Estos primeros días del año han traído al mundo de cabeza con la nueva variante ómnicron, en la que varios especialistas se han aventurado a pronosticar que será la capitulación de la pandemia. Hay mucha incertidumbre en torno a esta ola, lo que puede significar un riesgo a la baja para el crecimiento económico mundial y al alza para la inflación. Al margen de la evolución de la pandemia, este año no será fácil. Se comenzarán a cobrar varias facturas que tendrán un efecto en la economía y los mercados. Así lo dejaron ver las minutas de la última reunión de política monetaria de la Reserva Federal, donde los miembros señalaron su disposición a aumentar las tasas de interés y comenzar a reducir su hoja de balance, en un episodio de marcada volatilidad. Aunado a ello, los choques en las cadenas de suministro y la persistencia en la inflación serán cuestiones determinantes para confirmar la trayectoria de crecimiento esperada de la economía global.
En México el entorno no está exento de riesgos, y nos enfrentaremos a un año complejo en lo económico y político. La actividad económica para 2022 habrá de crecer más bien por cuestiones inerciales y por las condiciones de holgura. El crecimiento del PIB será entre 1.5 a 2.5 por ciento impulsado por las exportaciones, que resultarán ser el factor determinante del crecimiento económico, dada la solidez en la recuperación de nuestro principal socio comercial. El consumo se mantendrá en terreno de expansión, pero su crecimiento será de regresión hacia la media, explicado por la recuperación en la creación de empleos, pero con riesgos importantes como las presiones en la inflación y menores ingresos en términos reales. Es importante señalar que el crecimiento en la economía será desigual por sectores y regiones, polarizando aún más la situación que se ha generado en años anteriores.
Para la inflación el descenso durante 2022 será lento. Por un lado, los choques de la oferta continuarán afectando la trayectoria de los precios, las cadenas productivas se normalizarán hasta finales del año, lo que mantendrá las presiones sobre productores para trasladar mayores costos al consumidor, al tiempo que seguiremos importando parte de la elevada inflación de Estados Unidos. El alza de los energéticos se mantiene como un riesgo adicional. Dado que buena parte de estos fenómenos se manifiestan en la inflación subyacente, su reversión será difícil e implicará esfuerzos más importantes de Banxico. Adicionalmente, en un entorno en el que la política monetaria en Estados Unidos comienza a normalizarse, es natural esperar una depreciación en el tipo de cambio, lo que contribuirá como un factor adicional, por lo tanto la inflación pudiera superar con relativa facilidad el 5 por ciento a finales del año.
Con respecto a las tasas de referencia, Banco de México ha iniciado un ciclo restrictivo, que deberá continuar durante el año. El ‘deber ser’ del organismo central será combatir a todas luces una inflación que se ha acelerado de manera significativa, lo que sumado a una política monetaria que comenzará a ser restrictiva en Estados Unidos, es de esperar un aumento de al menos 125 puntos base a la tasa de referencia en México para ubicarla entre 6.75-7 por ciento para finales del año.
En cuanto al tipo de cambio, veríamos una tendencia de depreciación en el peso. Estados Unidos ha iniciado la normalización monetaria por los considerables riesgos de inflación, lo que favorecerá al dólar. La depreciación debería ser moderada, pero constante. Un tipo de cambio al cierre de 2022 que se ubique por encima de 22 pesos no es descartable; sin embargo, habrá episodios de volatilidad. El escenario podría variar de acuerdo a la evolución de la inflación en Estados Unidos y México así como la agresividad de las acciones de la Fed y Banxico.
Estos supuestos macroeconómicos están sujetos a varios riesgos en el escenario, lo que pudiera modificar sustancialmente las proyecciones expresadas en este texto. Considerando los que vislumbramos, el año será de contención e inflación.