Monterrey

Pablo la Peña: Menos inversión pero más informalidad

La inversión fija bruta cayó 6.8% anual en junio, mientras la economía informal creció 4% en el primer trimestre, reflejando un círculo vicioso.

Entrando a la segunda mitad del año, enfrentamos un reto persistente en nuestra economía mexicana.

Mientras que la inversión, tanto pública como privada, en activos fijos se contrae, la economía informal gana terreno en estados y sectores que dependen de actividades de bajo valor agregado.

Esta situación limita la productividad, frena la movilidad social y limita la capacidad del país para crecer de manera sostenida.

De acuerdo con el Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (IMFBCF) publicado por el INEGI, en junio de 2025 la inversión fija bruta cayó 6.8 por ciento anual y 1.4 por ciento respecto al mes de mayo en términos reales.

La contracción no fue homogénea: los gastos en maquinaria y equipo se desplomaron 11.4 por ciento, mientras que la construcción retrocedió 3.3 por ciento.

A nivel detalle, los datos son más preocupantes, pues la inversión pública en construcción se cayó 31.7 por ciento en términos anuales; creo yo que responde principalmente a la conclusión de los proyectos magnos del sexenio pasado, pero no hay proyectos en marcha que compensen esta caída todavía.

Por otro lado, los datos de la Medición de la Economía Informal Trimestral por Entidad Federativa muestran también un panorama preocupante.

Durante el primer trimestre de 2025, el Valor Agregado Bruto (VAB) de la economía informal creció 4 por ciento anual y el número de puestos de trabajo en este sector aumentó 2.7 por ciento. Oaxaca, Tamaulipas e Hidalgo encabezaron los mayores repuntes en la actividad informal, con crecimientos superiores al 6 por ciento en su VAB.

En contraste, estados como Campeche y Quintana Roo registraron caídas significativas en la economía informal, esto sugiere que la inversión pública tiene un efecto multiplicador en el sector informal en esos estados.

El mensaje de estos números es claro: cuando la inversión privada y pública no logra generar oportunidades suficientes en sectores productivos de mediano y alto valor, la población se refugia en actividades informales.

La tiendita de barrio, el comercio ambulante o los servicios personales han sido tradicionalmente una válvula de escape para millones de mexicanas y mexicanos. Son fuentes de ingreso inmediatas, pero precarias, sin seguridad social ni posibilidades de escalamiento productivo.

La economía informal cumple, en el corto plazo, la función de absorber mano de obra y evitar tensiones sociales mayores.

En un país con más de 16.4 millones de empleos informales remunerados resulta evidente que este sector actúa como un colchón frente a los vaivenes de la economía formal.

Sin embargo, su expansión prolongada, como lo he mencionado antes, perpetúa desigualdades, esto es: bajos salarios, escasa productividad, ausencia de prestaciones y una recaudación fiscal insuficiente para financiar políticas públicas.

Más preocupante aún es la geografía de la informalidad. Estados con menor industrialización y con economías ancladas en actividades de baja escala —como Zacatecas, Oaxaca, Chiapas o Guerrero— muestran tasas de crecimiento informal mucho más elevadas que aquellas con mayor base manufacturera.

Así, el mapa productivo de México corre el riesgo de nunca salir de esta fragmentación entre regiones con inversión suficiente para competir globalmente y regiones atrapadas en una economía de sobrevivencia.

La caída constante de la Formación Bruta de Capital en nuestro país no solo refleja incertidumbre económica y falta de proyectos estratégicos, sino también una tendencia estructural, esto es el debilitamiento del gasto público en inversión.

Mientras la inversión privada retrocedió 3.9 por ciento anual en junio de 2025, la inversión pública se contrajo 24 por ciento, lo que deja a los estados con menos palancas para detonar crecimiento.

Esta falta de inversión se traduce en infraestructura insuficiente, rezago en conectividad y un freno a la innovación. La consecuencia inmediata es que el capital humano, en lugar de integrarse a cadenas productivas modernas, encuentra más sencillo recurrir al autoempleo informal.

Es un círculo vicioso: menos inversión genera más informalidad, y más informalidad debilita la base productiva que debería atraer inversión.

El Plan México, en teoría contempla una serie de proyectos de inversión, pero el hecho es que estamos cerrando el primer año de gobierno y aún no hay realidades.

Para acelerar el crecimiento e impulsar condiciones de sostenibilidad en el sector laboral, considero fundamental que el Plan México incluya estos tres puntos:

1.- Recuperar la inversión pública estratégica. No se trata de multiplicar obras dispersas, sino de focalizar recursos en proyectos que eleven la productividad regional.

2.- Incentivar la formalización desde la microeconomía. La informalidad no se combate solo con fiscalización, sino con mecanismos de inclusión como el acceso al crédito, la simplificación regulatoria y la seguridad social.

3.- Generar certidumbre para la inversión privada. La caída en la inversión en maquinaria y equipo del sector privado del 9.4 por ciento refleja que las empresas están retrasando sus decisiones estratégicas.

En junio, la inversión fija bruta tocó uno de sus puntos más bajos de los últimos dos años; al mismo tiempo, la economía informal siguió expandiéndose.

Si queremos que México rompa esa inercia desde el sexenio pasado de estancamiento económico, debemos dejar de ver la informalidad como un fenómeno inevitable y empezar a tratarla como un síntoma de la falta de inversión productiva.

En otras palabras, la informalidad es el espejo de nuestra incapacidad de generar empleos formales suficientes.

Pablo de la Peña

Pablo de la Peña

Decano Asociado de Educación Continua de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno y director de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública, profesor del Tec de Monterrey de Economía y de Gestión Pública Aplicada.

COLUMNAS ANTERIORES

Estima Realty Experts crecimiento de hasta 6% del mercado inmobiliario en 2026
Nace Realty Experts en México y deja atrás su marca previa Realty World

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.