El acto decodificador no se reduce a convertir las grafías en sonidos o silencios, se adentra a las penumbras del cerebro y crea/detona alertas desde la profundidad del inconsciente.
Piense en una letra, la que sea. En automático las neuronas construyen campos semánticos visuales de todas las posibilidades que esa letra contiene en la biblioteca cerebral, la racional-consciente y las que habitan en el inconsciente más primitivo.
Un par de letras parecería reducir ese el universo de posibilidades, pero en realidad lo multiplica al trazar las palabras posibles con esa sílaba y los campos semánticos de cada una. Sucesivamente, el trajín de las neuronas desde el sótano del inconsciente hasta la luz de la consciencia va trazando universos posibles al decodificar las palabras, frases, párrafos, capítulos.
Así a través del acto lector la persona elige de lo más honesto de sí, los matices y detalles de una historia, la que cuenta el texto. Cuando, por ejemplo, una bruja le entrega una fruta envenenada a Blancanieves no tendría que ser una manzana, esa imagen la colocó alguien en algún momento de la historia de ese cuento.
El libro siempre es mejor de la película es una afirmación cierta casi todo el tiempo, aunque también existen muy buenas historias muy mal escritas que al reescribirlas en guiones se vuelven obras de arte. O bien, hay historias que a través del cine nos impulsan a imaginar más allá.
Pero el libro que te gusta siempre será mejor que la película porque cada personaje, escena, conflicto, matices de cada uno, fueron elegidos desde la parte más profunda y honesta que habita en tu inconsciente. La decodificación las trajo a la consciencia porque estabas (re)creando la película perfecta desde tus preferencias más sinceras.
El audiolibro acompaña y es maravilloso para esos periodos cuando caminas, cuidas el jardín o lavas platos, justo cuando tu actividad es mecánica y demanda una atención básica.
Por otro lado, las series tienen su encanto, hay durante el día ese momento especial de relajación o compañía con la cena, para convivir con la pareja/familia, casi siempre para cerrar el día.
La lectura no, la decodificación y los otros niveles de lectura, demandan tu atención completa, sobre todo con la literatura. Es una experiencia inmersiva que con un buen entrenamiento te traslada a otros universos, temporalidades y lógicas, producidas con los elementos más reales de ti mismo.
Hay un cuento que te lleva a esta dimensión neuronal donde se hace consciente el inconsciente, se llama ‘El Aleph’ y es de Jorge Luis Borges.
