Una de las principales razones por las que pensamos que una persona maneja de manera incorrecta su dinero es por falta de entendimiento del mismo. Quizá si se propaga la educación financiera pudiera la sociedad manejar mejor su cartera.
Sin embargo, ¿cómo explicamos el hecho de que hay personas con estudios en el área de negocios manejando su dinero con prácticas tan irracionales que terminan metiéndose el pie, en lugar de usar sus conocimientos para tener unas finanzas sanas?
La realidad es que, para poder mejorar la toma de decisiones asociadas al dinero, además de cumplir con el requisito de educación financiera, es de vital importancia el ir comprendiendo nuestra psicología cognitiva conductual. De esta forma, podremos entender el origen de nuestro comportamiento y cómo corregir ciertas actitudes que terminan haciéndonos cometer dichos errores.
Uno de los principales temas de interés para la persona que quiere mejorar su toma de decisiones es entender la fantasía de las expectativas.
Para ello debemos entender que, como humanos, tenemos necesidades y deseos. Las necesidades son productos o servicios que son vitales para nuestra existencia y felicidad. Los deseos, al contrario, no son necesarios ni para nuestra existencia, ni para nuestra felicidad.
Como personas responsables, debemos preocuparnos por garantizar tener todas nuestras necesidades cubiertas a través de estrategia financiera, dando prioridad a nuestros esfuerzos económicos, a tener un hogar, comida, agua, salud.
El problema surge cuando desviamos nuestra atención y la focalizamos a nuestros deseos, es ahí cuando uno puede caer en la fantasía de las expectativas, pero, ¿qué es la “fantasía de las expectativas”?
La fantasía de las expectativas es creer que serás feliz o encontrarás la plenitud en la búsqueda y obtención del siguiente deseo que se te viene a la mente. Este comportamiento puede ser muy perjudicial para tu bolsillo y tu tranquilidad, porque no tiene final; una vez alcanzado el deseo, el hábito de insatisfacción te llevará a focalizar tu atención en el siguiente deseo, sin poder completar tu búsqueda por la felicidad o plenitud (porque ese no es el camino para alcanzarlo).
Con un ejemplo quedará más claro. Imagina que te encuentras en una ciudad con un mal sistema de transporte público y tienes la necesidad de recorrer distancias largas para ir a trabajar. Haces un esfuerzo y logras comprarte un coche.
Evidentemente este coche te va a generar felicidad y te va a ayudar a satisfacer una necesidad, por lo tanto, podemos considerarlo como una buena decisión el haber puesto tu dinero en este activo.
Pasa el tiempo y ves un comercial, uno que comunica mucha libertad. Era sobre un automóvil, uno de lujo, deportivo, descapotable, color rojo. Se te pone la piel china, sientes escalofríos por todo el cuerpo. Lo deseas. A partir de ese momento no puedes quitarte de la cabeza este automóvil (a pesar de que ya tenías uno), estás seguro que tú te lo mereces y decides colocar todos tus esfuerzos económicos para conseguirlo. Ahorras para el enganche y aceptas un crédito que desbalancea tus finanzas personales con tal de llevarte este auto a tu casa.
Desde el momento en el que viste el coche en el comercial y te imaginaste sobre él, la fantasía de la expectativa te hizo sentir muchas emociones, te hizo pensar que era la solución a tus problemas, el camino a la felicidad.
No obstante, en el momento en el que ya lo tienes, te das cuenta que sigues siendo la misma persona, pero ahora con dos automóviles. También te das cuenta que la necesidad ya estaba satisfecha con el primer auto. Además, ahora no la pasas tan bien porque tienes que pagar mensualmente un crédito para los siguientes años que no te permite tener estabilidad.
Este tipo de decisiones son más comunes de lo que creemos. Para no caer en este sesgo cognitivo, una buena práctica es entender cuáles son tus necesidades y no tomar decisiones de compra por emociones, dejar que tus deseos maduren. Siempre darle prioridad a la estabilidad y no al capricho, porque una vez teniendo satisfechas tus necesidades, la felicidad la encontrarás en tu interior, jamás estará en el siguiente deseo.