En México, hablar de comercio exterior es hablar de agentes aduanales. Estas figuras han acompañado al país por más de un siglo y hoy, en pleno 2025, vuelven a estar en el centro de la discusión por las reformas que se proponen a la Ley Aduanera. La pregunta es inevitable: ¿qué tanto cambiará su papel en un mundo donde la tecnología y la seguridad marcan las reglas del juego?
Una figura con historia
El agente aduanal es la persona física autorizada por la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) para representar a los importadores y exportadores en el despacho de mercancías. Dicho en sencillo: es el puente entre quienes hacen negocios con mercancías de comercio exterior y la autoridad que regula la entrada y salida de bienes del país.
Lejos de ser simples “tramitadores”, los agentes aduanales son asesores técnicos, especialistas en regulaciones y, en buena medida, guardianes de la legalidad. Desde finales del siglo XIX ya existían normas que les daban este papel, y con el paso del tiempo se han vuelto indispensables para que el comercio internacional de México fluya sin contratiempos.
En 2018, la creación de las llamadas Agencias Aduanales o patentes corporativas abrió la puerta a que empresas, y no solo personas físicas, pudieran tener esa representación. Fue un cambio importante porque aseguró continuidad a inversiones y estructuras empresariales que dependen de la operación aduanera.
¿Qué traen las reformas de 2025?
Las iniciativas en discusión este año buscan modernizar y, en algunos casos, endurecer las reglas del juego. Algunos de los puntos más destacados son:
Digitalización total. El despacho aduanero migrará a sistemas 100% electrónicos con tecnologías como blockchain e inteligencia artificial. Esto promete mayor rapidez, pero también obliga a los agentes a dominar nuevas herramientas tecnológicas.
Más responsabilidades. Hoy los agentes ya son responsables de la información que transmiten a la Aduana. Con la reforma propuesta, también podrían responder directamente por temas contributivos, ambientales, sanitarios y de seguridad.
Flexibilidad geográfica. Hasta ahora, un agente solo puede operar en cuatro aduanas. La propuesta podrá cambiar este esquema, siempre que cuenten con infraestructura y certificaciones.
Impulso al modelo corporativo. Aunque se reconoce el papel personalísimo del agente, considero que la tendencia es fortalecer a las agencias aduanales como estructuras empresariales más grandes y profesionalizadas, con renovaciones en su autorización.
¿Monopolio o necesidad?
Algunos críticos señalan que la obligatoriedad de recurrir a un agente aduanal configura un monopolio. No obstante, la realidad es que las operaciones de comercio exterior son cada vez más complejas: regulaciones arancelarias y no arancelarias, cuotas compensatorias, certificados sanitarios, medidas ambientales y un sinfín de requisitos que hacen muy arriesgado que los importadores o exportadores operen por sí mismos.
El agente aduanal, además de representar, da certeza. Su conocimiento técnico y su responsabilidad solidaria hacen que la autoridad y los particulares confíen en él. En un sistema basado en la autodeclaración —es decir, que el propio contribuyente informa lo que importa o exporta—, contar con un especialista no solo facilita el proceso: lo vuelve más seguro.
Los grandes retos
La reforma de 2025 a la Ley Aduanera abre oportunidades, pero también retos para el gremio:
Actualizarse tecnológicamente. La incorporación de inteligencia artificial y sistemas de ciberseguridad exige inversiones y capacitación constante.
Asumir nuevas responsabilidades. Los temas ambientales y de seguridad ya no serán periféricos, sino parte central de su trabajo.
Equilibrar lo individual y lo corporativo. Las agencias aduanales pueden aportar estabilidad, pero no deben borrar la esencia del trato personal y la confianza que caracteriza a esta profesión.
Trabajar de la mano con la autoridad. La ANAM/SAT tendrán que garantizar reglas claras y acompañar con capacitación para que las nuevas obligaciones no se conviertan en cargas excesivas.
Conclusión
El comercio exterior es motor de la economía mexicana: representa más del 70% del PIB. Por eso, cualquier cambio en la Ley Aduanera tiene repercusiones directas en la competitividad del país.
Los agentes aduanales seguirán siendo piezas clave. Lejos de desaparecer, su papel se transformará: de intermediarios tradicionales a asesores tecnológicos, responsables de las medidas no arancelarias y promotores de derechos en las aduanas. El reto será encontrar el equilibrio entre modernización y confianza, entre la adopción de nuevas tecnologías y la preservación de la esencia profesional que los ha caracterizado.
En otras palabras, los agentes aduanales no son un obstáculo: son la llave que puede abrir la puerta a una aduana mexicana del siglo XXI, más moderna, más justa y más competitiva.