Los mercados financieros tienen una regla no escrita: el dinero es miedoso. Corre en cuanto huele riesgo y, como buen especulador, siempre apuesta por su supervivencia.
Bajo esta lógica, la reciente acción de Estados Unidos de designar a los cárteles mexicanos como grupos terroristas no es solo un asunto de seguridad nacional; es un posible torpedo a las condiciones de financiamiento en México, sobre todo en un momento en que el Banco de México ya ha recortado su previsión de crecimiento para 2025 a un modesto 0.6%.
La hipótesis es sencilla: si Washington clasifica a estos grupos como terroristas, las instituciones financieras internacionales podrían verse obligadas a endurecer su postura hacia México.
Bancos y fondos de inversión, siempre vigilantes ante el riesgo regulatorio, podrían elevar las tasas de interés, restringir créditos o incluso retirar capitales. En otras palabras, el costo del dinero subiría, justo cuando el país más lo necesita. Pero ¿qué tanto hay de cierto en esta narrativa? Analicemos algunos puntos clave:
¿Cuánto costaría la etiqueta de terrorismo?
Si bien la designación de los cárteles como grupos terroristas podría parecer una jugada meramente política, las implicaciones económicas serían tangibles. Estados Unidos tiene un marco legal que obliga a sus bancos a extremar precauciones cuando hay riesgo de financiar directa o indirectamente a grupos terroristas. Eso significa más trabas regulatorias para cualquier operación con contrapartes mexicanas, desde préstamos soberanos hasta inversiones privadas.
Pero aquí viene el matiz: ¿realmente México entero se vería afectado? Algunos escépticos argumentan que los flujos de inversión extranjera directa y las líneas de crédito corporativas están bien diversificadas y que, a lo sumo, el golpe se sentiría en sectores de alto riesgo o ciertas ramas del comercio que operan en zonas conflictivas.
El verdadero problema radica en la percepción. En los mercados financieros, la percepción de riesgo importa tanto (o más) que el riesgo real. Si los inversionistas globales empiezan a ver a México como un país “complicado”, podríamos tener un aumento en el costo de financiamiento sin que haya un cambio estructural real en la economía.
¿Cómo afecta esto a las obras faraónicas del sexenio pasado?
Aquí viene la ironía. Durante el gobierno anterior, varias entidades federativas recibieron el impulso de proyectos de infraestructura de gran envergadura: el Tren Maya en el sureste, el Aeropuerto Felipe Ángeles en el centro, la refinería de Dos Bocas en Tabasco. Estas obras no solo inyectaron liquidez localmente, sino que sirvieron como catalizadores de crecimiento en regiones con historiales económicos poco dinámicos.
Pero estos proyectos dependen de financiamiento a largo plazo para su operación y mantenimiento. Si el costo del dinero aumenta, la viabilidad de estas mega obras se vuelve más incierta.
Una refinería que necesita más inversión para volverse rentable se enfrenta a costos financieros mayores. Un tren que aún requiere subsidios operativos verá su equilibrio financiero más lejano. En suma, el fantasma del financiamiento caro podría convertir estas apuestas de desarrollo en cargas presupuestarias más pesadas.
¿Y si estamos sobre reaccionando?
Un escéptico bien informado podría argumentar que los mercados financieros no se mueven por declaraciones políticas, sino por datos duros.
Hasta ahora, no hay evidencia de que la posible designación de los cárteles como terroristas haya afectado los flujos de inversión. México sigue siendo un socio comercial clave para Estados Unidos, y la interdependencia económica es demasiado grande como para que el propio sistema financiero estadounidense castigue indiscriminadamente a su vecino del sur.
Además, el país tiene una economía diversificada y un banco central con credibilidad. Banxico ha demostrado ser un ancla de estabilidad en momentos de turbulencia, y su política monetaria prudente podría mitigar, al menos parcialmente, los efectos de un entorno de financiamiento más caro.
Más incertidumbre, menos crecimiento
¿Se va a encarecer el financiamiento para México? Probablemente sí, pero no tanto por una medida unilateral de Estados Unidos, sino porque el país ya enfrenta una desaceleración del crecimiento y una posible reducción en la inversión pública post elecciones.
El verdadero riesgo no es solo el aumento en el costo del dinero, sino la combinación de menor crecimiento con mayor incertidumbre. Ahora la pregunta es: ¿hacia dónde correrá el dinero esta vez?
Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.