Monterrey

Rogelio Segovia: ¿Qué pasa si dejamos de leer?

En México, el promedio es de 3.4 libros por adulto, según datos del INEGI en 2023, con una disminución respecto a años anteriores.

Hace unos días leí un extracto del discurso con el que José Saramago inauguró la XVI Feria del Libro de Granada en 1999, publicado posteriormente bajo el título Nuestro libro de cada día.

En aquel discurso, el autor portugués expuso una teoría que aseguró no sería muy popular, “incluso podría decirse que no es políticamente correcta”. Y añadió: “La lectura no es obligatoria. Leer no es obligatorio”.

Después de explicar por qué la lectura no debe considerarse una obligación ni mucho menos imponerse, Saramago concluyó: “La lectura no es ninguna obligación. La lectura es una devoción, es una pasión, es un amor”.

Desde luego, la lectura es pasión, es amor. Y también es cierto que, a diferencia de otras formas de expresión artística, como la pintura, puede resultar aburrida e intimidante. Uno puede contemplar “La noche estrellada de Vincent van Gogh” y, aunque no sea experto en pintura, disfrutar de cómo cada estrella parece viva. O experimentar una sensación de aprensión al ver “Saturno devorando a su hijo”, donde Goya retrata el acto brutal del dios Saturno al devorar a su propio hijo.

Pero tener en las manos un libro grueso, con letras negras y más de 500 páginas… Así se trate de “El nombre de la rosa de Umberto Eco”, una gran novela policial ambientada en una abadía, no deja de ser imponente y abrumador sostener el texto. Leer siempre ha sido una molestia. “Un libro grande”, dijo Calímaco, antiguo poeta griego, “es un gran mal”.

En términos generales, la gente lee poco. El estadounidense promedio, por ejemplo, lee entre 12 y 13 libros al año.

En México, el promedio es de 3.4 libros por adulto, según datos del INEGI en 2023, con una disminución respecto a años anteriores. Y, en general, la lectura está estrechamente vinculada al nivel de educación universitaria.

¿En realidad tiene alguna afectación leer tan poco? Al parecer sí. Un estudio publicado recientemente por The Economist (4 de septiembre de 2025) advierte que, a medida que la gente lee menos, piensa con menos claridad.

De acuerdo con esa publicación, múltiples estudios muestran que niños y adultos leen menos. Y aunque las tasas más bajas de lectura se observan entre los niños más pobres —un fenómeno conocido como “la brecha lectora”—, lo cierto es que la caída en la lectura infantil ocurre en todos los niveles y en todas partes.

Uno de los principales problemas de dejar de leer es que… la gente olvida cómo leer y pierde comprensión de textos. Según la OCDE, una quinta parte de las personas de entre 16 y 65 años no obtiene mejores resultados en matemáticas y lectura que los esperados de un alumno que termina la primaria (diciembre, 2024).

Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, especula que los adultos ahora practican menos la lectura de textos largos y complejos. Señala que muchos batallan incluso para extraer conclusiones sólidas de análisis similares a los que se pueden encontrar, por ejemplo, en una revista de actualidad. La culpa, apunta, es de TikTok.

Pero más allá de señalar culpables, cabe preguntarse: ¿qué pasa si la gente deja de leer? Mi impresión es que pasan muchas y muy malas cosas. Sin embargo, no nos quedemos solo con mi impresión.

Al dejar de leer se abre una gran variedad de problemas, quiero enfocarme en dos de ellos: uno político y otro laboral y organizacional.

El político, según el mismo texto de The Economist —que lleva el sugerente título de Is the decline of reading making politics dumber? (¿Está el declive de la lectura volviendo más tonta a la política?)—, es que una menor sofisticación literaria puede conllevar una menor sofisticación política.

El otro problema es organizacional. Justo en un momento en que debemos acelerar la integración de la inteligencia artificial en la fuerza laboral, desarrollar nuevas competencias técnicas y recapacitar a las personas para ingresar a industrias emergentes como la energía limpia y los vehículos eléctricos, ¿cómo generar conocimiento y aprendizaje si muchos no pueden siquiera comprender un texto sencillo?

Para las empresas, que la gente lea menos no es un asunto menor. La baja alfabetización representa costos concretos: en Estados Unidos se calcula que llevar a todos los adultos a un nivel funcional añadiría hasta 2.2 billones de dólares al PIB cada año, mientras que en el Reino Unido las pérdidas rondan los 81 mil millones de libras anuales.

A nivel individual, la OCDE muestra que una mejora en comprensión lectora y numérica puede traducirse en un aumento salarial del 8 al 9 %, reflejo directo de mayor productividad.

Y en términos de seguridad, la agencia laboral estadounidense encargada de garantizar la seguridad y la salud en el trabajo estima que una de cada cuatro fallas está vinculada con problemas de comprensión.

En un contexto donde más de la mitad del tiempo laboral se dedica a leer y escribir correos, reportes o presentaciones, si la capacidad de comprensión disminuye, los errores, los retrabajos y los costos se disparan.

En fin. Regresando a The Economist, en su artículo concluye que la caída en la lectura traerá más pérdidas, pues pocos motores de movilidad social son tan efectivos como leer. Y esto no tiene que ver con clases sociales: la lectura es un invento igualitario.

Si usted llegó hasta esta parte de la lectura, y sin ayuda de la inteligencia artificial, felicidades.

El autor es Doctor en Filosofía, fundador de Human Leader, Socio-Director de Think Talent, y Profesor de Cátedra del ITESM.

Contacto: rogelio.segovia@thinktalent.mx

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