Monterrey

Luz Araceli González: Elecciones de Estado

Duro golpe a la democracia.

El arranque del año 2024 se anunció como el “súper año de elecciones” por el número de procesos electorales que se vivirían en el mundo en países de todos los continentes. Destacan de manera importante las elecciones en Rusia y Estados Unidos por su peso significativo en el sistema internacional como potencias nucleares en constante enfrentamiento.

La lista de naciones en las que sus poblaciones elegirán a sus gobernantes suma más de 60 entre las que se encuentra México.

Esta oleada de procesos electorales podría haber hecho que el 2024 quedara registrado como el año del triunfo de la democracia, no solamente por el número de elecciones llevadas a cabo, sino por la trascendencia de éstas, sin embargo, a cinco meses de iniciado el año, los resultados hasta ahora registrados parecen más bien negativos toda vez que elecciones de Estado nublan el panorama impidiendo la realización de comicios justos e equitativos.

Hablar de elecciones de Estado es referirnos a la abierta manipulaciones de los procesos electorales a través del aparato gubernamental a fin de favorecer a su candidato y a su partido. Esto implica que todas las esferas de gobierno, incluida la máxima magistratura usan todos los recursos humanos, materiales y económicos disponibles para lograr el triunfo y perpetuarse en el poder.

Las elecciones de Estado contemplan el uso de recursos públicos para las campañas en las que se compran y financian encuestas, se inundan las redes sociales con bots para propiciar una “guerra” de noticias e información, la mayoría de las veces falsas a favor del candidato oficial, se presiona a los medios de comunicación, se hostiga y amenaza a periodistas que no son afines al oficialismo, se limita la libertad de prensa, se obstruyen y denuestan las campañas de los partidos de oposición, se coacciona el voto e incluso en algunos países el propio jefe de Estado clara y abiertamente se posiciona como el “coordinador de campaña” del candidato que él mismo ha elegido. Todas estas prácticas antidemocráticas minan la confianza en los procesos electorales y llegan a desalentar la participación de los votantes, impulsando el abstencionismo.

Las elecciones de Estado son un duro golpe a la democracia al erosionar los ideales de pluralismo y la transparencia ya que incluso se descalifica el actuar de las instancias y órganos encargados de velar su despliegue o estos mismos son cooptados por el propio gobierno a partir de la designación de sus integrantes.

Elecciones de Estado tuvieron verificativo este año en Rusia donde toda la maquinaria gubernamental garantizó la reelección de Vladimir Putin al grado que algunos de sus opositores fueron silenciados de manera contundente y otros murieron en condiciones extrañas.

Otro claro ejemplo de este control del Estado en los procesos electorales fue en Ucrania cuando debiendo haber celebrado elecciones el pasado mes de marzo, el propio presidente Zelenski decretó que no existían condiciones para garantizar el proceso electoral, lo que lo mantiene en el poder pese a las duras críticas de sus principales oponentes y miembros de su propio equipo gubernamental como el jefe del Estado Mayor.

En años anteriores también se han vivido elecciones a todas luces ficticias por el total control estatal de los comicios tal y como ha ocurrido en Venezuela, Nicaragua y Cuba. Peor aún hay países con férreos regímenes autoritarios y dictatoriales en los que ni siquiera hay elecciones como Siria, Corea del Norte, Turkmenistán, por sólo referir algunos ejemplos.

La democracia ciertamente no se reduce a las urnas, sino es todo un modelo político de pesos y contrapesos, de respeto a la división de poderes, de la existencia y observancia de órganos autónomos que sirvan de contrapeso al ejercicio del poder y sobre todo de un absoluto respeto al estado de derecho y a la institucionalidad.

La contienda electoral mexicana también se ha definido como histórica por la cantidad de posiciones de elección popular que se disputarán las cuales incluyen en el ámbito federal la presidencia de la República, 128 cargos de senadores, 500 diputados, a lo que se suman elecciones en las 32 entidades federativas en las que se elegirán congresos locales, algunas gubernaturas, presidencias municipales, sindicaturas y en otros casos regidores.

El Instituto Nacional Electoral reporta que están en juego más de 20 mil cargos, con un padrón de votantes de alrededor de 98 millones de personas según las listas nominales. Estas cifras son inéditas en la historia del país como también inédita la injerencia del gobierno desde las presidencia y demás instancias gubernamentales en el proceso electoral. Nunca como hoy en los últimos 30 años habíamos vivido elecciones de Estado en México.

Hoy a sólo un par de días de las elecciones más grandes en la historia mexicana, está en juego la tan celebrada transición democrática ganada en el año 2000 cuando por primera vez en la historia de México un partido de oposición llegó a la presidencia de la República.

A 24 años de ese triunfo hoy la democrática está en riesgo y no sólo ello, estamos frente a un proceso de elecciones de Estado donde se está poniendo en juego todos los avances democráticos logrados.

Es el momento de que toda la ciudadanía salga y ejerza su voto y que haya un proceso electoral limpio, sin más injerencias del Estado, que se respete la voluntad popular, y sobre todo, una jornada electoral en paz donde se garantice la seguridad de todos y una vez confirmados los resultados se trabaje por un proyecto de país de unidad e incluyente, gane quien gane.

La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.

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