Alejandra Marcos

La creciente inquietud de los inversionistas

Pese a los temores, pareciera que el consenso de analistas sigue anticipando un avance, pues estima que al cierre del 2027 el S&P500 alcanzará un nivel de 8,769 puntos, lo que se traduce en un rendimiento del 18 por ciento.

Cada vez con mayor frecuencia se escuchan inquietudes sobre el nivel que han alcanzado los principales indicadores bursátiles en Estados Unidos. Si bien es cierto que el S&P500 no ha tocado nuevos máximos de manera reciente, se mantiene en la parte alta del rango. Y llama aún más la atención que, el entorno de tasas de interés se ha endurecido, dejando entrever renovados temores inflacionarios. ¿Será que las valuaciones actuales alcanzaron un nivel que ya no admite holgura? Pese a los temores, pareciera que el consenso de analistas sigue anticipando un avance, pues estima que al cierre del 2027 el S&P500 alcanzará un nivel de 8,769 puntos, lo que se traduce en un rendimiento del 18 por ciento. Y no hay inquietudes generalizadas sobre la falta de acompañamiento de los fundamentales en las proyecciones.

El indicador que mejor resume esta divergencia es el CAPE de Robert Shiller, que resulta de dividir el precio del índice entre el promedio de las utilidades por acción de la última década, pero ajustadas por inflación. En julio del 2026 se ubica en 39.6 veces, frente a un promedio histórico de 26.4 veces, el nivel actual ha sido superado por el observado en el pico de la burbuja de las empresas puntocom en el año 2000. A pesar de esa tensión, nadie sabe si habrá una corrección, pues la lectura de este múltiplo per se no es predictiva, aunque los niveles del múltiplo señalan una vulnerabilidad. Aunado a ello, la prima de riesgo para participar en el mercado de renta variable se ha comprimido cerca de 400 puntos base, lo que representa una fragilidad adicional.

A esto, se suma un mercado de renta fija que ofrece rendimientos cada vez más elevados. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años se mantiene en un nivel superior de 4.5 por ciento, mientras el de treinta años ronda niveles por encima del 5 por ciento, cifras no vistas con esta persistencia desde el año 2023, y que pueden desviar el apetito por mantener activos considerados de riesgo.

El mercado está dividido entre dos lecturas incompatibles. Una parte de los agentes del mercado confía en que el crecimiento de utilidades, impulsado por la inversión en inteligencia artificial, seguirá justificando valuaciones elevadas, tal y como ha ocurrido buena parte de este ciclo. Otro grupo, más cauteloso, advierte que la concentración del índice en unas cuantas empresas de tecnología y que representan cerca del 37 por ciento de la capitalización total, reproduce el patrón de otras revoluciones tecnológicas que en su momento también prometieron rendimientos extraordinarios y terminaron generando sobreinversión, compresión de márgenes y pérdidas para quienes llegaron tarde. El ferrocarril, la electricidad y el internet transformaron la economía global sin que ello se tradujera, para buena parte de sus inversionistas originales, en beneficios proporcionales.

Sin embargo, la fragilidad no reside únicamente en la valuación, sino en su convivencia con debilidades macrofinancieras que en ciclos anteriores no estaban presentes con esta intensidad. La deuda pública de las economías avanzadas ha regresado a niveles cercanos a los del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, con Estados Unidos sosteniendo mas del 140 por ciento, al tiempo que su déficit fiscal es superior al 6 por ciento del PIB. A esto se suman presiones inflacionarias persistentes y un entorno geopolítico que erosiona el orden internacional y que había sido el ancla de los últimos años para los mercados desarrollados.

Nadie puede anticipar con precisión cuándo se corregirá el mercado, pues la exhuberancia irracional ha demostrado en otros momentos de la historia que puede prolongarse durante más tiempo del que sugiere cualquier modelo de valuación. Lo que sí puede afirmarse es que la combinación de valuaciones históricamente elevadas, una prima de riesgo accionario comprimida y un entorno de tasas que ya no ofrece el mismo amortiguador reduce el margen de error frente a cualquier tropiezo. Cuando las utilidades tecnológicas decepcionen, y en algún momento lo harán, el golpe será más caro de lo que el mercado parece dispuesto a admitir hoy, pues las fragilidades son evidentes, solo que algunos han preferido dejarlas a un lado.

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