Monterrey

Domingo Salazar: Calidad, innovación y sostenibilidad, piezas claves ante los recientes acuerdos comerciales entre EU y China

El reciente acuerdo comercial entre Estados Unidos y China está sacudiendo el tablero del comercio mundial, y para las y los emprendedores, esto trae una mezcla de retos y oportunidades, y la clave está en adaptarse rápido para no quedarse fuera de la jugada.

Después de meses de tensiones y aranceles por las nubes, EE. UU. y China firmaron un acuerdo que calma un poco la tensión, pero las barreras comerciales permanecen, y esto, para México significa que la competencia, sobre todo la china, podría apretar más en mercados importantes como el estadounidense y nuestro empresariado tiene que estar con los ojos bien abiertos y listos para navegar este terreno complicado.

¿Qué pasa con México en este nuevo escenario? Por un lado, con aranceles más bajos entre EE. UU. y China, los productos chinos podrían ganar terreno en el mercado norteamericano, y eso pone en aprietos a los emprendedores que dependen altamente de venderles. Sectores como la manufactura —piensa en autopartes o electrónicos— podrían sentir el golpe más fuerte. Pero no todo es mala noticia. Este acuerdo también abre puertas donde México podría atraer inversión fresca, y como las cadenas de suministro están cambiando, el país tiene la gran oportunidad de convertirse en una opción atractiva para empresas que quieren diversificar sus proveedores.

México tiene varias cartas a su favor: estamos pegados a EE. UU., formamos parte del T-MEC, tenemos cadenas de suministro sólidas, una mano de obra calificada que es más barata que en muchos países y una gran lista de recursos naturales que otros países ni siquiera saben que los tenemos.

Ventajas estratégicas no solo para sobrevivir, sino prosperar.

Para sacar ventaja, los emprendedores necesitan moverse rápido y con cabeza. Una idea que parece de sentido común, pero que no siempre se aplica: hay que depender menos del mercado estadounidense. Con China pisando fuerte, es momento de voltear a otros lados. América Latina, Europa y Asia son buenas opciones. Por ejemplo, el sector agroindustrial podría poner la mira en Japón, donde los productos mexicanos de calidad tienen muy buena fama.

Otro punto clave es diferenciarse de competidores como China, que suelen ganar por precio. Aquí entra la calidad, la innovación y la sostenibilidad mencionada anteriormente. Imagina este ejemplo: una empresa de autopartes que no solo cumpla con lo básico, sino que además ofrezca certificaciones ecológicas. Eso puede enganchar a clientes en EE. UU. que buscan algo más que solo un buen deal.

Diferenciarse de competidores que compiten principalmente por precio, como China, es esencial; enfocarnos en la calidad, la innovación y la sostenibilidad, por ejemplo, en la manufactura de autopartes con certificaciones ecológicas o estándares superiores, puede atraer a clientes en EE. UU. que buscan valor agregado.

El T-MEC también es un as bajo la manga. Nos da acceso preferencial al mercado estadounidense, algo que China no tiene y debemos capitalizarlo. Si los emprendedores cumplen con las reglas de origen en sectores como textiles o electrónica, pueden volverse proveedores estrella. Invertir en tecnología —como inteligencia artificial o automatización— también puede ayudar a bajar costos y acelerar procesos. En la industria alimentaria, por ejemplo, usar nuestras habilidades tecnológicas para optimizar la cadena de suministro puede ser otro gran diferenciador. Y no olvidemos las alianzas: conectar con empresas norteamericanas que quieran diversificar o con startups tecnológicas para mejorar la logística puede ser un hitazo.

México tiene ventajas y fortalezas que no se pueden ignorar. Estar junto a U.S. nos ahorra en transporte y nos deja entregar rápido. Nuestra mano de obra es calificada y competitiva en precio, sobre todo en áreas como software o ingeniería. Además, tenemos demasiados recursos naturales —minerales, energía, productos agrícolas— y el T-MEC nos da un pase especial. Para sacarle jugo, los emprendedores deberían estar al tanto de las tendencias comerciales, capacitar a su equipo, aprovechar los apoyos del gobierno para exportar y, claro, invertir en innovación.

Para concluir, el acuerdo entre EE. UU. y China pone a los emprendedores en una posición complicada, pero interesante. Sí, hay más competencia, pero también existe la gran oportunidad de crecer en un entorno comercial más estable, simplemente saliéndonos de nuestra zona de confort empresarial.

El autor es profesor adjunto para la Escuela de Negocios de la Universidad de Monterrey, Socio-Director de CITRILABS.

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