Alejandra Marcos

El difícil equilibrio del Paquete Económico 2027

Claudia Sheinbaum adelantó, durante su Segundo Informe de Gobierno, que el Paquete Económico 2027 buscará una consolidación fiscal paulatina sin sacrificar la inversión pública ni los recursos destinados a bienestar, salud y educación.

Claudia Sheinbaum adelantó, durante su Segundo Informe de Gobierno, que el Paquete Económico 2027 buscará una consolidación fiscal paulatina sin sacrificar la inversión pública ni los recursos destinados a bienestar, salud y educación. La presidenta no ofreció cifras concretas, pues el proyecto se conocerá hasta el 8 de septiembre, fecha límite para que el Ejecutivo remita al Congreso los Criterios Generales de Política Económica, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos. Con estas declaraciones, surge la inquietud si la palabra paulatina será suficiente para calmar los cuestionamientos de los mercados y las propias calificadoras; más importante aún, cómo se logrará la consolidación fiscal cuando el gobierno enfrenta rigideces en el gasto y la estrategia para aumentar los ingresos enfrenta ciertos límites, al tiempo que no se espera una reforma fiscal tal y como lo ha reiterado el propio Gobierno.

El reto no es menor. Del lado de los ingresos, el eje medular que ha impulsado el crecimiento ha sido aumentar la eficiencia recaudatoria y reducir la evasión. Los ingresos tributarios han aumentado cerca de 2.5 puntos porcentuales como proporción del PIB desde el inicio de la administración anterior, aunque la tasa efectiva se mantiene como la más baja al compararla entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Por el lado de los gastos, el espacio es sumamente reducido, pues mas de dos terceras partes del gasto están etiquetadas, son crecientes e inerciales. Para dar un ejemplo, las pensiones representan el 23 por ciento del gasto federal o el 6 por ciento del PIB, otro renglón de semejante proporción son las trasferencias que se refieren a los programas sociales, y que tan solo en el paquete anterior representaban cerca de un billón de pesos. La inversión física, los gastos de capital (recursos destinados a apoyar a Pemex) y el costo financiero son el 27 por ciento del gasto y el 7.5 por ciento del PIB. Así que el espacio fiscal del gobierno es prácticamente nulo.

Reducir el déficit implica, casi por definición, restar impulso a una economía que ya crece poco. Sin embargo, mantener el déficit elevado tampoco resuelve la problemática, pues profundiza el endeudamiento en un entorno muy complejo, enmarcado en semanas recientes por preocupaciones en torno a los abultados déficits fiscales de las economías desarrolladas.

De acuerdo con los Pre Criterios Hacienda proyecta que el déficit fiscal bajará a 4.1 por ciento del PIB al cierre del 2026 y 3.5 por ciento en el 2027. El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, la medida más amplia de la deuda del país, se ubicará en 54.7 por ciento del producto interno bruto al cierre del 2026 y avanzará a 55 por ciento en el 2027. Cada punto adicional de deuda reduce el margen frente a las calificadoras, que ya colocaron a México en el último escalón del grado de inversión, y a este paso alcanzaremos el umbral del 60 por ciento, deuda neta a PIB en el 2030, límite que las propias calificadoras han señalado como preocupante.

A esto se suma el peso de Pemex y de CFE, que en el 2025 recibieron apoyos guberna mentales equivalentes a 2.0 por ciento del PIB y que seguirán demandando recursos mientras no exista una mejora estructural en su operación. Moody’s ha señalado que la combinación de gasto rígido, ingresos limitados y respaldo constante a la petrolera explica el deterioro más rápido de lo previsto en los indicadores de deuda.

Si la consolidación no se logra y la deuda sigue abultándose, sumado a un crecimiento apenas moderado, podría terminar por costarle a México el grado de inversión que hoy sostiene con Moody’s, Fitch y S&P Global apenas un escalón por encima del umbral especulativo.

El PIB será el indicador a seguir de manera puntual, no porque el crecimiento determine por sí solo el grado de inversión, sino porque revela si México podrá estabilizar su deuda sin asfixiar la economía. Con pensiones, intereses y apoyos a Pemex presionando el gasto, México deberá demostrar que puede ordenar sus finanzas sin sacrificar la inversión ni su capacidad de crecer.

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