Durante la segunda mitad del siglo pasado, de 1950 en adelante, los científicos de todo el mundo empezaron a notar señales que afectaban los factores climáticos del planeta. Su primer enfoque fue atribuírselo al consumo de carbón. Han pasado casi 75 años desde esas primeras señales y hasta ahora se han desarrollado cientos de teorías que tratan de explicar lo que le está pasando al planeta.
El hecho es que el planeta ha sufrido grandes cambios climáticos y una de las consecuencias es que el agua y su disponibilidad han sufrido una transformación radical.
Vale la pena recordar que desde que se separaron los continentes y se formaron los océanos, la cantidad de agua disponible en el planeta no ha aumentado. La caída de miles de meteoritos, desde esas lejanas fechas, han proporcionado una cantidad de agua adicional, tan insignificante, que su aportación es casi cero.
Entonces, el agua que tenemos es toda la que hay. Pero aun sabiendo esto, estamos llenos de incertidumbre y nos enfrascamos en miles de conflictos para conseguir un litro más de agua para el consumo humano o para que la maquinaria agrícola y productiva sigan funcionando.
Dicen los expertos que el agua nos conecta en todas las dimensiones de la vida natural y humana. Y señalan, como si decirlo ayudara en algo a conservarla, que todo depende del agua - desde los sistemas socio-técnicos (una nueva forma de llamarle a las ciudades) y sus infraestructuras energéticas, de saneamiento, movilidad y conectividad, hasta los procesos ecosistémicos generados por la propia naturaleza, esto último se refiere a las cuencas hídricas y las montañas y bosques que se requieren para capturar el agua.
Hacemos un paréntesis para apuntar los esfuerzos que hace una organización que tiene la vocación de estudiar y proponer soluciones, basadas en ciencia, para el uso del agua a nivel continental, me refiero al Centro del Agua del Tecnológico de Monterrey.
Actualmente, el Centro del Agua busca desarrollar líderes preparados para enfrentar escenarios de alta complejidad y fomentar nuevas generaciones de investigadores especialistas con enfoque inter y transdisciplinario.
El pasado mes de noviembre celebraron su aniversario 15 y realizaron un ciclo de conferencias bajo el nombre “The Future of Water”, donde algunos de los participantes del Tecnológico de Monterrey fueron Inés Sáenz Negrete, vicepresidenta de Inclusión, Impacto Social y Sostenibilidad; Daniel Jacobo Velázquez, decano asociado de Investigación de la Escuela de Ingeniería y Ciencias; y Aldo Ramírez Orozco, director del Centro del Agua; así como Lorena Guillé-Laris, directora ejecutiva de Fundación FEMSA; y Anamaría Nunez Zelaya representando al Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Sus propuestas todas muy interesantes se pueden resumir en dos.
La primera es que todos tenemos que participar en resolver la problemática del uso del agua, la sostenibilidad, la resiliencia climática, la seguridad hídrica, el liderazgo, la educación para el desarrollo sostenible y la promoción de una cultura del agua.
La segunda es la reflexión de que hoy debemos afrontar el reto con una determinación inquebrantable, comprendiendo que el momento del cambio es ahora, cambiando nuestra relación con el agua.
Sin hacer menos estos esfuerzos, porque se necesitan para ver y conocer, me atrevo a comentar, que parecen tareas realizadas en la estratósfera, o sea fuera del planeta. Por eso me interesa más, proponer, trabajar y sumar más participantes en iniciativas como la que encabezó HEINEKEN México el pasado mes de noviembre.
Ellos se propusieron preparar a las personas que están en el campo, y me refiero a literalmente “en el campo”, a agricultores mexicanos.
Así lo planteó uno de los líderes de este proyecto, mencionando que este convenio tiene como objetivo implementar un sistema de agricultura de conservación, para hacer más eficiente el uso del agua y contribuir al desarrollo y tecnificación del campo mexicano.
De lo que se trata es de desarrollar y difundir sistemas de producción de granos básicos basados en la transferencia y la aplicación de tecnologías innovadoras, adaptadas a las necesidades y a las realidades socioeconómicas de Nuevo León. La tarea se realizará en cuatro municipios del estado: Pesquería, Aramberri, Galeana y Santa Catarina.
Para hacer realidad este proyecto la empresa cervecera se asoció con el Centro Internacional del Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) y con la Secretaría de Igualdad e Inclusión del gobierno del estado.
El proyecto incluye operar un esquema de 15 bloques de estudio, que los técnicos van a estar aprendiendo al transcurso del año que viene. Los técnicos que serán entrenados son jóvenes fuertemente vinculados con los procesos agrícolas de sus regiones de origen.
Ellos acompañarán al productor en cada paso de su ciclo productivo, de ahí van a dar consejos, asesoramiento de cómo pueden hacer las cosas un poco mejor en esa búsqueda, en esa transición de cambio de hábitos hacia una agricultura sustentable.
Reducir el consumo del agua en el campo, tener un ciclo agrícola sustentable, aumentar el rendimiento de las cosechas y la economía de las familias que de ahí dependen, son sólo algunas de las metas que se alcanzarán con este esfuerzo.
Tanto lo que hace el Centro del Agua como los esfuerzos de HEINEKEN México para impactar en el campo mexicano, son necesarios para generar un México mejor. Todo suma.
No perdamos la fe ni la esperanza, hasta la próxima.
