Durante la junta de ABAC II / APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) en Ciudad de México, la semana pasada, uno de los temas centrales que tuvimos fue cómo la economía digital ha transformado la forma en que las sociedades generan valor, intercambian bienes, servicios y se comunican. Este cambio plantea retos y oportunidades, especialmente en un contexto donde la sostenibilidad se ha convertido en imperativo global. En México y toda América Latina, se presentan oportunidades únicas para integrar la energía renovable en este nuevo paradigma económico.
Retos de la Economía Digital
1. Requerimientos de Energía: El crecimiento de la economía digital implica un aumento significativo en el consumo de energía. Las infraestructuras digitales, como los centros de datos y las redes de telecomunicaciones, requieren grandes cantidades de electricidad, lo que puede intensificar la demanda de recursos energéticos tradicionales.
2. Sostenibilidad: La huella de carbono de las empresas digitales y el impacto ambiental de la producción de dispositivos tecnológicos son preocupaciones crecientes que ya se están abordando.
Oportunidades para México y la Región
1. Potencial de Energías Renovables: México tiene un gran potencial en energías renovables, como la solar y eólica. Aprovechar estos recursos puede proporcionar la energía necesaria para impulsar una economía digital sostenible. Con inversiones adecuadas y políticas públicas que promuevan la transición energética, el país puede convertirse en un líder regional del sector.
2. Inversiones en Infraestructura Verde: Al desarrollar infraestructuras que utilicen energía renovable, México puede satisfacer sus necesidades energéticas y atraer inversiones extranjeras que buscan operaciones sostenibles y responsables. Esto puede incluir desde centros de datos alimentados por energía solar hasta empresas tecnológicas que operen en un marco de sostenibilidad.
3. Creación de Empleos Verdes y Digitales: La convergencia entre economías digitales y energías renovables fomenta la creación de empleos en sectores emergentes. Contribuyendo al crecimiento económico y ayudando a cerrar la brecha de desigualdad en el acceso a empleos tecnológicos.
4. Colaboración Regional: La colaboración entre países de América Latina puede potenciar el desarrollo de tecnologías limpias y abordar la infraestructura necesaria para respaldar economías digitales. Iniciativas conjuntas facilitan el intercambio de conocimientos y recursos, fortaleciendo la posición regional en el mercado global.
La conversación sobre economías digitales suele ser superficial: innovación, talento, datos, inteligencia artificial. Pero hay un tema estructural que rara vez ocupa el centro del debate y que, sin embargo, definirá quién lidera esta nueva era: la energía.
Las economías digitales no flotan en la nube; están ancladas a una infraestructura física intensiva en consumo energético. Los centros de datos, la expansión de la inteligencia artificial, las redes 5G y el almacenamiento masivo de información, como mencioné, están disparando la demanda eléctrica a niveles sin precedentes. Tecnologías como el entrenamiento de modelos avanzados de IA o el procesamiento en tiempo real requieren una potencia constante, confiable y, cada vez más, limpia. La ecuación es clara: No hay economía digital sin energía. No hay competitividad sostenible sin energía verde.
México tiene una combinación poco común: ubicación geográfica privilegiada, integración comercial profunda con Estados Unidos y Canadá, abundancia de recursos solares y eólicos, y un ecosistema industrial en evolución. Permitiéndole aspirar a ser consumidor de economías digitales y a convertirse en un hub de infraestructura digital sostenible.
El norte del país tiene uno de los mayores potenciales solares del mundo. El Istmo de Tehuantepec, en el sur, posee condiciones eólicas excepcionales. Si estos recursos se articulan con inversiones en redes inteligentes, almacenamiento energético y marcos regulatorios modernos, México podría ofrecer algo que pocos países pueden: energía renovable a escala, competitiva y cercana a los mayores mercados digitales del planeta.
Esto abre la puerta a un posicionamiento estratégico: atraer centros de datos “verdes”, infraestructura de cómputo intensivo y operaciones digitales de alto valor agregado que requieran conectividad y sostenibilidad.Empresas tecnológicas globales están redefiniendo sus criterios de inversión; buscan ubicaciones donde puedan cumplir sus metas de carbono neutralidad. América Latina, y México en particular, puede ser parte de esa respuesta.
El futuro no será simplemente digital. Será digital y sostenible, o no será viable.
México tiene frente a sí una disyuntiva: ser espectador de la expansión de las economías digitales globales o convertirse en uno de sus habilitadores claves. La diferencia entre ambos escenarios no la marcará únicamente la innovación tecnológica, sino la capacidad de encender esa innovación con energía limpia.
México y la región de América Latina enfrentan retos significativos al tratar de implementar economías digitales sostenibles, pero también cuentan con oportunidades únicas para liderar la transición hacia un modelo energético más limpio. Al aprovechar su potencial en energías renovables y fomentar inversiones en infraestructura verde, la región puede estabilizar su crecimiento económico, contribuir a un futuro más sostenible y equitativo. Esta visión integrada de sostenibilidad y economía digital es fundamental para afrontar los desafíos del siglo XXI y fundamental para:
¡¡¡Detonar miles de nuevos proyectos sostenibles anclados en la economía digital!!!
