Monterrey

Marco Pérez: Balance económico del sexenio

El primer comentario que es importante poner en la mesa, con relación al desempeño de la economía, es que el gobierno NO es el artífice de todos y cada uno de los resultados económicos en el País, ya que su ámbito de accion directa en la economía se circunscribe a la política fiscal, (ingreso-gasto) así como a la acciones en materia de promoción y de regulación económica, que sí afectan de manera directa la actividad económica en el País.

Quizás el caso más evidente y significativo, es la fortaleza del tipo de cambio, que en los medios y en las redes sociales, se festina como un “logro” y se le atribuye al buen manejo de la economía por parte del gobierno federal, cuando en realidad, estamos ante un escenario de “debilidad” de la moneda norteamericana, y particularmente en el caso de nuestra moneda, apoyada por la oferta de dólares, explicada por un monto histórico de remesas, así como por el amplio diferencial en las tasas de interés pagadas en México, versus las de Estados Unidos.

Obviamente, ni el monto de las remesas, ni el diferencial en las tasas de interés, son variables dentro de la acción del gobierno federal, por lo que de manera dolosa se pretende engañar a la población para generar una aprobación espuria en apoyo a la política económica (if any) del gobierno federal.

Otra variable que se ha festinado de manera particular, es sin duda, el crecimiento de la economía, el cual, dejando a un lado la posible manipulación del verdadero crecimiento real, mediante la aplicación de un deflactor de precios implícito inferior al real, un elemento importante que ha contribuido de manera fundamental al dinamismo de la economía mexicana, es el inesperado crecimiento económico de la economía norteamericana, factor que NO está asociado a las actividades del gobierno federal.

En efecto, este inesperado crecimiento económico en los EUA, ha sido determinante para impulsar el crecimiento de nuestras exportaciones, sin las cuales, no estaríamos con este indicador favorable, por lo que en este resultado favorable, como ya se señaló, nada tiene que ver con la acción gubernamental del gobierno federal.

Por otro lado, en materia de crecimiento de la economía, el indicador más relevante es el crecimiento del PIB por habitante, no del PIB total, y desafortunadamente, en este apartado, a la fecha no hay crecimiento alguno en este sexenio.

Continuando con otro indicador festinado, es la tasa del desempleo abierto, la cual se presenta con una ligera disminución, sin embargo, al analizar con mayor grado de detalle la evidencia, la conclusión es que se registra un importante deterioro en materia de desempleo, tal y como lo apunté en una nota anterior.

La explicación a esta situación, es que si bien la tasa de desempleo abierto registra una ligera reducción, el número de trabajadores que, aún sin estar desempleados abiertamente, buscan activamente un nuevo empleo, ha crecido de manera importante, por lo que la tasa de “presión” sobre el mercado laboral, supera el 30% de la población económicamente activa.

Esto revela que los “nuevos” empleos generados por la economía, no satisfacen a los trabajadores, ya sea por el bajo salario que pagan, porque no tienen seguridad social, o por alguna otra razón, que hace a los trabajadores seguir buscando empleo, y toman esas plazas laborales para devengar algún ingreso, mientras siguen buscando un mejor empleo.

Por otro lado, los empleos generados están preponderantemente en el sector informal de la economía, por lo que es un hecho que la evolución del sector laboral en la economía, NO está mostrando un buen desempeño, a pesar de que la tasa de desempleo abierto se ha reducido un poco, y da la impresión de que hay buenos resultados en el sector laboral.

En materia de inflación, después del alza significativa asociada a la pandemia y a la escasez de insumos estratégicos a nivel mundial, el crecimiento en los precios se ha moderado, pero en nada asociado al programa de contención de precios decretado por el gobierno federal, ya que la evidencia muestra que los precios de estos productos básicos incluso crecían a ritmos superiores al del índice general.

Por otro lado, en materia de precios controlados, ya sea de manera directa o indirecta, como el precio de las gasolinas, a través de los impuestos y de los estímulos fiscales, los resultados muestran que el precio de los combustibles, de 2018 a la fecha, han aumentado por arriba de la inflación, a pesar de las promesas de campaña.

Ahora bien, entrando al desempeño de la política fiscal, donde de manera directa e indubitable el gobierno federal SÍ tiene injerencia directa, el desempeño, simplemente, es DESASTROSO.

Este gobierno tomó cargo con un déficit financiero de quinientos mil millones de pesos al año, y lo estará entregando con un sobregiro de DOS BILLONES DE PESOS, es decir, lo está multiplicando por CUATRO, y estará colocando nueva deuda pública en 2024 por $2.5 billones de pesos, equivalentes a 7.3% del PIB, y serán la antesala de un mayúsculo problema financiero para la siguiente administración.

Finalmente, considerando las acciones directas de gasto y de manejo de estímulos fiscales, los resultados, de nueva cuenta, son deplorables y en detrimento de los sectores productivos atendidos, ya que el campo, la construcción de vivienda y las actividades de las micro y pequeñas empresas, vieron completamente anulados sus programas y sus apoyos gubernamentales, además del manejo inconstitucional de las leyes reglamentarias, particularmente la de energía eléctrica, (en contubernio con el poder legislativo, de mayoría Morenista) que impactaron negativamente en la actividad económica de los productores privados de energía eléctrica.

El inmenso despilfarro de recursos públicos en obras deficitarias que seguirán sangrando las finanzas públicas, sin los estudios legales de factibilidad ni de impacto ambiental, en completa opacidad presupuestal, construidas y operadas de manera artesanal, (por decir lo menos), lejos de aportar al crecimiento económico, serán un lastre económico permanente, hasta que sean liquidadas.

Poner en manos inexpertas el manejo de importantes carteras y de grandes empresas como Pemex, nos ha costado muchísimo dinero, los resultados hablan por sí mismos, con una producción que nunca pudo aumentar, con pérdidas recurrentes que han sangrado las finanzas gubernamentales a lo largo de este sexenio, y sin éxito alguno en la reconversión de las 6 refinerías del País, siguen perdiendo dinero al refinar, a pesar de que aquí la gasolina se vende al doble de precio que en Texas.

Finalmente, dejar a las fuerzas armadas a cargo de las obras faraónicas, así como controlando puertos, aeropuertos, aduanas y un sinnúmero más de actividades, será sin duda alguna el mayor problema que habrá de enfrentar la nueva administración, ya que se ocupa regresar a los cuarteles al ejército, a la marina, y eliminar la guardia nacional, lo cual será difícil, más ahora que ya están hinchados de dinero.

Marco Pérez

Marco Pérez

Economista especialista en finanzas públicas, Socio Director de Econometría Aplicada SC, Conferencista y Catedrático a nivel doctorado.

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