La relación bilateral México-Estados Unidos se caracteriza por su profunda complejidad y asimetría. Múltiples son los temas estructurales, así como coyunturales que requieren atención conjunta, evidentemente esta interdependencia propicia una condición de mayor vulnerabilidad para el Estado mexicano frente a su vecino del norte.
Del amplio espectro de temas que ocupan la atención de ambos gobiernos, la migración ha sido por décadas un asunto recurrente en la agenda bilateral.
En algunas administraciones como las de Bill Clinton, Barak Obama y de manera particular con Donal Trump se intensificaron los discursos anti inmigrantes, los controles fronterizos, las deportaciones y un gran número de políticas restrictivas, en tanto que en otros momentos se impulsaron mecanismos de mayor diálogo y flexibilidad además de distintos esfuerzos, aunque pocas veces exitosos para impulsar negociaciones tendientes a lograr acuerdos migratorios y otras medidas a favor de los migrantes indocumentados entre las que destacan el programa Bracero implementado entre 1942 y 1964, la Ley de Reforma y Control de Inmigración (IRCA) de 1986 durante la administración de Ronald Reagan, la cual permitió la regularización masiva de indocumentados misma que benefició inicialmente a más de tres millones de personas, además de otros esfuerzos como el fallido intento de una reforma integral en las administración de Vicente Fox y su homólogo George W. Bush.
Con la llegada de Joe Biden a la presidencia de la Unión Americana en enero del 2021, nuevamente los reflectores se orientaron al tema migratorio, o al menos así se hizo evidente en los discursos, declaraciones y posicionamientos del entonces recién llegado a la Casa Blanca, incluso podemos recordar los encuentros, virtuales y personales de la vicepresidente Kamala Harris con el presidente López Obrador en los que sistemáticamente se ha puesto sobre la mesa el tema migratorio y la intención de ambos gobiernos de llevar a cabo esfuerzos conjuntos para enfrentar esta problemática atendiendo y combatiendo las causas fundamentales que la motivan resguardando la vida y los derechos humanos de los migrantes.
Al menos esto así se ha plasmado en las declaraciones y discursos, aunque la realidad dista mucho de ello.
El gobierno de Estados Unidos ha ofrecido distintos paquetes económicos de ayuda humanitaria para Centroamérica y de manera especial para los países del Triángulo del Norte integrado por Guatemala, Honduras y El Salvador, sin embargo, los montos de dicha ayuda han sido más simbólicos que decisivos para atender la gran crisis migratoria que se vive a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos.
A los flujos ya tradicionales de migrantes centroamericanos cada vez más se suman personas procedentes de Haití, Venezuela, Nicaragua, e incluso quienes proceden del continente africano y ven en México la puerta de entrada hacia el “sueño americano”.
Los trenes de carga que llegan al norte de México procedentes de la frontera sur se han convertido en el medio más socorrido de estos migrantes para su travesía, no obstante, la total irregularidad de esto ha propiciado un alarmante aumento en el número de migrantes muertos por accidentes.
Esta situación ha llevado a la empresa Ferromex a suspender un gran número de operaciones pues acusan al gobierno de la 4T de negligencia y omisión en la atención efectiva de los flujos de migrantes que ya es incontrolable tanto por las autoridades estatales y federales.
Hoy la crisis migratoria ya no es sólo un asunto de la agenda de política exterior de México con el vecino del norte, sino un asunto de seguridad interna toda vez que ésta amenaza con impactar gravemente la actividad económica por los retrasos en el flujo de mercancías en las distintas cadenas de suministros, siendo los estados del Norte los que más se verán afectados por esta situación.
La desbordada problemática migratoria que vive México no se resolverá con arengas como la pronunciada por Andres Manuel López en el pasado Grito de Independencia: “!Que vivan nuestros hermanos migrantes! Ya basta de discursos y demagogia. La realidad exige políticas de Estado en este y otros rubros de la agenda nacional.
La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.