Monterrey

Isabella Richardson: Calladita te ves menos

La cultura de silencio debería cambiar a una cultura de denuncia, donde lo sucedido no se mantiene en la oscuridad.

Acercándose el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se ve cómo las redes sociales han cambiado la manera en que vemos el abuso y cómo nos comportamos hacia el silencio.

#MeToo, #NiUnaMenos, #MiPrimerAcoso, #TimesUp. ¿Qué tienen estos hashtags en común? Como probablemente sabes, son algunas de las manifestaciones en redes para responder a la violencia de género.

#MeToo, creado por la activista Taran Burke en el 2006 como un movimiento para apoyar a las sobrevivientes de acoso, fue viralizado en 2017 cuando la actriz, Alyssa Milano, lo usó después de que salió a la luz el abuso que sufrió por el productor Harvey Weistein. Milano alentó a las mujeres que sufrieron injusticias a usar la frase en sus plataformas sociales; se viralizó al instante. Cientos de mujeres y hombres alrededor del mundo respondieron a los pocos días. Es a través de hashtags como estos que paulatinamente se rompen las murallas de grupos silenciados.

Desde entonces, especialmente desde la viralización en redes, se sensibilizó y se impulsó a parar este tipo de violencia en la sociedad; se implementaron estrategias de prevención, la atención a víctimas y surgieron campañas.

Sin embargo, ha habido una cultura incrustada en nuestras mentes, en donde no se debe hablar de este tipo de asuntos: la Cultura del Silencio. Paulo Freire, un filósofo brasileño, conceptualizó esta como la negación a discutir ciertos temas debido a las condiciones objetivas del contexto oprimente. Dicha cultura somete comportamientos de violencia, produce opresión y moldea la manera en que entendemos el abuso. En sí, hace que los ciudadanos queden silenciados sin poder expresar sus verdades.

Esto es relevante porque se acerca el 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Esta conmemoración surge en 1993 con la declaración de la ONU, buscando eliminar el abuso contra la mujer. Desde el año 2000, para crear conciencia, nombraron esta fecha para que se abra el diálogo mundial e invitar a la gente a hacer activismo.

En años anteriores, han marcado sus actividades con color naranja como símbolo unificador para atraer la atención al tema. Es aquí donde la cultura de silencio debería cambiar a una cultura de denuncia, donde lo sucedido no se mantiene en la oscuridad. Es por eso que ahora existen instituciones donde se promueve el uso de tu voz.

Mi universidad, la UDEM, creó en el 2020 el Centro de Equidad de Género e Inclusión (CEGI). Su propósito es construir espacios seguros, fomentar la igualdad de género y realizar alianzas con otras organizaciones para incidir en la prevención y erradicación de la violencia. Este año, en su tercera gestión, se promueve su evento Semana Morada; por toda una semana, se ofrecen espacios de reflexión a través de conferencias, talleres y paneles, esto con el fin de sumarnos a la lucha de la erradicación de violencia de género.

Aunque desde hace años el tema se ha vuelto un punto toral en las agendas gubernamentales, es en la era digital que el silencio ha empezado a desmoronarse. Relaciones de larga distancia se han vuelto más estrechas. Conversaciones que antes tardaban meses en contestarse, se manifiestan en cuestión de horas. La habilidad de poder comunicar lo sucedido a través de redes ha facilitado que mujeres puedan dar luz a sus casos y que la costumbre mexicana de no hablar de temas de abuso pierda su peso.

Es importante cambiar la cultura del silencio a una de denuncia, donde dejemos a un lado la frase “calladita te ves más bonita”. Según Freire, no basta reconocer esta cultura para asegurar la transformación individual y social; la manera para escapar de esto, fuera de ser conscientes, es asumir un papel dinámico y ejercer nuestro derecho a la voz. Esto es un ejercicio que se debe realizar en conjunto, con una participación total de los ciudadanos.

Habla de lo sucedido; no tiene que ser en un podio con cientos de espectadores o en una cuenta con múltiples seguidores, con que una persona sepa y se haga algo al respecto es suficiente. No importa si uno sufre violencia psicológica, física, económica, patrimonial o sexual, debe existir un espacio seguro donde habrá la atención necesaria.

Para mostrar tu compromiso de poner fin a la violencia de género, tiñe el día naranja.

Issabella Richardson es estudiante de Licenciatura en Letras en la Universidad de Monterrey desde el 2021 y trabaja con CEGI. Entre sus intereses se encuentra la creación literaria, temas de género y análisis de mitos y cuentos.

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