La pasada elección ha dejado ganadores y perdedores, pero hay una diferencia respecto a otras elecciones presidenciales: el nivel de polarización puede llegar a generar mayor frustración, enojo y desesperanza para los ciudadanos que votaron por el candidato perdedor, ¿por qué?
Obtenemos mucha de nuestra información de redes sociales: Twitter (X), Facebook, Instagram y también consumimos contenido por medio de Whatsapp. ¿Qué características tiene esta información? 1) Está ampliamente sesgada hacia nuestra perspectiva (política): estas empresas “dueñas” de las redes sociales buscan que pasemos más tiempo en sus plataformas, por lo que solo nos muestran información que comparta nuestro mismo punto de vista.
En otras palabras, ¡nos empezamos a polarizar! 2) Muchas veces, esta información es parcialmente falsa, no tiene fundamento científico o citas bibliográficas, es vaga o imprecisa, o saca de contexto frases y citas. 3) Está elaborada para exacerbar nuestras emociones (enojo, indignación, alegría, etcétera).
La mayoría de los comentarios a una nota política en redes sociales son emocionales. Apelar a las emociones es una excelente táctica para “capturar” nuestra atención por más tiempo y “viralizar” la (des)información.
¿Qué provoca esto? En primer lugar, creemos que la mayoría de la gente piensa como nosotros (esto se conoce como sesgo cognitivo de falso consenso). Si solo vemos contenido a favor de un candidato, empezamos a convencernos de que es mucho mejor que el otro y que la mayoría de la gente va a votar por ella o él.
Si al final pierde la elección, el sentimiento de frustración puede ser más grande que cuando obteníamos la información de medios de comunicación tradicionales como periódicos, revistas o televisión. En segundo lugar, no vemos la “otra parte” de la elección (los méritos del candidato que no estamos apoyando). Es más, vemos solo contenido negativo de esta persona.
Esto provoca que tengamos una perspectiva negativa del otro candidato y sus seguidores: nuestro sesgo es tal, que nos hacemos preguntas llenas de incredulidad: ¿cómo es posible que no hayan visto lo malo que es su candidato?, ¿pero cómo no pueden ver que ese individuo va a perjudicar al país?, ¿habrá corrupción y fraude? Esto es muy peligroso para una democracia.
¿Cómo podemos moderar los sentimientos negativos si no ganó nuestro candidato?
Trata de entender la “otra” perspectiva desde un punto de vista positivo ¿qué fortalezas vieron los demás ciudadanos respecto al candidato ganador? Esto no lo lograremos si seguimos consultando la misma información (la que proveen nuestras redes sociales), debemos buscar otro tipo de fuentes, de análisis, de debate para poder llegar a entender la forma de pensar de otra persona.
Vivimos en uno de los países más grandes y desiguales del mundo, lo que genera una gran diversidad de culturas, ideologías, formas de vida y, desde luego, diferentes perspectivas sobre lo que es el desarrollo, el bienestar, la justicia, el progreso, la equidad y el rol que debe tener el gobierno para promover estos temas. Entender estas otras perspectivas es, precisamente, uno de los principios más importantes de toda democracia funcional; y la polarización es uno de los elementos que la pone en riesgo.
Finalmente, la mayoría de las personas tendemos a hablar de política con individuos que comparten nuestra misma ideología; es una forma natural de generar empatía y reafirmación. Sin embargo, es también importante la conversación constructiva con personas que tengan otras perspectivas ideológicas.
Ante la polarización, rescato la frase de Nelson Mandela, Premio Nobel de la Paz: “la mejor arma es sentarse y hablar”. ¿Cuándo fue la última vez que hablamos con una persona de otra orientación política e intentamos entender su punto de vista, sin descalificarlo?
El autor cursó estudios de posgrado en economía y políticas públicas, es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI 1) del CONAHCYT, y actualmente es profesor-investigador en la Escuela de Negocios de la Universidad de Monterrey.