Monterrey

Alexander L. Lapshun: ¿Contribuye la digitalización a la mejora de las capacidades de una organización?

La digitalización es un término que tiene uso cada vez más frecuente y se relaciona con las tecnologías digitales.

Estábamos esperando tranquilamente a nuestro hijo en casa, pues ya era hora de que regresara después de haber realizado sus actividades extraacadémicas. Todos nuestros intentos de comunicarnos con él, por medio del teléfono móvil, resultaron fallidos y terminaron en un correo de voz. Quizás porque no alcanzó a contestar o porque la batería se agotó, como sucede muchas veces y cuando más se necesitaba.

Finalmente regresó, media hora después de lo que normalmente llega, cansado y sudoroso pero feliz después de jugar fútbol con sus amigos, y nuestra preocupación y nuestros sentimientos de impotencia se aliviaron al verlo. Veinte minutos más tarde, más relajados y sentados en la sala del departamento, hablamos de nuestra creciente dependencia de los dispositivos digitales.

Es importante recordar que las personas de un poco más de treinta y cinco años de edad no tenían teléfonos móviles, sabían utilizar relojes analógicos para llegar a casa a tiempo y teléfonos públicos para avisar a los padres de los retrasos, pero hoy, cuando se agota la batería, comienza un sufrimiento y una tortura apocalíptica por todas las implicaciones que esto representa y porque las ideas generadas por todo esto no tienen fin.

¿Cómo esto se está haciendo cada vez más familiar para todos nosotros? ¿Lo que acabo de mencionar sobre un incidente familiar lo podríamos relacionar con el ámbito laboral? Creo que la conexión es poderosa, pues estamos avanzando a todo vapor hacia una creciente digitalización, y ampliamos continuamente nuestra dependencia de los procesos automatizados por las máquinas.

En términos generales, la digitalización es un término que generalmente tiene uso cada vez más frecuente y se relaciona con las tecnologías digitales, por ejemplo: reemplazar atlas, mapas y hojas de ruta por dispositivos de navegación por satélite; pasar de líneas telefónicas analógicas al uso directo de voz y líneas de comunicación celular; encontrar códigos QR en lugar de menús impresos en los restaurantes; todos estamos familiarizados con estas situaciones.

Ni siquiera podemos imaginar ya nuestras vidas sin WhatsApp, Waze, banca electrónica, sensores de marcha atrás en los carros, entre muchas otras aplicaciones cotidianas. Nos olvidamos por completo de la época de los telegramas, de las cartas escritas a mano, de los teléfonos públicos y de los pesados atlas en la guantera de nuestros coches.

Los trenes subterráneos (metro) sin tripulación forman parte de nuestra realidad desde hace décadas, es sólo cuestión de tiempo que veamos autobuses sin conductor en las calles; durante décadas, las aerolíneas y los pilotos han confiado en el sistema automático de manejo durante los vuelos comerciales y la lista sigue creciendo, añadiendo cada vez más actividades realizadas por máquinas.

El informe de la OCDE de 2019 sobre la digitalización destacó su enorme potencial para aumentar la productividad y mejorar el bienestar; también mencionó que la digitalización aumenta las desigualdades si algunas personas, regiones u ocupaciones se quedan atrás.

¿Qué significa esto para nosotros? ¿Es razonable tener nuevas generaciones que nunca han sentido el olor del libro real, que no tienen ni idea de cómo ir a una cita o llegar a un lugar si la red de internet no está disponible, y que apenas saben cómo medir el nivel de gasolina en sus vehículos? ¿Serán las nuevas generaciones de empleados menos competentes porque dependen demasiado de las máquinas y los controles digitales? ¿Qué pasará si las redes digitales que se tienen actualmente se apagan? ¿Tenemos todavía suficiente competencia para seguir produciendo y viviendo?

Estas interesantes preguntas no necesariamente tienen respuestas claras y satisfactorias por el momento, sin embargo, lo que está claro es que no podemos detener el progreso. Hemos aprendido, a lo largo de generaciones, que la automatización tiene alcances positivos e impulsa la mejora, aunque hay que mencionar que las revoluciones industriales también generaron debates e incluso disturbios, nadie puede negarlo; la humanidad fue la principal beneficiaria de los resultados, lo mismo sucederá con lo que estamos viviendo.

Es evidente que, al diseñar el futuro de los negocios, no podemos darnos el lujo de perder de vista la competencia central. Investigadores alemanes analizaron los cambios en la industria en su país y concluyeron que el riesgo de que la humanidad pierda competencia por una dependencia excesiva de las soluciones digitales es nulo o superficial.

Esta conclusión es reconfortante, pero el lado negativo que se puede mencionar es que el trabajo digital no mejora automáticamente las oportunidades de aprendizaje ni el desarrollo de nuevas habilidades, más bien tiende a reducirlas debido a la falta de conceptos organizacionales más innovadores.

De cara al futuro, es necesario desarrollar un marco claro para la participación sistemática de los colaboradores en los procesos de innovación, asociados con la digitalización y los correspondientes procesos de aprendizaje y desarrollo. También se necesitan varias medidas dentro de las empresas para gestionar mejor el cambio hacia el trabajo industrial digitalizado, incluido el establecimiento del aprendizaje como un aspecto central de la organización del trabajo.

El autor es profesor de tiempo completo en el departamento de Gestión y Liderazgo de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey. Terminó sus estudios doctorales en la Universidad de Walden en Minneapolis Minnesota. Sus líneas de investigación están enfocadas al estudio de la cultura organizacional de alto desempeño, la confianza y la competitividad en equipos de trabajo virtuales e híbridos.

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