Ayer, 6 de noviembre de 2025, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió reducir el objetivo de la Tasa de Interés Interbancaria a un día en 25 puntos básicos, dejándola en 7.25% a partir del 7 de noviembre.
El anuncio fue adoptado por mayoría; la decisión tuvo votos divididos y, nuevamente, hubo disidencias en la Junta.
El comunicado oficial subraya que el banco valorará recortes adicionales, pero adopta un tono más cauteloso ante la persistencia de la inflación subyacente y la fragilidad del panorama económico.
Desde la perspectiva de la teoría y de la evidencia empírica sobre la política monetaria, la decisión tiene sentido táctico, pero acarrea riesgos estratégicos reales.
En esta entrega me gustaría compartir las razones que probablemente motivaron la medida, los riesgos asociados y las recomendaciones de política —con anclaje en la literatura clásica y trabajos recientes relevantes.
Como primer punto, ¿por qué recortar la tasa ahora? Los datos publicados por el INEGI para el tercer trimestre muestran una contracción de la actividad que, aun cuando puede ser temporal, incrementa el costo social y político de mantener una postura monetaria estricta.
Banxico reconoce la desaceleración en su comunicado y vincula el alivio monetario a la necesidad de apoyar la demanda interna, lo cual le aleja de su mandato único de estabilidad en los previos.
Al respecto, como vimos en la entrega pasada, la trayectoria de la inflación general ha mejorado, pero el componente subyacente inflacionario sigue por encima del objetivo o en niveles que impiden relajar la política con total confianza.
Es consistente con el comunicado y las notas de prensa que hablan de “persistencia” de la inflación subyacente como razón para un tono más cauteloso.
Analistas de mercado y bancos de inversión interpretan que Banxico ha trasladado la política hacia un rango más neutral, reduciendo los márgenes de restricción que se registraron en 2023–2024; el recorte extiende ese proceso y busca evitar una política que asfixie la recuperación.
Informes de casas de análisis y bancos han anticipado recortes graduales en esa dirección. En este caso, un recorte en tasas bien comunicado puede ayudar a reducir los costos financieros de empresas y hogares, amortiguando la desaceleración y, si se acompaña de una guía clara sobre los objetivos de inflación, puede evitar desplazamientos peligrosos e innecesarios de las expectativas.
Finalmente, aquí debe destacarse la importancia de la comunicación (forward guidance) y la coordinación con la política fiscal y la regulación financiera.
Por otra parte, la decisión conlleva riesgos asociados justamente al “desanclaje de expectativas” y al potencial sesgo inflacionario. La literatura académica sobre la inconsistencia temporal destacando a Kydland & Prescott (1977), y Barro & Gordon (1983) muestra que el reconocimiento público de objetivos no basta: la credibilidad es clave para una política efectiva.
Recortes prematuros, si se perciben como oportunistas, pueden reactivar expectativas inflacionarias y traducirse en salarios y precios más altos.
En economías donde la historia reciente evidencia tensiones entre objetivos macroeconómicos, la prudencia reputacional pesa mucho.
En particular, si la inflación subyacente no sigue la senda descendente, la política podría quedar detrás de la curva, obligando a futuros ajustes más agresivos que perjudiquen el desempeño económico.
La decisión de ayer ya incorpora cautela al señalar que el banco será dependiente de los datos observados, pero, aun así, la trayectoria de la inflación es la variable crítica.
Cabe señalar que bajar la tasa nominal de referencia no garantiza transmisión total si el sistema financiero no reduce sus tasas activas o si persisten fricciones de crédito.
Además, recortes en un contexto de debilidad pueden elevar el riesgo crediticio si no se acompañan de supervisión y buffers adecuados como lo muestran precisamente estudios de BIS y Banxico sobre los flujos de capital y los canales de transmisión de la política monetaria.
Volviendo al punto central de expectativas y credibilidad, Kydland & Prescott y Barro & Gordon advierten que la tentación de estimular la demanda a corto plazo puede resultar en mayor inflación futura; la forma de evitarlo es con reglas claras, metas y comunicación creíble.
Por eso resulta fundamental mantener la comunicación clara y condicional, explicando las razones del recorte, detallando criterios sobre qué indicadores precisa Banxico para seguir recortando, y ligar la acción a objetivos de inflación de mediano plazo.
Esto reduce el riesgo reputacional, una variable que en esta columna hemos señalado como uno de los activos más importantes en política económica.
Finalmente, es importante vigilar de cerca la inflación subyacente y las expectativas inflacionarias, así como garantizar la liquidez en moneda extranjera (líneas swap, buffers) y mantener la comunicación con inversionistas, recordando que la estabilidad cambiaria es complementaria para la efectividad de la política monetaria.
En conclusión, el recorte anunciado ayer por Banxico responde a una lógica macroeconómica defensiva y menos ortodoxa: contener la desaceleración sin abandonar la meta de inflación.
Sin embargo, la frontera entre un ajuste prudente y una pérdida de ancla en las expectativas es estrecha y puede acarrear costos de reputación muy altos.
La literatura clásica y trabajos más recientes sobre reglas y capitales globales ofrecen una guía clara: la clave de la efectividad en la política monetaria no es sólo el nivel de la tasa, sino la credibilidad con que se actúa y comunica.
Si Banxico acompaña este movimiento con transparencia, objetivos condicionales y coordinación macroprudencial, el recorte reciente puede mejorar la trayectoria del producto sin sacrificar la convergencia de la inflación, pese a que lo primero no está presente en su mandato constitucional.
De no hacerse así, la institución corre el riesgo de encarecer la corrección futura, un costo que, desde la perspectiva de bienestar social y eficiencia intertemporal de la política monetaria, resulta fundamental evitar.