Monterrey

Rogelio Segovia: Pásele a envenenarse

Dos temas relevantes marcaron la agenda de esta semana: la pretendida reforma constitucional al sistema de pensiones en el País, y el caldo tóxico en que se ha convertido el aire de la Zona Metropolitana de Monterrey.

La zona metropolitana de Monterrey está sumergida en una nube tóxica que parece nunca despejarse.

Desde el viernes pasado, he estado trabajando desde casa y he tenido que modificar mi rutina de ejercicio. Además, he mantenido encendido el purificador de aire dentro de mi domicilio debido a la contaminación del aire. Pero frente a lo que millones de conciudadanos que trabajan al aire libre están padeciendo, mis molestias son menores.

Como contexto para quienes leen esta columna fuera del estado, tan solo este viernes 12 de enero 14 municipios del estado alcanzaron el poco honroso Top 10 de las ciudades más contaminadas del mundo; esto de acuerdo al sitio Air Quality, el cual reporta las ciudades con mayor contaminantes del mundo.

La extrema contaminación del pasado fin de semana fue atípica, y se debió a las “tormentas de polvo” provocadas por el frente frío número 26, lo que, aunado a la persistente contaminación industrial, generó una mala calidad del aire. O al menos eso fue lo que prácticamente todas las autoridades mencionaron.

Lo que no fue atípico fue la reacción de las autoridades responsables, mucho menos las medidas de contingencia para tratar de aminorar el riesgo a los ciudadanos. Más allá de emitir la primera alerta ambiental de este incipiente año, y de repetir las ya (muy) típicas (y constantes) medidas de prevención, no hubo más.

La contaminación del aire, según la OMS, provoca graves impactos en la salud, aumentando el riesgo de infecciones respiratorias, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer de pulmón.

Las personas vulnerables, como niños, ancianos y aquellos de bajos recursos, son más afectadas. Las partículas finas PM2.5, relacionadas con mortalidad prematura y como las que tenemos (en exceso) en Monterrey, representan los contaminantes más perjudiciales, penetrando profundamente en los pulmones.

Hablamos mucho del bienestar y propósito de nuestros colaboradores. Nos preocupamos por su movilidad social y económica, así como por su desarrollo profesional. Sin embargo, a menudo pasamos por alto un aspecto crucial: su salud vulnerada por la terrible contaminación que padecemos.

Reforma constitucional al sistema de pensiones.

Contar con una jubilación adecuada es un derecho humano. El derecho a la seguridad social, que incluye la jubilación, está reconocido como uno de los derechos humanos de eficacia internacional. Una pensión debe permitir a cada ciudadano una subsistencia en condiciones dignas. Cuando alguien se jubila sin una pensión suficiente, tiene que depender de sus hijos, lo que conlleva una carga financiera y emocional para estos. Además, las dinámicas y relaciones sociales y familiares se ven afectadas por las consecuencias de esta situación.

El esquema de jubilación que tenemos hoy en día (conocida como Ley del 97) estipulaba en su versión original que los trabajadores recibirán un monto de acuerdo a lo ahorrado en su Afore. Esto equivale, en el mejor de los casos, a un 40 % del último salario de la persona. La (muy) importante reforma del 2020 impulsada por la Iniciativa Privada vino a mitigar de forma considerable este problema. Pero aún no es suficiente.

Pero la pretendida reforma que se ha mencionado, y de la cual aún no tenemos mayor detalle, ¿es viable? En principio, y de acuerdo a la (poca) información que tenemos, una modificación como la pretendida (¿?) es un gran riesgo para el país que provocaría un verdadero tsunami financiero.

De acuerdo a Enrique Quintana, director general de este diario, no hay manera, en el corto plazo, de que las pensiones de los trabajadores afiliados al IMSS o a otros sistemas públicos, calculadas sobre la base de su ahorro individual, deriven en un monto equiparable al 100 % del salario que percibía el trabajador.

Una modificación de las pensiones, a cómo se ha mencionado, plantea riesgos significativos. En primer lugar, la participación estatal en el ahorro para el retiro amenaza las finanzas públicas, ya que las pensiones representan casi el 22 % del gasto total.

Esto podría disminuir la capacidad del gobierno para invertir en áreas críticas como salud, educación e infraestructura, aumentando el riesgo de déficit y endeudamiento. En segundo lugar, los trabajadores podrían enfrentar riesgos si el gobierno utiliza sus fondos en proyectos con objetivos sociales, pero sin garantía de rendimiento financiero.

Si se decide retornar a las antiguas pensiones sin límite y extraídas de un fondo común, sin recaudar contribuciones suficientes, el sistema enfrentará problemas financieros y eventualmente ocasionaría un tsunami financiero.

Estemos atentos a este tema.

Epílogo.— Alfonso Reyes escribió, refiriéndose a sol de la ciudad, “traigo tanto sol adentro, que ya tanto sol me cansa. ¡Cuánto sol se me metía por los ojos!, yo no conocí en mi infancia sombra, sino resolana”. Antes el sol caía a raudales y no había sombra, sino resolana. Ahora, atrapados en la perpetua contaminación de Monterrey, parece que vivimos bajo un velo oscuro y tóxico, donde la luz se ahoga en una sombra asfixiante y persistente. Pásele a envenenarse.

El autor es Doctor en Filosofía, fundador de Human Leader, Socio-Director de Think Talent, y Profesor de Cátedra del ITESM.

Contacto: rogelio.segovia@thinktalent.mx

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