Siguiendo con el tema del Banco de México, que en mi nota de la semana pasada comentaba que tiene capital negativo, producto principalmente de las pérdidas que le generan sus cuantiosas reservas internacionales, porque compra las divisas con pesos, que posteriormente esteriliza emitiendo valores a su cargo que pagan 11.5% de interés anual, mientras que las divisas adquiridas las invierte en el extranjero ganando un 4% o 5% anual, situación que le genera pérdidas, que conducen a que en su hoja de balance, reporte capital negativo (activos menos pasivos) por más de $660 mmp al cierre del año pasado.
Al respecto, por cuestiones de espacio, ya no abordé las implicaciones de esta situación, (del capital negativo) ni las posibles acciones que se podrían implementar para subsanarla, a lo cual procedo.
Si bien a un banco privado con capital negativo, ya se le hubiera cancelado su concesión y hubiera sido intervenido por el Gobierno Federal, para proteger los intereses del público ahorrador, por la naturaleza del Banxico, no es posible hacer esto, ya que no tiene “concesión” otorgada por el gobierno, y sus principales pasivos son los billetes y monedas en poder del público.
De hecho, el banco central pertenece al Estado, ya que a la letra, en la Constitución, se señala que: “El Estado tendrá un banco central que será autónomo en el ejercicio de sus funciones…..” por lo que el “dueño” del Banco es el Estado, y adicionalmente, desde que se le otorgó autonomía, la obligación del banco para con los tenedores de billetes y monedas, ya no es respaldarlas con divisas, ya que en el artículo 6 de su Ley, establece que el banco “deberá CAMBIAR a la vista los billetes y las monedas metálicas que ponga en circulación, POR OTROS DE LA MISMA O DE DISTINTA DENOMINACIÓN, sin limitación alguna y a voluntad del tenedor”
Es decir, el Banco ya no necesita DIVISAS para respaldar sus emisiones de dinero, y lo que emite es “FIAT MONEY” sin respaldo alguno, no como antes de su autonomía, cuando el Banco debía pagarle al tenedor de billetes y monedas, su equivalente en oro o en divisas.
Esto implica, de facto, que los pasivos registrados en su hoja de balance, correspondientes a billetes y monedas en poder del público, NO SON PASIVOS REALES, ya que si usted le pide al Banco que le “pague” un billete de, por ejemplo, $100 pesos, ya no recibirá su equivalente en divisas, sino otro billete de $100 o dos de $50, mismos que el propio Banco emite, por lo que de facto, el Banco no enfrenta compromiso o responsabilidad de pago por los billetes y monedas en poder del público.
Por lo anteriormente expuesto, al banco le tiene sin cuidado tener capital negativo y estar “quebrado” contablemente, además de que papá gobierno es su dueño.
Ahora, en lo que respecta a la cuantiosa cantidad de reservas internacionales que el Banco ha ido acumulando, que de por sí no se justifican, y más si se consideran las líneas de crédito “stand by” contratadas con el FMI, disponibles de inmediato ante cualquier contingencia, se ocupan acciones para mitigar este problema.
Revisando las disposiciones legales en materia de reservas internacionales y de divisas, a la letra, el artículo 18 de la Ley del banco dice: “El Banco de México contará con una reserva de activos internacionales, que tendrá por objeto coadyuvar a la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional mediante la compensación de desequilibrios entre los ingresos y egresos de divisas del país”.
Si bien algunos académicos opinan que las reservas deben ser suficientes para financiar un determinado número de meses de importaciones, la Ley del Banco le pone como función, “contar con divisas suficientes para compensar desequilibrios entre ingresos y egresos de divisas”, esto, porque en primera instancia, las exportaciones y las remesas deben proporcionar las divisas necesarias para pagar las importaciones, y solo el diferencial o déficit, quedaría a cargo del Banco.
Adicionalmente, considerando que cuando el peso ha estado bajo presiones cambiarias, el banco solo ha utilizado de manera marginal sus reservas para intervenir en el mercado cambiario, se justificaría buscar, primeramente, que las reservas dejaran de crecer, y posteriormente, reducirlas y/o reducir su costo.
Bajo esta óptica, considerando que el costo de la deuda de Pemex, por su baja calificación, es muy oneroso, el banco podría adquirir nuevas emisiones de deuda emitidas por Pemex, (sin las sobretasas actuales que paga) y con estos recursos reestructurar y aliviar la carga financiera actual de Pemex.
Esto también tendría beneficios para el Banco, ya que recibiría mayores intereses que los actualmente recibe, y de conformidad con el artículo 20 de su Ley, se interpreta que sí es factible este cambio de “divisa” y si no se interpreta así, se puede reformar la Ley del Banco para no dejar dudas.
