En 2023, se logró un pequeño crecimiento económico, siendo ya el tercer año consecutivo, sin embargo, en términos per cápita, esta recuperación apenas ha alcanzado para regresar a los niveles prepandemia. Para 2024, en el mundo, la situación del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania sigue incierto; la economía china, con riesgos en su calificación crediticia; Japón, azolado por el reciente terremoto; y Estados Unidos, con los riesgos de una desaceleración y la incertidumbre por el resultado de las elecciones presidenciales, podría alterar la política actual hacia México.
Finalmente, en nuestro país enfrentaremos en junio próximo un gran reto, apostar por la política asistencialista actual o decirle adiós a MORENA y su proyecto de la Cuarta Transformación. Ante este cúmulo de eventos, ¿qué sucederá en 2024 en materia económica?
PIB. Mientras en 2023 la tasa de crecimiento del PIB se prevé deberá terminar en alrededor de 3.37 %, el pronóstico para 2024 es de apenas 2.18 %, según la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado que recolecta Banxico, similar a lo previsto por el FMI con un 2.1 %, en tanto que el Banco Mundial y la CEPAL son más cautos en sus pronósticos al ubicarse entre 1.8 % y 1.9 %, siendo la OCDE y la SHCP los más optimistas con escenarios entre 2.5 % y 2.6 %.
Independientemente de la institución que se considere como referencia, es evidente que se prevé una ligera desaceleración en el ritmo de crecimiento económico, a pesar del nearshoring que beneficiará a México, y que además será un año con relativa abundancia de un elevado gasto público por los comicios presidenciales de junio próximo, lo cual manifiesta un temor de los inversionistas ante el resultado aún incierto que estas elecciones puedan derivar y su consiguiente mantenimiento o viraje de la política económica. Esto último, aunado la incertidumbre mundial, dará por resultado un año de un relativo freno a la actividad económica en México.
Inflación. La inflación en el 2023 se corrigió de una manera importante cuando a inicios del año se preveía fuera el dolor de cabeza de la autoridad monetaria. Sin embargo, a pesar de esta corrección, el objetivo de la política monetaria sigue sin cumplirse. La expectativa es que la inflación cierre en 4.57 %, por encima de la meta oficial del 3 % más/menos un punto porcentual. Para el 2024, el pronóstico ubica la inflación en niveles de 4.01 %, lo que manifiesta que esta variable seguirá a la baja, acercándose cada vez más a la meta; sin embargo, la expectativa de grandes cantidades de circulante en el país, a raíz de los apoyos económicos que los diferentes partidos políticos brindan a la ciudadanía en aras de conseguir su voto, supondrá un factor de riesgo que haría que la cifra estimada pudiera revisarse al alza. Es decir, aunque se prevé que la tasa inflacionaria pueda reducirse seguirá manifestándose como un problema latente para la economía mexicana, debido a la existencia de factores internos y externos: por el lado interno, principalmente el factor electoral, así como el debilitamiento de las estructuras de las cadenas de suministro, en tanto que, por lo exterior, la incertidumbre en la evolución de la economía norteamericana y la china, así como el conflicto bélico en Europa.
Tasa de interés. La tasa de interés se ha vuelto un instrumento de política monetaria extremadamente riesgoso: por un lado, es necesario que se utilice para mitigar una posible fuga de divisas, pero al mismo tiempo impone un freno en el crecimiento económico. Algunos especialistas han llegado a señalar que el costo del dinero en México podría empezar una eventual desaceleración hacia el primer trimestre del año, pudiendo finalizar entre 9 % y 10 %, según diversas estimaciones, mientras que en Estados Unidos podría presentarse este escenario hacia el primer semestre ante un declive en la inflación de aquel país, cerrando el año en alrededor del 5 %. Lo anterior confirma que las tasas de interés podrían experimentar una eventual caída, pero estas seguirán siendo altas para finalizar el año.
Desempleo. La fortaleza del mercado laboral podría verse beneficiada gracias al nearshoring y a las elecciones presidenciales, aunque esta no necesariamente se verá reflejada en una disminución en las cifras de desempleo, ya que esta recuperación podría estar derivando hacia una economía informal o de empleos temporales. Además, los crecientes costos laborales por la mayor aportación de la cuota empresarial para la seguridad social y el reciente incremento del 20 % en los salarios mínimos y profesionales juegan en contra.
Balanza comercial, cuenta corriente e inversión extranjera directa. En estos indicadores, se visualiza un empeoramiento en los primeros dos rubros, lo que significará una mayor salida de divisas hacia el exterior, que no podrá ser compensada con la entrada de remesas, en tanto que la inversión extranjera directa podría crecer alrededor de 2,100 millones de dólares gracias al nearshoring. En opinión del Gobierno, el déficit de la balanza comercial se explicará por la fortaleza de la paridad cambiaria, lo cual, en realidad, pende de diversos factores y no de la economía mexicana.
Gasto público. Ante la proximidad de las elecciones y al interés de la actual administración de preservar los fundamentos de la Cuarta Transformación, es previsible un aumento importante en este rubro, lo que presionará a la inflación. Seguramente, se verá en la urgencia de terminar los proyectos de infraestructura insignia del actual Gobierno federal.
Es evidente que el Gobierno de México continuará teniendo un gran reto para este 2024, un año de incertidumbre económica y política, ya que no solo se trata de estabilizar la inflación, mantener el crecimiento y la fortaleza de la moneda nacional, así como disminuir el desempleo, sino de acelerar la recuperación económica. En resumen, 2024 pinta para ser un año con dificultades, a las cuales se añadirá el escenario político, pues se verá el desgaste en la guerra sucia entre el Gobierno federal y los candidatos a la presidencia de México, lo que incrementará, sin duda alguna, el gasto público asistencialista que permita un mejor escenario para MORENA rumbo a la elección.
El autor es director del Programa Académico de la Licenciatura en Economía en la Universidad de Monterrey y presidente de la Asociación Nacional de Instituciones de Docencia e Investigación Económica, AC.