Monterrey

Zidane Zeraoui: Frente a un nuevo mundo, México sigue en el pasado

Las formas de hacer política, hoy ya no se apegan a las normas del pasado.

Desde la pandemia del COVID-19 y más aún desde el conflicto de Ucrania, el mundo se ha acelerado con importantes cambios en la geopolítica global. Viejos actores que fueron centrales en el pasado están siendo relegados a posiciones secundarias, mientras que nuevos países están asumiendo liderazgos regionales y otros globales. Las formas de hacer política, hoy ya no se apegan a las normas del pasado: estamos en un nuevo mundo con nuevas reglas.

Esto no significa que todo es nuevo en la realidad actual. Todavía algunos esquemas del pasado mantienen vigencia, sin embargo, cada vez hay más nuevas reglas del juego. No es una nueva Guerra Fría con los parámetros del pasado. La estructura global actual no parte de la vieja lógica de la polarización basada en líneas ideológicas rígidas, sino en los conceptos de la fragmentación y el policentrismo, en el que nuevos hegemonismos se disputan el poder con agendas multinivel.

El crecimiento del BRICS como nuevo centro de poder refleja claramente este punto. Es una alianza de 5 de los más importantes países no occidentales, pero con intereses e ideas divergentes, no obstante con un interés común: no aceptar el dominio tradicional occidental basado sobre las normas establecidas en Bretton Woods y en la Conferencia de San Francisco durante la última conflagración global. En estos encuentros fue muy clara la definición de las nuevas reglas del juego: un país hegemónico (Estados Unidos), una moneda global (dólar norteamericano) y un alineamiento total a las decisiones del poder central como fue el Consenso de Washington que impuso sus reglas a los países “débiles”, pero no se aplicaba a las grandes potencias.

En la cuestión política, la resolución sobre el “derecho a la injerencia humanitaria” que se aprobó en diciembre de 1993, es otro principio intervencionista. Si bien este concepto se consolidó a finales del siglo pasado, ya desde el siglo XIX se había utilizado para justificar las intervenciones coloniales.

Ejemplos de esto han sido, bajo la bandera de las Naciones Unidas, las operaciones militares en Irak, Kosovo, Somalia, Afganistán y posteriormente en Siria, Libia, Yemen en otros conflictos, mismas que fueron calificadas de “intervenciones humanitarias”, no obstante han sido objeto de controversias entre occidente y el hoy llamado Sur Global.

La recién decisión del BRICS de ampliar su membresía a 11 países, en lugar de los 5 actuales, incluyendo naciones como Irán y Arabia Saudita o Etiopía y Egipto quienes tienen profundos diferendos, muestra una nueva visión de la política internacional encabezada en gran medida por China quien busca impulsar mecanismos que anteponen los intereses por encima de las divergencias, en una lógica más de carácter comercial y de cooperación que la vieja lógica de dominación.

Por su parte, el presidente norteamericano, Joe Biden continua con la ya tradicional posición belicista e intervencionista la cual además de sus visitas en Europa para crear un bloque pro-Ucrania y aumentar los apoyos militares a esta nación, se ha reunido con sus principales aliados en Campo David para discutir con Japón y Corea, estrategias para detener la influencia de China y Rusia al tiempo que afianza sus alianza militares con la ampliación de la OTAN, el relanzamiento del Quad y la creación del AUKUS todos con miras a frenar a China y Rusia.

Contrariamente, en Johannesburgo, los 5 miembros del BRICS, además de plantear su ampliación para el 2024 con Arabia Saudita, Egipto, Irán, Etiopía, Argentina y Emiratos Unidos Árabes, se enfocaron en discutir mecanismos de solución a los conflictos producto de la serie de golpes de Estado que han sacudido África recientemente en Burkina Faso, Guinea, Níger y Gabón. Mientras el conflicto y la vía militar parecen ser el motor de la dinámica occidental, el apaciguamiento y la negociación es la lógica de los BRICS.

Sin embargo, probablemente la resolución más transcendental de los BRICS es ir eliminando paulatinamente al dólar como divisa internacional dominante gracias a los acuerdos de compras con monedas como el yuan o el rublo, sin transitar por las divisas tradicionales. Esta decisión empuja a los países a comprar con su propia moneda y a pagar con la moneda del socio comercial. Un nuevo concepto revolucionario de hacer negocios a nivel global, lo que sin duda se perfila como un fuerte golpe a la hegemonía del dólar.

Mientras el mundo está cambiado a gran velocidad y modificando la estructura de poder global, México se está concentrando en su T-Mec, poniendo gran parte de su capacidad productiva en manos de empresas norteamericanos y confiando excesivamente en el nearshoring dando la espalda a nuevas oportunidades en otras regiones.

La desdibujada diplomacia mexicana que ha caracterizado a la 4T y la falta de una estrategia clara de posicionamiento en estas nuevas dinámicas mundiales seguramente le pasaran la factura a la administración actual y a su sucesora.

El autor es Doctor en Ciencia Política, especialista en política internacional y asuntos regionales. Profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

COLUMNAS ANTERIORES

Estima Realty Experts crecimiento de hasta 6% del mercado inmobiliario en 2026
Nace Realty Experts en México y deja atrás su marca previa Realty World

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.