Han sido semanas intensas para el comercio internacional. La conversación sigue girando en torno a los aranceles y sus amenazas, así como a las reacciones en cadena que obligan a renegociar contratos, modificar precios, reorganizar rutas y activar planes de contingencia; todo esto mientras los conflictos geopolíticos continúan sumando presión a las cadenas globales de suministro.
En medio de este entorno volátil, el comercio internacional mexicano ha dado una grata sorpresa. Entre enero y junio de este año, las exportaciones de bienes crecieron 4.9% anual (superando los $301,541 millones de dólares) y las importaciones aumentaron 1.0% anual (por más de $287,918.4 millones de dólares). Contra los pronósticos más pesimistas, México ha logrado mantener un ritmo constante de crecimiento, particularmente impulsado por la industria manufacturera.
Ese crecimiento ha sido particularmente visible en estados clave como Nuevo León, que en el primer trimestre del año se posicionó como el primer mayor exportador manufacturero del país, con más de $13,229 millones de dólares; además de un incremento en sus ventas internacionales totales de 1.64% respecto al mismo periodo del 2024.
Me parece que más allá del ruido político, hay señales claras de que el dinamismo comercial del país sigue en marcha.
Algunos insisten en que este aumento ocurre “a pesar de Donald Trump” y su narrativa proteccionista, pero considero que la explicación está en otro lado —puesto que no solo se trata de una resistencia táctica ante las amenazas arancelarias, sino que posiblemente es debido a algo más profundo: una resiliencia que se ha venido cultivando durante años y que empieza a rendir frutos.
Cada venta internacional refleja el aprendizaje de las y los empresarios: construir relaciones de largo plazo, entender los ciclos comerciales y adaptarse a las reglas cambiantes del juego.
Esa resiliencia se está manifestando en la capacidad de aprovechar las ventajas naturales del país: una ubicación geográfica estratégica, una fuerza laboral calificada, tratados comerciales que abren puertas a más de 50 países y una infraestructura que permite operar en la mayoría de los casos.
Además, la madurez comercial de las y los exportadores ha sido clave, porque han tenido la valentía de salir a buscar nuevos mercados (un tanto tardía, debemos decir) en América Latina, Europa, Asia y Medio Oriente. Si bien Estados Unidos sigue siendo el principal destino (84.14%) de nuestras ventas internacionales, hay una intención de diversificación.
También los sectores que impulsan nuestras exportaciones están evolucionando; más allá del sector automotriz, los avances más significativos en el primer semestre de 2025 provinieron de industrias como maquinaria y equipo especial (55.0%), de equipo profesional y científico (23.4%), de productos de la minerometalurgia (19.3%) y de equipos eléctricos y electrónicos (6.6%) —dando indicios de un cambio estructural hacia una base productiva más sofisticada y menos vulnerable a ciclos externos.
Estas condiciones han permitido que las y los empresarios en México sigan compitiendo y creciendo.
Hablar de resiliencia no es un gesto retórico sino un reconocimiento necesario. Es una invitación a cuidar lo que hemos construido, a seguir apostando por la apertura comercial y por la sofisticación productiva, a diversificar como estrategia de largo plazo y no como reacción al miedo; porque si algo ha quedado claro en este primer semestre del año, es que la resiliencia mexicana no es producto del azar, sino una ventaja construida con constancia y visión.
Sin embargo, considero importante que evitemos la idealización del momento, puesto que persisten varios retos estructurales: la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC, las posibles nuevas barreras comerciales y la economía global que avanza con lentitud. El propio Banco Mundial ha advertido que el crecimiento económico mundial apenas llegará a 2.3% en 2025.
Aprovechar las oportunidades exige más que adaptarse; exige coordinación entre empresarias y empresarios, autoridades, instituciones financieras y organismos de promoción comercial para desarrollar estrategias con un objetivo común: fortalecer el acceso global de productos mexicanos.
Podemos convertir a México en una nación comercial resiliente, que define sus propias oportunidades y navega la complejidad global desde una posición de fortaleza. Diversificar no significa abandonar a Estados Unidos: significa construir un paraguas de oportunidades que nos proteja cuando un mercado se enfríe, mientras otro se fortalece.
Es hora de actuar con visión, institucionalidad y planes concretos que hagan de México un exportador global, no solo regional.
El crecimiento en industrias clave demuestra que nuestra base exportadora está evolucionando y que hay más que una buena coyuntura detrás de estos resultados. La responsabilidad es con nuestras PyMEs, con nuestra industria y con el futuro de la competitividad de México. Ya hemos demostrado que no basta con resistir, ahora toca transformar.
La autora es co-founder y Chief Revenue Office (CRO) de MUNDI.