Monterrey

Vanessa Villarreal: El arte de cuestionarse antes de preguntar, ¿cuál es el alcance real del pensamiento crítico?

Este nuevo asistente virtual 24/7, tan útil como adictivo, nos plantea tanto oportunidades como desafíos.

La integración de la Inteligencia Artificial (IA) en la vida cotidiana de las personas ha sido adoptada masivamente con mucha velocidad y su incorporación como herramienta de vida es innegable.

Aunque la industria de la tecnología está a la vanguardia de la adopción de la IA generativa, otras industrias no se quedan atrás; los servicios profesionales, las industrias avanzadas, los medios de comunicación y telecomunicaciones registran tasas de integración de alrededor del 80% en todas las funciones según el estudio The state of AI: How organizations are rewiring to capture value por McKinsey & Company.

Se observa que contar con nuevos instrumentos para agilizar procesos es parte del proceso evolutivo, por ejemplo, la calculadora vino en un inicio a agilizar las operaciones aritméticas; la computadora vino a agilizar tareas repetitivas; el internet vino a ofrecer acceso democrático a la información y cambió radicalmente la forma de trabajar y con la programación se han logrado transformar los sistemas; pero ¿qué es diferente en relación con la incorporación de la Inteligencia Artificial Generativa? Que todos los avances previamente descritos se integraron a nuestras vidas sin desplazar el juicio humano, sino que lo extendieron; mientras que ahora, existe un obstáculo con esta nueva tecnología que ha dejado de ser emergente y se ha convertido en el brazo digital de las decisiones.

Hoy no solo usamos recursos para procesar o automatizar, sino que empezamos a consultar, delegar e incluso aceptar sus resultados como criterio suficiente. Frente a una “mente sintética” que tiene acceso a contenido masivo, por lo que puede emerger una tendencia sutil pero significativa a cederle autoridad por inercia.

Este nuevo asistente virtual 24/7, tan útil como adictivo, nos plantea tanto oportunidades como desafíos. La oportunidad está en acceder a datos de forma instantánea.

El riesgo, en reducir nuestro papel al de ser simples solicitantes de respuestas, en lugar de constructores de preguntas. A diferencia de otras tecnologías, la Inteligencia Artificial Generativa interactúa directamente con nuestra forma de pensar, y si no somos cuidadosos, podemos terminar subordinando el criterio humano a la aparente infalibilidad de la máquina.

Entonces, quizá es momento de reflexionar, si este instrumento está a mi servicio, ¿debo elevar el nivel de mis interrogantes?; ¿qué consulta le voy a hacer? Busco que me dé elementos para resolver un síntoma que se observa a simple vista, que quiero resolver con inmediatez, o quiero entender la causa o el problema de origen que lo provoca.

¿La construcción de mi consulta está reduciendo mi criterio o está extendiendo mi pensamiento sistémico?

Si no nutrimos nuestra forma de pensar, las motivaciones de lo que buscamos resolver o el efecto dominó de las consecuencias de una decisión podemos dejar ir grandes oportunidades de mejorar el alcance de nuestras capacidades.

Así como en los negocios existen dimensiones para estructurar la estrategia, la táctica y la operación para dar continuidad al modelo de negocios de una empresa, fortalecer la certeza de ingresos y mantener el negocio en marcha con visión a largo, mediano y corto plazo respectivamente; ¿Hacia qué dimensión estamos dirigiendo el tipo de dudas o la resolución de problemas apalancados con el uso de inteligencia artificial, y qué queremos aprovechar de este instrumento?"

Nuestra capacidad de adaptación y de pensar en comunidad ha sido clave para la evolución de nuestra especie. Esa capacidad se ve ahora ante un nuevo obstáculo: no abdicar del análisis crítico, incluso cuando una contestación bien redactada y veloz nos ahorre tiempo.

Darse el tiempo de dar un paso atrás, pausar y reflexionar con pensamiento crítico por un momento y cuestionarse por qué consultas lo que pides, quizá sea el gran diferenciador que, hasta este momento, todavía nos pone en un nivel superior a la herramienta.

El verdadero poder de la IA no está solo en sus respuestas, sino en cómo nos obliga a pensar mejor antes de preguntar. Mientras eso ocurra, seguiremos siendo nosotros —y no la tecnología— quienes tengamos la última palabra.

La autora es Profesora del Departamento de Contabilidad y Finanzas, Región Norte, de la Escuela de Negocios.

Correo: vanessavillarreal@tec.mx

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