Desde San Lázaro

La soberbia de Gatell, Bartlett, Sheinbaum, Gertz, Nahle...

A decir de ellos, a algunos los maltrataron en el largo camino hacia el poder; otros se subieron a un ladrillo y se marearon; y el resto guarda un sentimiento de superioridad frente a los demás.

Cuál es el común denominador de la mayoría de los miembros de la autollamada cuarta transformación; la soberbia y el resentimiento social, que respiran por todos sus poros.

Unos, porque a decir de ellos, los maltrataron mucho en el largo y sinuoso camino hacia el poder; otros se subieron a un ladrillo y se marearon; y los restantes guardan un sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellos.

Esta es la ‘pléyade de funcionarios’ con apellidos indígenas:

Observe a Hugo López Gatell o a Manuel Bartlett, ya no digamos a Claudia Sheinbaum o a Rocío Nahle y qué decir del fiscal general de la República o del líder de Morena en la cámara de diputados, estos son solo algunos de esa bola de pelafustanes que no han entendido que el trabajar en el servicio público es una dorada oportunidad para servir a los demás y sobre todo, en ese puesto pasajero, cumplir con la alta encomienda de construir un mejor país, no importa el tamaño de la responsabilidad.

El subsecretario de Salud carga sobre sus hombros, como responsable de enfrentar la pandemia por Covid-19, el estigma de que México esté considerado como uno de los países con más defunciones y que, buena parte de ellos, se pudieron haber evitado si él, desde un principio, hubiera tomado medidas prontas para atender la contingencia, como el uso masivo de cubrebocas y de pruebas para detectar a los pacientes infectados.

A la fecha, con el halo protector del principal huésped de Palacio Nacional, continúa diciendo sandeces y tratando de justificar su incompetencia al defender, sin bases científicas, que a los adolescentes y niños no se les debe vacunar.

Manuel Bartlett es el prototipo de funcionario déspota, cínico y corrupto del gabinete y que a cada paso que da destila la ira de un priista que se le fueron agotando sus espacios políticos para convertirse en un mercenario de la política, al dejar al tricolor para pasar al PRD y ahora a Morena.

Con la bandera de la nacionalización de la CFE se envuelve y se tira a los brazos de AMLO, para no solo llevar a esa empresa productiva del Estado a un salto al pasado de 60 años, sino que advierte que con esta reforma ni siquiera tendrán los empresarios que tienen inversiones en el sector, derecho a cobrar una indemnización, por lo que de inmediato el senador Ricardo Monreal le dio un guamazo con guante blanco para apaciguarlo al decirle que: “las personas servidoras públicas de la CFE y otras instituciones están obligadas a mantener recato y prudencia, esperando que el Constituyente Permanente decida sobre las modificaciones constitucionales que le han sido planteadas. Actuaremos con responsabilidad y congruencia”.

Si quiere encontrar una miembro prominente de la 4T que encarna la soberbia y la venganza hacia sus detractores, es Claudia Sheinbaum, quien no solo ha judicializado la política para combatir a sus adversarios, sino que hace un uso faccioso de la justicia para acomodar a la ley de su lado.

Vamos, hasta en nimios detalles transmina ese resentimiento. Hace unos días cuando reabrió el parque deportivo Lomas en la alcaldía de Miguel Hidalgo, no le alcanzó la educación y la clase para invitar al alcalde recién electo Mauricio Tabe, del PAN, a la inauguración.

Tiene que aprender a vivir en la pluralidad, pero si no lo ha hecho hasta ahora, quien en su sano juicio confía que lo haga cuando sea presidenta.

Así podemos referirnos a Roció Nahle, que además de engañar al presidente todas las semanas en torno al reporte de los avances de la refinería de Dos Bocas, se da el lujo de minimizar el conflicto laborar que existe en esa refinería al reducirlo “a inconformidades de una decena de paristas”, cuando en la realidad son más de 5 mil.

Del Fiscal Alejandro Gertz hay poco que agregar en eso de la soberbia, baste observar el trato a su familia política y a sus ‘compañeros científicos’, sin pasar por alto la connivencia con Emilio Lozoya para perseguir a los enemigos del actual régimen.

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