Desde San Lázaro

Del Mazo, entre el corazón y la razón

El momento de Del Mazo es similar al que vivió Enrique Peña en 2010-2011. Ahora él tendrá que escoger entre Alejandra del Moral y Ana Lilia Herrera.

Ante una de las decisiones más importantes de su vida, Alfredo del Mazo prefiere basarse en sus filias y fobias personales, en lugar de asumir una posición con altura de miras para garantizar el triunfo del PRI en las elecciones del próximo año en la entidad que gobierna.

Desde hace algún tiempo el mandatario mexiquense decidió que Alejandra del Moral fuera la candidata para sucederlo, por ello, la colocó desde octubre de 2018 como presidenta del Comité Directivo Estatal del PRI en el Estado de México, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar el cargo en tres periodos diferentes.

Próxima a cumplir 39 años, la mexiquense ha ocupado diversos puestos en la administración pública estatal y ha desempeñado disímbolos cargos de representación popular, actualmente funge como titular de la Secretaría de Desarrollo Social en el gobierno de Alfredo del Mazo.

Esta joven política solo tiene una rival que le disputa el honor de abanderar la causa priista por la gubernatura, se trata de Ana Lilia Herrera, quien nunca ha perdido una elección y en las encuestas recientes le saca más de dos dígitos a Del Moral.

Evidentemente, no hay suelo parejo en esta contienda entre correligionarias, ya que los dados están cargados en favor de Del Moral Vela y la cosa no sería grave, si no es que, por esta decisión, el PRI perderá uno de los dos bastiones que le quedan en el país, el otro es Coahuila.

Eso de dejarse llevar por el corazón en lugar de hacerlo con la cabeza conlleva riesgos peligrosos que afectan toda una causa.

En el ánimo de los mexiquenses está mejor colocada Ana Lilia Herrera que Alejandra, sin embargo, este hecho no es relevante para Del Mazo, porque piensa que con una buena campaña en medios, redes sociales y espectaculares, puede revertir la situación, diagnóstico que no es válido, ya que la aceptación de la gente se gana por resultados, por cercanía y empatía, y no por pirotecnia de marketing.

Si Del Mazo quiere una lección, solo debe recordar lo que pasó en tiempos de Enrique Peña Nieto cuando debía tomar la misma decisión por la que transita en la actualidad: elegir entre el candidato de sus efectos o el que garantizaba el triunfo en esos momentos, es decir, entre Alfredo y Eruviel Ávila.

Habrá que recordar también que Eruviel, de no haber sido candidato del PRI en ese entonces, lo hubiera sido del PAN e igual hubiera ganado, pero en una jugada maestra de Peña logró retener la plaza para el PRI.

Luego de Eruviel se respetó el compromiso de que fuera Alfredo del Mazo, el candidato del tricolor, quien a la postre fue el gobernador.

El momento de Del Mazo es similar a lo vivido en 2010-2011, ahora él tendrá que escoger entre Alejandra del Moral y Ana Lilia Herrera.

Una, que no le garantiza el triunfo y otra, que tiene más posibilidades y que, además, es coqueteada por otros partidos políticos.

Dejo que el lector saque sus propias conclusiones.

Agregaría que le toca a Ana Lilia Herrera la distinción de ser candidata del PRI, porque hace cinco años dejó pasar a Alfredo del Mazo y en estos momentos bien podría ocurrir lo mismo, dejar el compromiso para que en la siguiente le toque a Alejandra del Moral cuando esté en plenitud con 45 años de edad.

Veremos en las próximas semanas cómo se desarrollan las cosas. Lo que es un hecho es que la hora de las definiciones se tiene que apresurar en virtud de que la candidata oficialista, Delfina Gómez, está por dejar su encomienda que tiene al frente de la SEP para incorporarse a la actividad proselitista en suelos mexiquenses, con un cargo del partido que le permita hacer campaña sin parecerlo.

Si Del Mazo se tarda en deshojar la margarita y sobre todo elige mal, pues a lo mejor le toca como ‘premio’ una embajada o un cargo cerca del presidente López Obrador.

Algunos malpensados dicen que por eso escogerá a Alejandra del Moral.

Otros, en cambio, le apuestan a que no traicionará su apellido y menos a sus antecesores que fueron gobernadores del Estado de México.

En su decisión estará el quid del asunto.

En este galimatías está jugando un personaje de la anterior administración federal, quien es en realidad la mano que mueve la cuna.

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