Un fantasma recorre Europa: el fantasma de la derrota mundialista.
Esta atrevida adaptación de la célebre frase con la que Marx y Engels iniciaron el Manifiesto Comunista, quisiera que vuelva usted a leerla al terminar esta columna.
Por lo visto hasta ahora, en esta Copa del Mundo 2026, las brechas entre las alguna vez llamadas potencias futboleras, en particular las europeas, y el resto de los países considerados no potencias, está desapareciendo.
Da la impresión de que, aunque persisten desigualdades en el desarrollo socioeconómico de los países, estamos viendo un Mundial más igualitario, futbolísticamente hablando.
Los casos más notables de eliminación de potencias europeas hasta ahora son los de Alemania y Países Bajos, a manos (o mejor dicho, a pies) de Paraguay y Marruecos, respectivamente. Aunque Marruecos estuvo entre los mejores cuatro equipos del Mundial anterior, las expectativas puestas en Alemania y Países Bajos eran, y suelen ser, muy altas.
Los naranjas han llegado a varias finales, y los germanos, cuatro veces campeones del mundo, son objeto de aquella definición casi profética de Gary Lineker, de que el futbol es un deporte en el que 22 hombres en pantaloncillos corren tras un pelota y al final Alemania siempre gana.
Quizás sea solo mi impresión y habrá quien con datos en la mano la revoque, pero el desempeño de los países africanos no solo ha sido admirable, sino que nos hace pensar en ese mayor igualitarismo futbolero, en ponerse de tú a tú en la cancha.
Senegal le iba ganando a Bélgica, Costa de Marfil le dio pelea a Noruega, y la RD del Congo vencía a Inglaterra, pero, coincidentemente en los tres juegos, al minuto 86 cambió todo y los europeos dieron la voltereta.
Quizás la única potencia europea que ha cumplido más con las expectativas hasta ahora es Francia, que va en caballo de hacienda.
Inglaterra es de las escuadras que también generaron altas expectativas desde antes del certamen, pero ha ido obteniendo resultados bastante trabajados, sin la contundencia de los franceses.
El equipo inglés enfrentará a México en el estadio Ciudad de México, el histórico estadio Azteca.
Ese pitch, como le llaman los ingleses a la cancha, tiene unos fantasmas muy difíciles de enfrentar. Ahí la Argentina de Maradona destrozó a la escuadra inglesa en 1986, y tanto “el gol del siglo” como “la mano de Dios” siguen apareciendo en la memoria futbolera. Difícil exorcizarlos, y dudo que una victoria sobre México los haga irse, aunque una derrota sí abonaría al tormento inglés en tierra azteca.
Volviendo al asunto del igualitarismo futbolero, en esta ocasión, ni la afición mexicana ni la opinión internacional ven a México como el ratón y a Inglaterra como el gato. Es un juego de pronóstico reservado, con los ingleses como ligeros favoritos en las apuestas y los mexicanos con el momentum de su mejor racha mundialista y la ventaja local.
Además, en este Mundial, México parece haber echado a dos fantasmas que le inquietaban, el “no era penal”, presente desde 2014 por la derrota contra Países Bajos/Holanda (aquella “infamia” de Robben a costa de Rafa Márquez), y el hecho de que no se había ganado un partido en eliminatorias en 40 años, desde 1986.
Al primer fantasma lo echó Marruecos eliminando a Países Bajos con penales en Monterrey, la misma ciudad, que no el mismo estadio, donde México perdió aquél épico juego de cuartos de final contra Alemania en 1986, también en tanda de penaltis.
Al segundo lo echaron los mexicanos a expensas de Ecuador el martes pasado, en uno de los partidos más bellos, efectivos y convincentes de México en el que se jugó como nunca y se ganó como nunca; bueno, el equivalente sería el triunfo contra Bulgaria en 1986, con aquel gol histórico de Manolo Negrete a pase de pared de Javier Aguirre, el actual técnico nacional.
Si los fantasmas pesan o no, creo que la vibrante afición sí tendrá un papel protagónico el domingo en el Azteca, como ya lo tuvo el martes ante Ecuador.
Algunos expertos dicen que no, que los gritos y los cantos desde las gradas no importan a este nivel del balompié profesional. Para mí, es como preguntarse si la opinión pública influye en los políticos: Yo creo que sí, y mucho.
Con respeto y admiración a Inglaterra, donde Marx y Engels publicaron que un fantasma recorre Europa, espero que a los fantasmas del ’86 ingleses se les sumen otros en este ’26. ¡A ganar, México!