Trepidante, ese sería mi calificativo al primer tiempo del partido México-Ecuador, aunque varios adjetivos aplican bien. Habrá que verlo de nuevo, y no solo las jugadas más destacadas, sino todo completo, como si fuera un nuevo libro de texto del futbol nacional, el canon.
Aplausos a los jugadores, al técnico, a quienes preparan física y mentalmente a este equipo y a todas las personas involucradas en esta proeza digna de narración homérica. El retorno de Ulises tomó dos décadas; esto, cuatro.
Y la afición también jugó, en armonía sinfónica con la Selección y su rival; la cancha y la grada en consonancia, al compás de una misma partitura.
“Tenía 40 años de no ver esto en el Azteca”, dijo ‘El Vasco’ Aguirre al finalizar el partido, refiriéndose a cómo jugó la afición en el hoy estadio Ciudad de México.
Creo que los gritos y cantos sí mermaron la moral de la flamante escuadra ecuatoriana desde antes de iniciar el juego. Imponente.
Desafortunadamente, el desborde de la celebración en el Ángel nos puso de luto cobrando cuatro vidas. Esperemos que los festejos sigan, pero la tragedia quede ahí.