Monterrey

Edgardo Cayón: Tierras raras: el nuevo campo de batalla de la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China

Un artículo del Telegraph, escrito por Cameron Herdenson, confirma lo que muchos vaticinaban como consecuencia de los aranceles que Estados Unidos ha impuesto a la República Popular China: la crisis que está enfrentando la industria militar de Estados Unidos, como consecuencia de los controles de exportación que China ha impuesto a las tierras raras que, en otras palabras, son materias primas esenciales para la industria militar de Estados Unidos.

En especial, las tierras raras que se emplean en la fabricación de artículos de rayos infrarrojos como el germanio, o como el neodimio y el samario que son esenciales para aumentar la capacidad de los imanes que son los componentes esenciales de los motores de los drones (especialmente los de uso militar que se utilizan en la guerra de Ucrania actualmente).

Con base en la información del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS), hoy en día se estima que China controla el 99% del mercado de equipos de refinamiento de tierras raras pesadas y entre el 60 y 70% de todas las tierras raras a nivel global.

Utilizando una parte de Sun Tzu en el Arte de la Guerra, “Ataca al enemigo en su punto más débil, pero protege tus puntos más fuertes”, pareciera que los chinos han aplicado este consejo a cabalidad, en lo que se refiere a activos estratégicos, en especial a aquellos relacionados con las cadenas de suministro de materias primas.

Lo que causa sorpresa es que Estados Unidos siempre había sido, por su rol geopolítico, líder en lo referente a reservas estratégicas de materias primas y productos esenciales, como lo son las reservas estratégicas de petróleo (estimadas en 714 millones de barriles) en una serie de cavernas en Texas o la reserva estratégica de fármacos que se encuentra repartida en 12 lugares secretos, dentro del territorio de Estados Unidos, para atender las necesidades fitosanitarias de la población en caso de guerra o algún otro tipo de contingencia.

Tal parece que la obsesión por crear reservas estratégicas ha llegado al punto de aprobar recientemente en Texas una reserva estratégica de Bitcoin, mientras se ha pasado por alto establecer una reserva estratégica de tierras raras. Esto resulta especialmente crítico cuando Estados Unidos decide, de manera unilateral, entrar en conflicto comercial con su principal —y en algunos casos único— proveedor de estos materiales esenciales: China, pieza clave para el mayor complejo industrial-militar del mundo que es el de Estados Unidos.

Lo interesante es que, mientras Estados Unidos ha descuidado durante años el tema de las tierras raras, China lo ha capitalizado de manera estratégica en las últimas tres décadas.

Una de las principales barreras para su explotación en economías desarrolladas han sido las severas consecuencias ambientales de su producción, a lo que se suma la necesidad de realizar fuertes inversiones en tecnología con retornos económicos inciertos. Estas condiciones han desincentivado al sector privado, que no suele ver en las tierras raras una inversión atractiva.

China, en cambio, apostó decididamente por una política de inversión estatal orientada a fortalecer la capacidad tecnológica en este sector, considerado marginal por muchos, pero con un potencial estratégico y geopolítico único. Como resultado, sus empresas estatales de minería y procesamiento de materias primas se han consolidado hasta figurar, en numerosos casos, entre las 500 compañías más grandes del mundo, evidenciando el alcance de esta visión de largo plazo.

Aunque en términos comerciales las tierras raras no representan un volumen económico comparable con el acero u otras materias primas, su valor estratégico es incuestionable: son insumos esenciales para la producción de bienes de alta tecnología, tanto civiles como militares. En este sentido, la inversión sostenida de China en esta industria se ha convertido en un activo geopolítico clave, que hoy le otorga poder de negociación frente a la ofensiva comercial de Estados Unidos.

Es más, en este año, el Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció inversiones directas en compañías que están intentando producir y procesar tierras raras dentro de Estados Unidos (un ejemplo es la compañía MP Materials), pero se estima que, en el mejor de los casos, a Estados Unidos le llevaría por lo menos de 10 a 20 años alcanzar los volúmenes de producción y procesamiento de China.

En los próximos meses veremos si esta “carta estratégica” de China se traduce en un relajamiento de ciertas restricciones impuestas por Washington al gigante asiático.

El autor es Profesor del Departamento de Finanzas y Economía de Negocios de EGADE Business School.

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