Monterrey

Pablo de la Peña: Desafección en la democracia

Un desafío inminente.

En la reciente edición de la revista The Economist “The world ahead 2024″ en su sección “Leaders”, se publica un artículo que se titula “Democracy in danger”.

En este artículo se destaca que en el 2024 más de la mitad de la población mundial vive en países que tendremos elecciones en algún momento del año. Lo que pareciera ser un triunfo para la democracia – nos dice la revista – quizá sea justo lo opuesto.

Coincidentemente hace unos días tres universidades de Latinoamérica realizamos el primer congreso de ciencias sociales y gobierno, con el título “Los desafíos de la democracia en América Latina”. Con el propósito de reunir investigadores, académicos y líderes de opinión para reflexionar sobre este tema, representantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de la Universidad de los Andes en Colombia, y del Tec de Monterrey se reunieron en la ciudad de Monterrey y compartieron diversos puntos de vista sobre este fenómeno que nos preocupa que es la creciente desafección por la democracia en nuestros países.

A pesar de que seguimos teniendo elecciones en nuestros países y que en México en el 2024 estaremos eligiendo más de 20 mil cargos públicos, preocupa que se utilicen los comicios para legitimar el autoritarismo y debilitar instituciones que salvaguardan el balance de poder en nuestros países.

Este ataque no se limita de manera exclusiva a un solo lado del espectro político. Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en los Estados Unidos en el 2016 con 2 puntos por debajo de Hilary Clinton, en el voto popular pero ganó 304 votos electorales, más que suficientes para ganar la presidencia. Podríamos decir que Trump se caracterizó por mantener un discurso polarizante, desafiante, nacionalista y xenofóbico.

En el 2018, AMLO ganó las elecciones presidenciales en México con el 53 por ciento de la votación y dejó en 22 por ciento a un muy lejano segundo lugar.

Desde su llegada, su discurso ha sido polarizante, constantemente atacando a la clase empresarial, a la prensa y a cualquiera que esté en su contra.

A través del uso del presupuesto para favorecer sus programas sociales (clientelares) ha mermado la capacidad de las instituciones de mercado y el balance de poder, y a diferencia de Trump, AMLO se ubica al otro extremo del espectro político.

En el 2019, Nayib Bukele ganó las elecciones presidenciales en El Salvador, también con un amplio margen sobre el segundo lugar, 53 sobre 32 por ciento.

A diferencia de Trump y de AMLO el discurso de Bukele creo que ha sido relativamente moderado en el espectro político, pero con una tendencia clara hacia la derecha y con un fuerte énfasis en la búsqueda por consolidar la autoridad.

En el 2021 Gabriel Boric, gana las elecciones presidenciales en Chile después de la segunda vuelta, con una clara orientación socialista y con la encomienda de aprobar una carta magna que responda a una nueva realidad de país. Gustavo Petro ganó las elecciones presidenciales en Colombia en el 2022 con un amplio margen desde la primera vuelta, 40 contra 28 por ciento y con menor margen en la segunda vuelta 50.4 sobre 47 por ciento.

El caso de Colombia es interesante en cuanto a la polarización de opciones de populismo de izquierda con Petro y el populismo de derecha con Rodolfo Hernández. Recientemente en Argentina, Javier Milei ganó las elecciones presidenciales en su país en la segunda vuelta con 56 por ciento de la votación en medio de un discurso claramente polarizante, estridente, de extrema derecha, pero creo que con propuestas irreales, aunque en el sentido correcto.

Milei propone reducir el gasto público, contrarrestar la inflación y combatir la corrupción, todo eso suena razonable; pero lo irreal es la forma como lo desea lograr, pues dice que eliminará una buena cantidad de ministerios (secretarías), eliminará el Banco Central y dolarizará la economía del país. Necesitaría otra publicación de este espacio para explicar las consecuencias de estas propuestas.

Estos casos tanto de izquierda como de derecha con ideologías diferentes, pero con prácticas similares, no llegaron de manera fortuita al poder, las condiciones, en cada país, favorecían el triunfo de personalidades radicales que hicieran eco con las demandas más fundamentales del electorado, que respondieran, al menos en expectativa, al repudio de la sociedad hacia la clase “tradicional” política y a los vicios de la misma.

Precisamente uno de los grandes desafíos de nuestras democracias es atender la desesperación de la sociedad materializada en las urnas; es dar esperanza de que se atenderán las necesidades más elementales que como individuos demandamos tales como: seguridad, estado de derecho, salud y oportunidades. Mientras quienes tienen en sus manos la dirección de un país no cumplan con estas demandas, creo que los electores seguirán respondiendo a candidaturas estridentes y polarizantes, como ha pasado en estas últimas elecciones en nuestro continente.

Los triunfos de estas representaciones populares no son ni serán un accidente, serán el resultado de manifestaciones reales de la sociedad por buscar que perfiles diferentes a lo tradicional les resuelvan sus problemas.

Por lo que un desafío inminente de nuestras democracias es encontrar mejores perfiles que puedan ocupar posiciones de elección popular con una clara vocación por crear valor público, en vez de incrementar su riqueza personal o la de sus partidos.

Pablo de la Peña

Pablo de la Peña

Decano Asociado de Educación Continua de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno y director de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública, profesor del Tec de Monterrey de Economía y de Gestión Pública Aplicada.

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