Monterrey

Pablo de la Peña: Presupuestos alegres con peligro financiero para el 2026

El gobierno de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, recientemente entregó al Congreso su iniciativa de Ley de Ingresos para el 2026 y su proyecto de Decreto de Egresos para el mismo año.

Si bien, este es el segundo presupuesto de operación de la administración federal, yo podría decir que en realidad es el primer presupuesto de ingresos y egresos que debe reflejar al 100 por ciento los proyectos prioritarios de su administración. En función de la manera en que distribuye sus recursos se reflejan sus prioridades políticas.

Este nuevo presupuesto para el 2026 estima ingresos por $10,193,683.7 millones de pesos, digamos que es $10.193 billones de pesos, para facilitar la lectura.

Por supuesto los egresos deberán de ser de la misma cantidad para el año siguiente. Pero aquí hay tres cosas interesantes; una, los ingresos reales no siempre son los estimados (comúnmente son menos); dos, los gastos reales comúnmente terminan siendo mayores; y tres, cuál es la manera en que se distribuyen esos gastos, es decir, ¿a qué se le da prioridad?

La proyección de ingresos para el 2026 muestra un crecimiento del 9.6 por ciento sobre la estimación de ingresos del 2025. Es significativamente más alta que el 2.6 por ciento de incremento que tuvo en el 2025 respecto al 2024.

Pero la pregunta relevante es si se van a cumplir o no esos ingresos. Veamos, en el primer año de gobierno de López Obrador se estimaron ingresos por $5.84 billones de pesos y solo se obtuvieron $5.35 billones de pesos.

Esto quiere decir, que le fallaron por más de $450 mil millones de pesos de ingresos a lo estimado. Un dato notable es que el incremento entre el segundo presupuesto de López Obrador y este segundo presupuesto de Sheinbaum es prácticamente de un 67 por ciento, cuando la inflación acumulada se estima aproximadamente en un 35 por ciento en estos 5 años.

Es decir, tanto los ingresos esperados como los gastos superan por el doble, aproximadamente, al incremento de la inflación acumulada en los últimos años. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿cuál es la base de la expectativa de estos incrementos? ¿son razonables los criterios base para las estimaciones en el presupuesto público?

En los últimos seis años, los ingresos esperados han sido consistentemente menores a los ingresos reales. Como ejemplo, durante el 2023, se tuvo un 15 por ciento menos de los ingresos esperados, y en el 2024 su tuvo un 17 por ciento menos de lo que se estimó.

No tengo duda de que en este año también se tendrán ingresos reales menores a lo estimado.

En relación con los criterios que se tomaron de base para realizar el presupuesto, llama la atención el optimismo con el que estiman el crecimiento económico del país, no solo para este 2025 sino también para el 2026.

En el documento Criterios Generales de Política Económica para el 2026 que publica la Secretaría de Hacienda, se estima que la economía mexicana crecerá en este 2025 entre un 2 y un 3 por ciento, de hecho, esa fue la estimación hace un año cuando se elaboró el presupuesto para este 2025; pero todo indica que el PIB del país crecerá entre 1 y 1.5 por ciento en este año.

Ahora bien, ¿en qué se estarán gastando el dinero para el 2026? Comúnmente las cuentas de los ramos generales y administrativos se llevan casi el 80 por ciento del presupuesto de los $10.193 billones de pesos.

Pero especialmente hay que destacar que el pago de deuda se está estimando en un casi 13 por ciento del presupuesto, esto es $1.3 billones de pesos, esto es mayor a los recursos destinados en el ramo 33 que son las aportaciones federales para las entidades federativas y municipios.

En el 2020, segundo año de López Obrador, el gasto por la deuda representaba el 9 por ciento del presupuesto total, esto era 543.35 mil millones de pesos, prácticamente la mitad de la cifra para el 2026.

El incremento de la deuda es consecuencia de que los egresos se incrementan más rápido que los ingresos, y es claro que este “segundo piso de la 4T” continuará favoreciendo el gasto social a la inversión pública.

Es entendible las grandes necesidades que tenemos en el país respecto a la seguridad social, a la educación y a la atención de grupos menos favorecidos, pero considero que los recursos ejercidos en los programas sociales prioritarios no necesariamente contribuyen al desarrollo social sostenible para las siguientes generaciones.

En este presupuesto para el 2026, se destinarán $987,160 millones de pesos en programas sociales y solamente $536,806 millones para inversión pública en proyectos prioritarios, como lo son los nuevos trenes que la presidenta ha anunciado.

Es decir, se destinará el 9.7 por ciento del presupuesto en programas sociales, pero solamente el 5.3 por ciento en inversión pública, y prácticamente 1 de cada 2 pesos de los programas sociales se destinará a la pensión para adultos mayores.

El nuevo presupuesto enviado a la Cámara de Diputados para el ejercicio del Gobierno Federal en el 2026 supera los $10 billones de pesos, la experiencia nos dice que los ingresos serán menores a los presupuestados y los egresos serán mayores, por lo que seguiremos viendo incrementos en el costo de la deuda año tras año, a menos que corten gastos o hagan una reforma fiscal con incrementos de impuestos para financiar el gasto social que continúa creciendo de manera comprometida.

Pablo de la Peña

Pablo de la Peña

Decano Asociado de Educación Continua de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno y director de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública, profesor del Tec de Monterrey de Economía y de Gestión Pública Aplicada.

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