La inflación en Estados Unidos de septiembre nuevamente superó estimados al ubicarse en 5.4 por ciento anual, registrando una aceleración contra el mes previo, avivando las preocupaciones sobre su trayectoria ascendente. Al interior se observan presiones en energéticos, que muestran incrementos de doble dígito, y alzas particularmente importantes en los precios de las viviendas.
El carácter transitorio de la inflación ha sido motivo de diversas discusiones, polarizando posturas entre quienes afirman que es temporal, al tiempo que otros difieren, argumentando que se ha convertido en el principal riesgo al panorama de recuperación económica mundial; incluso se empieza a hablar sobre los riesgos de estanflación. La acentuación en el ritmo de crecimiento de los precios ha sido de mayor duración de lo inicialmente estimado. La disparidad en los impactos de las diferentes olas de la pandemia, ha traído aparejado constantes choques en la oferta por las disrupciones en las cadenas de suministro, cuellos de botella importantes y afectaciones en el sector manufacturero a nivel global. Mientras que por el lado de la demanda, la puesta en marcha de políticas fiscales y monetarias expansivas sin precedentes ha traído aparejado un consumo más vigoroso de lo inicialmente estimado. En Estados Unidos la demanda de bienes duraderos alcanzó su pico en abril y se ha desacelerado muy lentamente. La crisis sanitaria ha provocado restricciones en la oferta, frente a una demanda que se mantiene firme.
Recientemente la inflación ha sido impactada por los costos de logística y transporte, que se han incrementado sustancialmente. Los precios de los contendores se han incrementado diez veces su costo, derivado de una severa congestión en los puertos de China y Estados Unidos. Encima de ello, hay escasez de trabajadores, lo que ha hecho difícil a las empresas hacer sus entregas en tiempo y forma, lo que ha venido impactando desfavorablemente a los inventarios. Adicionalmente las sequías extremas ocurridas en el año han originado presiones en los precios de los alimentos. De acuerdo con la FAO, los alimentos se han encarecido en 32.8 por ciento en los últimos 12 meses.
Ahora un nuevo choque en la inflación se ha originado por los incrementos inusuales de los precios de los energéticos. La reapertura económica aceleró de sobremanera la demanda de energía a nivel global, mientras que el panorama se complicará aún más de cara al invierno, cuando se espera un incremento sustancial de la demanda; en especial si el invierno es más crudo de lo normal. Ello, al tiempo que se mantiene una oferta controlada. La transición energética ha sido un detonante adicional, porque busca migrar la producción hacia fuentes limpias o renovables, mediante firmes regulaciones que limitan la capacidad de producir energía con combustibles fósiles. La demanda por energía en la reapertura ha superado con creces la capacidad de oferta desde fuentes renovables o limpias, originando un shock energético en prácticamente todo el orbe. Los mayores precios de la energía amenazan con reforzar el incremento en los costos de producción de las empresas, e incluso provocar mayor escasez. De hecho, en los años setenta la elevada inflación registrada en Estados Unidos fue producto del aumento abrupto en el precio del petróleo, situación que pudiera repetirse en esta ocasión.
Una inflación que ha superado la propia trayectoria que ha dibujado la Reserva Federal, decantará al banco central a comenzar a retirar estímulos con la finalidad de evitar un sobrecalentamiento de la economía. En las minutas de la última reunión de política monetaria, confirmaron que existe consenso entre los miembros de iniciar el retiro del programa de compras hacia el final del año. La percepción entre los diversos agentes del mercado de mayor tolerancia a la elevada inflación por parte del organismo central puede dañar las expectativas, originando a la postre inestabilidad de los mercados financieros.