Punto de encuentro

La cancha que también hoy nos pertenece

El Mundial 2026 refleja el avance de las mujeres en el futbol y plantea retos pendientes en igualdad, inclusión y seguridad.

Hoy, México tiene la mirada del mundo. Solo intereses personales podrían desear una mala fotografía de la inauguración del Mundial; por ello, en lo personal, espero que las diversas complejidades que se han presentado en la CDMX sean resueltas con éxito.

Y es que, con un cuadro ampliado de selecciones, tres países anfitriones, múltiples estadios con una cantidad récord de partidos, la edición 2026 de la Copa del Mundo será la más grande de la historia y estará llena de datos memorables. Uno de ellos, la presencia de mujeres en el fútbol.

La socióloga mexicana Hortensia Moreno ha explicado que el fútbol es mucho más que un deporte: es un espacio donde se construyen identidades, relaciones de poder y sentidos de pertenencia.

Durante años, las mujeres fueron consideradas visitantes en un territorio simbólicamente masculino. Así, la incorporación de futbolistas, entrenadoras, directivas y árbitras ha significado reconstruir una narrativa que otorgaba el patrimonio exclusivo de la pasión del balón a los hombres.

Asimismo, la afición femenina por el fútbol crece de manera sostenida, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Las mujeres ya no sólo están presentes en las tribunas; participan activamente en las canchas, en los medios de comunicación y en los espacios de toma de decisiones.

Esta transformación puede contribuir a democratizar un ámbito que durante décadas estuvo reservado casi exclusivamente para los hombres.

Cuando más mujeres participan en un espacio, cambian también las conversaciones, las dinámicas y las formas de convivencia que se producen dentro de él.

En especial, para México, la presencia de Katia Itzel García como árbitra central en el máximo escenario del fútbol mundial nos pone en un lugar muy simbólico y especial que nos recuerda que, en contextos históricamente marcados por la exclusión de las mujeres, la representación importa.

Durante décadas, las niñas crecieron viendo entrenadores, comentaristas, directivos y árbitros hombres. El mensaje era claro: la cancha les pertenecía a ellos.

Por eso la presencia de Katia Itzel, amén de ser clave en la historia de la presencia femenina en el fútbol, trasciende lo deportivo.

Su imagen en el centro del campo enviará un mensaje poderoso a miles de niñas que podrán reconocerse en ella y comprender que también pueden ocupar espacios de liderazgo y autoridad que históricamente les fueron negados.

Hagamos votos para que esto sea símbolo de un futuro en el que deje de ser noticia que una mujer ocupe un lugar: el que sea, el que quiera.

Sin embargo, para muchas mujeres el fútbol también ha estado asociado a experiencias de violencia y exclusión.

Estudios realizados en diversos países como Reino Unido han documentado aumentos significativos en los índices de violencia doméstica durante grandes torneos internacionales.

Las investigaciones que dieron origen a campañas como He’s Coming Home y No More Years of Hurt mostraron incrementos en las denuncias de violencia de pareja cuando juega la selección inglesa.

Asimismo, organismos internacionales han advertido que los megaeventos deportivos pueden generar condiciones que favorezcan distintas formas de explotación, incluida la trata de personas.

El Mundial, por tanto, debe llevarnos a pensar también en los riesgos y desigualdades que pueden profundizarse alrededor de estos eventos.

El Mundial terminará. Los reflectores se apagarán y la atención del mundo se dirigirá a otro lugar. La pregunta entonces será qué hicimos con esa oportunidad.

Ojalá que, además de celebrar goles y victorias, hayamos sido capaces de construir espacios deportivos más igualitarios y libres de violencia.

Porque el fútbol también es nuestro. Y porque las canchas, las tribunas y las instituciones deportivas pueden convertirse en un verdadero punto de encuentro, donde niñas y mujeres participen, lideren y sueñen en igualdad de condiciones.

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