Inicia el último trimestre de 2023 con un (des)balance en los desafíos económicos y financieros globales que se fueron desarrollando a lo largo del año.
El crecimiento económico ha continuado con una lenta recuperación, con la expectativa de superar el pronóstico de este año y reafirmando las probabilidades de una contracción económica en el siguiente. El mercado laboral ha mostrado una más estabilidad, México se encuentra entre los países donde la tasa de desempleo actual ha regresado a niveles pre-pandemia.
Por su parte, las presiones inflacionarias no han cedido, y por ende, en la búsqueda de controlar el crecimiento generalizado de los precios, las tasas de interés han incrementado o se han mantenido altas. Tal es el caso de la más reciente decisión de política monetaria del Banco de México. El pasado jueves Banco de México anunció que mantendría la tasa objetivo en 11.25%, considerando que algunos de los riesgos al alza de la inflación es la persistencia de una alta inflación subyacente (mercancías y servicios), la depreciación del tipo de cambio por la volatilidad internacional y la presión de mayores costos.
La decisión de política monetaria era la esperada por el mercado y la reacción del mismo lo confirma. Especialmente porque una semana previa, la Reserva Federal (Banco central de Estados Unidos) había realizado el anuncio de mantener el rango de tasas de interés.
En contraste, las expectativas sobre el desempeño futuro del mercado son inciertas.
Con la intención de profundizar en el análisis de dichas expecatitvas, podemos utilizar la estructura a plazos de las tasas de interés que es utilizada con la curva de rendimientos.
La curva de rendimientos es una representación gráfica de los rendimientos de un instrumento financiero, tal como los bonos gubernamentales, pero con distintos plazos de vencimiento. Usualmente esta curva tiene una pendiente positiva, la cual muestra como las tasas de interés de mayor plazo son más altas a las tasas de interés de corto plazo.
La explicación es sencilla: si una inversionista tiene la posibilidad de invertir en un instrumento financiero, dicha inversionista esperará un mayor rendimiento si elige un plazo mayor que un plazo menor. Ella estaría asumiendo más riesgo de que un aumento de la inflación reduzca su rendimiento esperado. Pues bien, desearía que con el rendimiento de su inversión pueda adquirir lo mismo o más bienes y servicios pese al incremento de los precios de estos. Lo que la inversionista estaría buscando sería una prima por plazo.
Para nuestro caso, los certificados de deuda gubernamental mexicana (CETES y Bonos) durante agosto de 2021 tenían un rendimiento promedio de 4.84% con vencimiento a 3 meses, 6.18% con vencimiento a 3 años, y 6.94% con vencimiento a 10 años. Sin embargo, para agosto del presente año, las tasas de interés para los distintos plazos fueron 11.34%, 9.64% y 8.99%, respectivamente.
En pocas palabras, la curva de rendimiento se ha invertido. Las tasas de interés de largo plazo son menores a las de corto plazo desde abril de 2022, y no solamente en México, también en otros países como Estados Unidos.
La popularidad de considerar este “fenómeno” para la toma de decisiones se debe a que posterior ver la pendiente de la curva de rendimientos se invierte le ha seguido una recesión económica desde hace 50 años. La razón es porque el mercado pronostica una actividad económica más débil y eventualmente una reducción en las tasas de interés, lo que implicaría que las tasas de interés bajarán en el futuro, ocasionando que las tasas de interés de mayor plazo bajen en el presente.
Con el contexto actual de tasas de interés altas para frenar la inflación, la curva de rendimientos invertida puede ser explicada. Sin embargo, es importante seguir la prolongación de esta situación y sus causas, ya que podría deteriorar las expectativas del mercado y de la actividad económica, ocasionando tomas de decisiones guiadas por el pesimismo.