Alejandra Marcos

Descifrando el comunicado

La Junta de Gobierno abandonó la orientación explícita que había sostenido durante meses y adoptó un lenguaje condicionado como respuesta al proceso inflacionario.

La última decisión de política monetaria por parte de Banxico no sorprendió a nadie. Posterior a la reunión, el motivo de discusión proviene del cambio en la guía prospectiva, y si las modificaciones en la comunicación son el preludio de un posible movimiento de ajuste en la tasa de referencia. La Junta de Gobierno abandonó la orientación explícita que había sostenido durante meses y adoptó un lenguaje condicionado como respuesta al proceso inflacionario.

El cambio es claro al comparar los dos últimos comunicados. En agosto, la Junta señalaba que consideraba apropiado mantener la tasa de referencia en su nivel actual, una guía explícita y direccional que no dejaba espacio a la ambigüedad. En septiembre esa frase desapareció por completo. En su lugar, el banco central adoptó una guía condicionada a la evolución de determinantes concretos, entre ellos el traspaso del tipo de cambio a los precios al consumidor, las condiciones de holgura y las expectativas de inflación, y añadió de manera explícita que, dado que las condiciones macroeconómicas de México son distintas a las de Estados Unidos, la política monetaria no tendría que reaccionar de manera mecánica ante los ajustes previstos en la tasa de fondos federales.

Para dilucidar en estas circunstancias las acciones futuras de política monetaria que pudiera llevar a cabo Banxico, debemos de considerar las condiciones de inflación que nos dan un mejor contexto de lo que podría ser el eje toral de las decisiones de la Junta de Gobierno. La inflación pasó de 4.59 por ciento en marzo a 3.42 por ciento en la primera quincena de septiembre, principalmente por la caída en los precios volátiles o no subyacentes. Mientras que el componente subyacente, el más estructural y el que marca la trayectoria de mediano y largo plazo, ha mostrado un camino desinflacionario moderado desde que inició el año. Entonces, no puedo dejar de preguntarme: ¿porqué habría Banxico de ajustar al alza la tasa de referencia, si efectivamente las condiciones de inflación son distintas? La postura monetaria relativa no es el único determinante, aun considerando que la probabilidad de que la Fed continúe subiendo su tasa es elevada.

A pesar de que estimo un repunte para la inflación subyacente hacia el cierre del año a alrededor del 4 por ciento, mi escenario central es que Banxico no moverá la tasa de referencia. Los datos del componente subyacente, además, muestran lecturas mixtas que habría que dilucidar. Dentro de las mercancías, las no alimenticias avanzaron apenas 2.03 por ciento anual en la primera quincena de septiembre, frente a 3.25 por ciento en el mismo periodo de 2025, lo que confirma desinflación de bienes. El rezago se concentra en los servicios, que se mantienen en 4.33 por ciento anual, presionados por las colegiaturas y otros rubros con indexación contractual, y que explican buena parte de la persistencia que el propio banco central identifica como riesgo al alza.

Hay que recordar que Banxico implementó recortes a la tasa de referencia cuando el componente estructural se encontraba muy por encima del intervalo de variabilidad del organismo, por lo que me parece que, para ver ajustes al alza en la tasa de referencia, tendríamos que ver una inflación subyacente, que se acelere de manera considerable. Caso contrario, para ver un recorte, se tendría que concretar un verdadero progreso desinflacionario, y ello con la condicionante que nunca en la historia ha existido un ciclo autonómico, donde la Fed suba y Banxico recorte.

En la medida en que el tipo de cambio se deslice con cierto orden, el traspaso cambiario a la inflación no necesariamente exigirá un ajuste al alza en la tasa de referencia. La válvula de escape para un diferencial cada vez más estrecho entre las tasas de política monetaria de ambos países será absorbida por un tipo de cambio más elevado, siendo este el mecanismo natural de ajuste mientras el mercado opere sin sobresaltos. Sin embargo, existe el riesgo de que, si el diferencial de tasas continúa comprimiéndose, los movimientos cambiarios podrían adquirir una inercia propia. De materializarse ese escenario, complicaría el manejo de la política monetaria más adelante.

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