Monterrey

Enrique Silva: No es correcto normalizar la mentira en la política

En lugar de discutir ideas y propuestas basadas en hechos, nos encontramos inmersos en un constante intercambio de acusaciones y desinformación.

La confianza es un bien preciado, fundamental para el funcionamiento efectivo de cualquier sistema democrático. Por esta razón, es alarmante ver cómo la mentira se ha infiltrado en la política, convirtiéndose en una herramienta común para algunos políticos.

Normalizar la mentira en el actuar político no solo es perjudicial para la integridad del sistema democrático, sino que, además, erosiona la esencia misma de la democracia. Los ciudadanos depositan su confianza en los líderes elegidos para que tomen decisiones en beneficio de la sociedad; cuando estos manipulan la verdad para promover agendas personales o partidistas, traicionan ese pacto fundamental. La política se vuelve entonces un juego de espejismos, donde es difícil distinguir entre la realidad y la ficción.

Además, normalizar la mentira en la política tiene efectos desastrosos en la calidad del debate público, pues se convierte en un obstáculo para el diálogo honesto y la búsqueda de soluciones reales a los problemas que enfrenta la sociedad. En lugar de discutir ideas y propuestas basadas en hechos, nos encontramos inmersos en un constante intercambio de acusaciones y desinformación.

Asimismo, la normalización de la mentira crea un ambiente tóxico de desconfianza y cinismo entre los ciudadanos. La percepción de que los líderes políticos no son sinceros afecta en la participación ciudadana y puede llevar a la apatía y la desconexión de la política. Desafortunadamente somos testigos en nuestro país, de que la mentira es cotidiana y a todos los niveles de gobierno.

La política tiene un propósito mayor: servir al bienestar de la sociedad. Normalizar la mentira la despoja de su verdadero significado y desvía la atención de los problemas reales que enfrentamos. En lugar de enfocarse en soluciones efectivas, los líderes se enredan en una red de falsedades que solo sirven para perpetuar sus intereses individuales.Final del formulario

Algunos de los efectos de las mentiras en la política son:

  • Disminución de la confianza en la política
  • Debilitamiento de la integridad del sistema democrático
  • Polarización de la sociedad
  • Incertidumbre en la toma de decisiones
  • Se perpetúa el ciclo de desinformación
  • Anomia y desinterés en la política

El uso de mentiras desde el gobierno y en las campañas electorales le ofrece a los políticos ganancias a corto plazo, pero los efectos resultan, por lo general, en decepciones, enojo y desesperanza de la ciudadanía.

La mentira es tan común para la clase política que resulta en una normalización inadmisible. Es imperativo retomar el valor de la integridad en la política ya que los costos económicos, sociales y psicológicos en la población son muy elevados. En última instancia, no debemos perder de vista que la integridad y la transparencia son pilares fundamentales de cualquier sistema democrático, económico o social saludable. Debemos exigir a nuestros líderes que se adhieran a estos principios y que rindan cuentas por sus acciones.

Normalizar la mentira no es una opción si queremos preservar la salud y la integridad de nuestra democracia. Es responsabilidad de todos nosotros insistir en un estándar más elevado y rechazar la mentira como herramienta política aceptable. Es urgente recuperar la seriedad en el servicio público, la veracidad, la integridad y la honestidad.

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El próximo proceso electoral del 2024 es una oportunidad para que las y los candidatos construyan sus mensajes en base a la integridad y la honestidad. Esperemos que esa oportunidad, no se desperdicie, otra vez.


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