En el mundo deportivo, un error no forzado es un fallo cometido por un jugador que permite al equipo contrario avanzar sin que realmente se haya hecho algo para inducir ese error. Estos errores también existen en la vida social y familiar, cuando decimos algo en el calor del momento que luego lamentamos profundamente, así también ocurre en los negocios y en asuntos gubernamentales. En algunos casos, el error es tan grave que simplemente “no hay vuelta atrás”.
En la diplomacia, los errores no forzados son evidentes por todas partes, en un mundo de cámaras omnipresentes, informes instantáneos en las redes sociales y software que puede convertir un discurso largo y equilibrado en un letal clip de cinco segundos. Estos errores suelen ser causados por la falta de preparación, la emoción, la arrogancia, la falta de voluntad para comprometerse y la incapacidad de ver el mundo a través de los ojos de la otra parte.
¿Cómo puede un diplomático evitar estos errores? Al igual que en todos los demás ámbitos de la vida, nunca hace daño llegar a tiempo y vestir adecuadamente, mostrar una actitud positiva y respetuosa, prestar atención y utilizar un lenguaje corporal y expresiones faciales equilibrados. Y, sobre todo, las caracterizaciones y calificaciones con palabras como “dictador” o “genocidio” y el uso de lenguaje soez deben utilizarse solo en los casos más extremos donde la diplomacia genuina ya no es una opción viable.
Las medidas positivas son igualmente importantes. El diplomático debe hablar sobre la negociación en cuestión en lugar de argumentar para la cámara y mantenerse calmado y sin emociones, incluso si se siente presionado o provocado.
Participar en debates ruidosos e improductivos es casi seguro que hará imposible lograr, incluso, los objetivos más básicos. Siempre habrá tiempo más tarde para abordar los temas para una audiencia doméstica o “posteridad” en otro lugar.
Tanto el lenguaje hablado como el corporal son críticos. Mientras que es un signo de respeto hablar en el idioma extranjero del país anfitrión, el uso de un intérprete da a ambas partes más tiempo para pensar y reaccionar con mayor claridad. Esto también puede ayudar a limitar el número de comentarios hechos en momentos de exasperación y reducir la posibilidad de participar en una pelea a gritos.
Lo más importante es que los diplomáticos deben conocer y entender los detonantes que harán reaccionar a sus contrapartes. Todos tienen un sentido de autoestima, un deseo de ser tratados con respeto y problemas con la vanidad, el ego y la atención a su base política doméstica.
Los diplomáticos deben evitar estos detonantes a toda costa, incluso en los temas más candentes, mientras demuestran su propia dignidad como representantes de sus naciones. Ciertamente hemos visto ejemplos donde las negociaciones se han desmoronado por estas mismas razones, incluyendo acuerdos prácticamente “cerrados” relacionados con Ucrania y Medio Oriente.
Otra área clave es la comunicación escrita, como notas diplomáticas y comunicados de prensa oficiales. Aquí también, la otra parte debe tener espacio para maniobrar y no ser empujada a un rincón del que no haya escapatoria. Los avances positivos deben ser citados, con crédito donde se deba.
El reconocimiento de los riesgos asumidos y los esfuerzos positivos y audaces de otra nación debe ser debidamente reconocidos. Aquí, un ejemplo específico podría ser la redacción de un reciente comunicado de prensa del Departamento de Justicia de EE. UU. sobre la expulsión por parte del gobierno de México de 29 miembros de cárteles. El reconocimiento al gobierno mexicano por esta acción sin precedentes, con sus riesgos legales y de seguridad pública internos, pareció a muchos observadores que estuvo ausente sin embargo sí hubo un ligero agradecimiento más tarde, no obstante, este gesto ha desaparecido con las decisiones del gobierno norteamericano respecto a los aranceles.
Como reflexión final, el uso de las redes sociales como medio de diplomacia presenta muchos y casi siempre desafíos negativos. Las redes sociales están diseñadas para declaraciones cortas, mal concebidas al calor del momento y deliberadamente provocativas.
Esto podría ser apropiado para una audiencia involucrada en temas de la farándula o chismes sobre celebridades o videos de gatos bailando, pero apenas es adecuado para los serios asuntos de la política y la diplomacia, donde el análisis medido y la consideración cuidadosa deberían ser la clave. Utilizar perfiles de X (antes Twitter) y emojis no es sustituto de un lenguaje correcto y pulido.
Al final del día, las palabras siguen siendo poderosas. En esta era de big data, ahora más que nunca, una vez que se dicen ante la cámara, se graban o quedan por escrito, nunca pueden ser retractadas. La prensa de estos últimos días ha dado buena cuenta de esta diplomacia imprudente.
El autor es Doctor por la Universidad de Columbia, Estados Unidos, consultor, conferencista y experto en política internacional y asuntos globales, actualmente director del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey.