Las Encuestas

El CIDE y la opinión pública

Por su enorme y valiosa producción científica, por su compromiso en formar a nuevas generaciones, y por lo que están haciendo hoy, espero ver un CIDE fortalecido en todos los sentidos, dice Alejandro Moreno.

Ha sido muy alentador ver a la comunidad del CIDE organizarse y actuar ante la situación por la que está pasando. En Los orígenes del orden político, Francis Fukuyama argumenta muy persuasivamente que el desarrollo político es, por lo general, el resultado de las tensiones entre el Estado, que busca centralizar el poder, y la sociedad, que suele resistirse a ello. Un Estado fuerte y una sociedad fuerte son indispensables para el desarrollo democrático.

Las encuestas que publicó EL FINANCIERO en esta semana sobre la ciencia y las universidades nos mostraron que los principios que defiende la comunidad del CIDE cuentan con un amplio respaldo popular. La gran mayoría de los ciudadanos mexicanos está de acuerdo con la autonomía universitaria, con garantizar la libertad de cátedra y con impulsar el conocimiento científico en el país. Además, las encuestas indican que, contrariamente a la narrativa del gobierno, a las universidades sí las ve la mayoría de la gente como benéficas para el pueblo y la mayoría de los ciudadanos rechaza que éstas sean mecanismos de generación de privilegios.

El sentir ciudadano es mayoritariamente favorable a las universidades y centros de investigación. Basta ver que las encuestas realizadas en la Ciudad de México arrojaron una imagen muy positiva tanto de la UNAM como del CIDE. Con 86 y 66 por ciento de opinión favorable, respectivamente, esas dos organizaciones educativas cuentan con un apoyo popular que podría resultar envidiable para cualquier dependencia de gobierno o partido político. El 71 por ciento de las personas entrevistadas dijo que confía mucho o algo en las universidades, lo cual las ubica en la parte alta de la tabla de la confianza en las instituciones en nuestro país.

A pesar de los vientos de opinión favorables para las universidades, las encuestas detectan ciertos nichos que hay que tomar en consideración. El 43 por ciento está de acuerdo en que la ciencia puede ser dañina para la sociedad y por ello es mejor promover buenos valores, una ruta que ha defendido el Presidente de la República en diversas ocasiones. El 39 por ciento cree que las universidades sí generan privilegios y desigualdades. Y el 22 por ciento está en desacuerdo con la autonomía universitaria. No son minorías desdeñables numéricamente, y tampoco son creencias que debamos tomar a la ligera. De hecho, todas estas preguntas denotan dimensiones políticas subyacentes muy interesantes.

La idea de que la ciencia puede ser dañina para la sociedad y por ello es mejor promover buenos valores tiene un apoyo mayoritario entre los seguidores de la 4T. Y no es que quienes apoyan al Presidente, a su partido o a su proyecto sean anticiencia; no lo son, según las encuestas. Pero la premisa de los buenos valores sí la apoyan más, lo cual refleja cómo ha impactado la narrativa presidencial entre esos segmentos afines al lopezobradorismo. Hace unos días me referí aquí a la articulación del credo de la cuarta transformación, y creo que éste es un buen ejemplo.

Los ataques del Presidente a la UNAM, y ahora la situación en el CIDE, sugieren que podría estarse formando una línea de conflicto en torno a la autonomía universitaria y otros temas relacionados. La encuesta de EL FINANCIERO revela que la mayoría de los entrevistados anti-AMLO cree que el gobierno está tratando de controlar las universidades; mientras que los pro-AMLO lucen más divididos en sus opiniones aunque, en balance, rechazan esa idea. Los ataques a la UNAM y la situación del CIDE podrían ser alarmas de una falla tectónica política más profunda y acentuada. Ya veremos.

Por lo pronto, cierro con una nota más personal. Mi primer encuentro con el CIDE fue por allá de 1981 o 1982, cuando mi hermana mayor estudiaba una maestría ahí. Yo tenía unos 13 o 14 años, pero las veces que la acompañé me imprimieron un sentido de familiaridad. Durante mi vida académica, esa familiaridad con el CIDE se consolidó participando en reuniones, conferencias, presentaciones de libros, comités de evaluación académica, comités de tesis y otros eventos que me han permitido interactuar con directivos, investigadores, profesores y estudiantes, varios de ellos entrañables amigos. De alguna manera, el CIDE ha sido como una segunda casa académica. Por eso, por su enorme y valiosa producción científica, por su compromiso en formar a nuevas generaciones, y por lo que están haciendo hoy, espero ver un CIDE fortalecido en todos los sentidos.

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