas de bots que tienen para atacar a sus adversarios políticos, debieron usarse para lanzar la alerta masiva del peligro inminente que corrían los habitantes de Acapulco.
Si consideramos que el huracán entró en el puerto a medianoche, entonces hubo tiempo suficiente para movilizar a la población y a los turistas a lugares más seguros para evitar principalmente la pérdida de vidas humanas, al tiempo de acuartelar a la Marina y al Ejército en el puerto y con ello desplegar los protocolos de protección a la población antes, durante y después del impacto del meteoro.
El gobierno federal, el de Guerrero y de Acapulco fueron omisos en proteger la vida de las personas y no solo eso, sino que fomentaron la rapiña con la justificación de apoyar a la población local, alentando el robo de cajeros automáticos, motocicletas, pantallas de TV, en general fueron cómplices del saqueo generalizado.
Una cosa es la rapiña con protección oficial y otra, el robo de artículos de primera necesidad.
La conversión de tormenta tropical a huracán categoría 5 fue sin precedentes, eso es verdad, como también la incapacidad de respuesta inmediata de los tres órdenes de gobierno para alertar a la población con todos los medios públicos de difusión a su alcance.
En otros siniestros naturales, los concesionarios de los medios de comunicación en manos de privados, responden de inmediato cuando el gobierno lo solicita para lanzar mensajes de alerta a la población. En este caso no hubo un operativo desde la Presidencia de la República o de la Secretaría de Gobernación, en donde cobra como titular Luisa María Alcalde, de las Fuerzas Armadas o de la Secretaría de Seguridad Ciudadana.
Absolutamente nadie del gobierno de la 4T actuó para disparar los protocolos de protección a la población civil, mediante, en un primer paso, activar a todos los medios de comunicación públicos y privados, para lanzar mensajes alertando a los moradores de Acapulco y otros municipios de Guerrero.
Ya durante el impacto brutal del huracán en las costas de estado, pues poca cosa se podía hacer, sobre todo porque las Fuerzas Armadas, tanto la Marina como el Ejército, no estuvieron preparadas antes del meteoro en la zona afectada, como ha ocurrido en ese mismo lugar en otras ocasiones, la más reciente en 2013.
Después de la tragedia, fue patético, por decirlo de manera elegante, observar las imágenes en donde el presidente se quedó atascado en el lodo en su periplo rumbo a Acapulco, exponiendo a la figura presidencial con improvisaciones en la logística por parte del Ejército.
Si López Obrador quería llegar a Acapulco un día después de la tragedia lo pudo haber hecho sin problema, volando hasta un lugar cercano del puerto y luego por tierra acceder al lugar, sin embargo, prefirió irse por carretera desde la Ciudad de México, a sabiendas de que la Autopista del Sol y la libre estaban bloqueadas.
Ya en Acapulco, el presidente López Obrador hizo un recorrido en una “estaquitas” y párele de contar, en lugar de quedarse varios días y desde allá hacer sus mañaneras para reportar sobre el rescate de sobrevivientes y apoyo a los damnificados, además del avance en el suministro de alimentos y agua, al tiempo de apresurar las reparaciones a la red eléctrica, agua potable, telefonía e internet.
Las cuadrillas médicas siguen brillando por su ausencia.
Después del huracán a 76 horas o más, se pretende maquillar el número de muertos y no se ha iniciado la búsqueda de sobrevivientes en el mar, ante el reporte de pescadores y lancheros que aseguran la desaparición de por lo menos 80 de sus compañeros.
Ante la peor tragedia que se haya vivido por huracanes en el país, se tuvo al peor gobierno con niveles de impericia inaudita para atender esta clase de desgracias y que, sin duda, han coadyuvado a que la desgracia tome tintes dantescos.
Sin Fonden y con funcionarios públicos ineptos como la gobernadora Evelyn Salgado, la presidenta municipal Abelina López, ambas de Morena, quienes aparecieron en la escena pública después de 48 horas del siniestro y mostrando una abierta complicidad con los saqueadores, pues sin duda la recuperación llevará varios años, a no ser por la intervención de la sociedad civil y el sector empresarial.